domingo, 3 de abril de 2011



Creo que debo advertir al lector, que lo que aquí expongo está sujeto, de buen grado por mi parte, a muchas matizaciones y controversias. ¡Bienvenidas!

La brevedad del librito no se presta a grandes desarrollos doctrinales, ni mi intención es crear tesis, sino proporcionar el conocimiento de factores que considero importantes para la comprensión de muchos problemas matrimoniales.

Por otra parte deseo llegar con él a todos, desde el más letrado al más sencillo, con el fin de lograr para estas materias opinables, la mayor comprensión por parte de todos.

Enzarzarse en materias controvertibles y de orden menor para al final no llegar a nada, es despreciar el tiempo necesario para dialogar de asuntos reales del espíritu, que son los que dan calibre y fuste a la vida cristiana.

Decía San Pablo: pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. (1ª Corintios 8,8)... porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (Romanos 14,17).

Es, a mi juicio, una grave responsabilidad sujetar a los discípulos a disciplinas innecesarias, dejando de lado lo que es verdaderamente de sustancia y provecho. De otros textos, de sobra conocidísimos por los estudiosos de la Escritura, ni voy a comentar.

Algunos trataban de imponer reglas como la de no beber vino, carne, etc.; tuvimos largos, tediosos, y hasta tensos debates, hasta que, por mi parte di por zanjada la cuestión sin más discusiones, que de hecho entorpecieron nuestra, hasta entonces, buena relación. Y hago constar que no me gusta la bebida.

Se comprende que mi esfuerzo por lograr un ecumenismo, siquiera no agresivo ni excluyente, no ha tenido a lo largo de mi larga trayectoria mucho éxito. Hasta hoy solo he recogido desabrimiento, y muy poco espíritu de fraternidad. Y no digo más.

Todos dicen lo mismo. «Texto sin contexto, es pretexto... Sana interpretación... Todos tenemos la Biblia pero, ¿quién la interpreta?» y un largo etc. Como si el asunto de la salvación se basara en una interpretación más o menos estricta, de algún precepto, no malo en sí, pero innecesariamente impuesto.

Cada una de las congregaciones, iglesias, comunidades y fraternidades, tiene asentada en su doctrina y en sus cultos, una serie de reglas que ellos dicen ser mandamiento del Señor, pero que se oponen entre sí, hasta el punto de excomulgarse unas a otras, y de menoscabarse mutuamente ante el inconverso.

Recordemos de pasada a las comunidades cristianas estrictas en cosas como no querer poner ojales o botones en la ropa (son una ostentación de lujo para ellos) o no quieren teléfono, automóvil o luz eléctrica, etc. El que quiera vivir así está en su derecho, y es admirable su tesón y fidelidad a sus reglas, siempre que no trate de imponerlas, y como consecuencia lógica ante la reluctancia de otros, despreciarlos y condenarlos.

O los que se azotan en días señalados (flagelantes) y muchas más clases de extrema observancia que solo a ellos afectan. Decía San Pablo: Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. (Romanos 14,5). Cada cual que actúe según su convicción, que si es salvo o condenado, no lo será por lo que yo pueda decir de él a Dios, sino por lo que Dios halle en su conciencia

Rafael Marañón

MATRIMONIO, DIVORCIO, Y OTROS CONFLICTOS.


Aportaciones de un osado heterodoxo cristiano, sobre un asunto controvertido.


CONTRAPORTADA


El autor, Rafael Marañón, es un versado estudioso bíblico profundamente ecuménico. En sus escritos se detecta la dirección en la que marcha su trabajo integrador como mandó Jesús: Que todos sean uno. (Juan 17,11).


Una labor no excluyente ni agresiva, sino comprensiva con la naturaleza humana, que él conoce muy bien. Por ello, nunca está contra ninguna clase de expresión religiosa, en lo que de reconocimiento de Dios aporte. No obstante mantiene su postura en el seguimiento de Jesús, y en el amor que siente hacia todos los que en cualquier momento y lugar, invocan el nombre de Jesucristo como Señor de todo y de todos, como se dice en la carta del apóstol Pablo a los fieles de Corinto. (Capítulo 1º verso 2).


En sus numerosos estudios a lo largo de muchos años de militancia cristiana, se refleja la decepción por el estado del cristianismo dividido, a la vez que la denodada esperanza, que le hace esforzarse en su continuo bregar contra el relajado ambiente que prevalece en la sociedad moderna, en relación a la espiritualidad cristiana.


En este libro, trata de poner de manifiesto datos que, aun modestamente, orienten a los cristianos de cualquier confesión, en la comprensión de las relaciones conyugales, procurando aclarar las nociones de matrimonio, divorcio, fornicación, separación, poligamia, y otros conceptos, que son tratados por separado.


Al final incluye unas entrevistas realizadas en su día, relativas al mismo tema, y que reflejan algo de su personalidad cristiana. La obra simple y llana, puede satisfacer las expectativas de toda persona por muy escasa que sea su comprensión o conocimientos. Comentario a la contraportada


Así es la contraportada del libro, que se da a conocer en este blog. Puede que haya incomprensiones o discrepancias válidas, y todo lo que se relaciona con un escrito o libro que trata de cualquier asunto. Además de que fue escrito hace ya bastantes años y puede chocar con las costumbres y las situaciones actuales. Más aun de uno que trata de matrimonio con las facetas que tiene el negocio este de la pareja desde milenios, y las tan distintas sensibilidades que existen entre las personas, debidas a la educación y a su nivel moral y material.


Espero no disgustar demasiado a nadie y me remito a una sensibilidad arrastrada de una experiencia dilatada y a unos conceptos que no necesariamente han de coincidir con los actuales aunque sus vivencias sean tan permanentes como las del tigre o el mosquito. A vuestra comprensión me entrego, y a la dirección de Señor Jesucristo mentor y maestro en todo lo que hago. A Él la Gloria en todo.


El Autor


Rafael Marañón

CODICIAR.





La palabra codiciar, como tantas otras, se ha tergiversado de tal manera que hasta ha constituido la base de más de una teología, o más bien, de una moral que aun perdura entre los más avezados moralistas con ínfulas de teólogos.

Son bases morales que, con la coartada del celo por cumplir -aun superando, las ordenanzas del Señor- pone el énfasis en una represión que desborda la modestia, y la prudencia con la que el cristiano ha de contemplar la belleza y la riqueza. Esta palabra se entiende claramente solo con que se ponga algo de atención al contexto de la Escritura desde el principio.

Veamos: Para no alargar este tratadito, que no pretende otra cosa que aclarar brevemente, examinemos el último mandamiento que aparece en La Esritura: No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20:17).

¿Que aparece en este versículo? Simple y claramente que la casa, la mujer, el buey y el siervo, el asno, etc. son igualmente preservados, por el mandamiento, de la codicia de otro. No se puede confundir desear algo que excita o estimula, con codiciar, que es sencillamente querer y poseer, precisa y concretamente, los mencionadas bienes del prójimo. El deseo natural ante lo agradable puede, o no, degenerar en codicia de poseerlo, y ahí la diferencia no es de matiz, sino fundamental.

No se trata de impedir que nos guste la mujer, el asno, la casa, o cualquier cosa del prójimo que es cosa natural y lícita, sino de no hacer con el corazón, la intención, ni con los hechos más o menos enmascarados (a lo que llevan estos propósitos codiciosos y pecaminosos), lo necesario para despojar al prójimo de sus posesiones legítimas en «propio beneficio».

Sería una broma pesada y una demasía, caer en la antigua y desgraciada moral de no poder mirar honestamente a una mujer bella y hermosa, un hombre agradable, una hermosa casa, etc. porque eso es ir en contra de la naturaleza, y no es cumplir la ley de Dios.

Es poner pecado donde no lo hay. Una cosa es que nos guste una mujer hermosa (que es a lo que aludimos por causa del tema que tratamos) y otra muy distinta es codiciarla y tratar en intención, o en acto, de poseerla contra el derecho de su legítimo poseedor; Igualmente en el caso opuesto.

Además la modestia cristiana tiene una función entre otras muchas, y es la de amortiguar el impacto que sobre otros puede tener la exhibición impúdica de nuestros bienes (cualesquiera que sean). Que siempre esa contemplación sea pudorosa y de simple aceptación de la propiedad del prójimo. Recordemos muy brevemente la pasión de David por Betsabé, que no hubiera producido si el rey no permaneciera ocioso, y la mujer hubiese sido más recatada.

Miremos ahora el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que dice:
CODICIAR. Desear -con ansia- las riquezas u otras cosas.
DESEAR: Aspirar con vehemencia el conocimiento, posesión o disfrute de una cosa.
Anhelar o dejar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.
Sentir apetencia sexual hacia una persona.

Es clara la distinción del significado de una palabra y de la otra. Hay cosas o personas que nos gustan poderosamente, lo que es algo natural, pero una aspiración o deseo no es una decisión ansiosa como es la codicia.

Otra cosa distinta, aunque muy entroncada con esto, es guardar la modestia por parte de todos, y mantener puros nuestros deseos y aspiraciones.

Todos aspiramos a una entrada de dinero en nuestras economías, y cuanto más abundante mejor. Todos pensamos los bienes que podríamos proporcionarnos con ello a nosotros mismos, y a los demás. El quid de la cuestión, es gustarlo con prudencia y temor de Dios, o hacer y poner en juego, todas las artimañas posibles para lograr aquello que pertenece a otro.

Cosa diferente es la codicia que es compulsiva, egoísta, e injusta. Nos hace mentir, hacer trampas y malas tretas para obtener aquello que codiciamos, y nos hace esclavos de la obsesión que se apodera del que codicia.

El creyente desea (más o menos fervientemente) una mejora de su condición económica, una mejor casa, y una holgura económica que le evite aprietos, dependencias y carencias, todo ello legítimamente y sin ansias. Naturalmente le gustan las cosas que los demás poseen mejores que las suyas, y esta es una cierta tentación. Por ello debemos contemplar todo desde el punto de vista de Jesúse que nada codició sino hacer la voluntad de su Padre celestial

El codicioso juega a las loterías, casinos, y echa mano de toda clase de oscuros y peligrosos trucos, para conseguir lo que el otro simplemente le gustaría tener si pudiera, de forma pacífica y cristiana. La codicia quiere a todo trance un bien que, además reprocha a Dios que no se lo haya provisto.

Rafael Marañón

sábado, 2 de abril de 2011

ENTREVISTA SOBRE MATRIMONIO



A Rafael Marañón

Pregunta.- ¿Dadas las condiciones tan agitadas en temas de matrimonio, no le resulta un poco demencial la situación actual?
Respuesta.- Realmente sí. Aunque una mayoría entusiasta encuentra esta situación extraordinariamente positiva, yo no la contemplo así. Es cuestión de principios.

P.- ¿Usted tiene otras propuestas para el matrimonio?
R.- Claro que sí. Son propuestas para hacer más atractiva la vida de la mujer y la del hombre, que no es precisamente, en estas circunstancias sociales, un lecho de rosas. Y si además está entregado a sus más bajas pasiones, peor aun.

P.- ¿Que le diría usted a las gentes?
R.- Que hay un camino quizás no tan cómodo en apariencia, aunque sí tremendamente seguro y efectivo. El camino que nos marcó Jesús (quiero suponer, que la gente sabe quien es Jesús) No es camino ancho y brillante para la mayoría de las gentes, pero funciona. El sendero es angosto y la puerta estrecha, pero es la que lleva a la verdadera felicidad y sana vida.

P.- Pero hay infinidad de propuestas en cada lugar y tiempo.
R.- Efectivamente. No hay más que entrar en una librería medianamente surtida para comprobar la diversidad y las contradicciones del pensamiento humano. Yo no entro en eso. Solo me vale lo que funciona. ¡Tantas filosofías y teorías existen hoy día! ¡Qué de experimentos se hacen «en vivo» con las vidas de la gente!

P.- Pero hay muchos seguidores de las diversas o semejantes teorías sociales sobre el matrimonio.
R.- Solo se falsifica la moneda verdadera. Y cuanto más perfecta parece la falsificación, mejor puede realizarse el timo. Cualquier teoría, por grotesca que sea, tiene sus seguidores, si la adobas y adornas con algunas notas y ribetes de verdad. Y cuela. Está comprobado.

P.- ¿Es usted partidario de los matrimonios mixtos? Es decir, de distintas religiones o formas de pensar si ellos libremente quieren.
R.- Entre verdaderos cristianos obedientes a las prescripciones de la Biblia, este asunto no tiene ni que suscitarse; Dios por boca del apóstol Pablo dice: no os unáis en yugo desigual con el infiel. Porque no puede caminar el fiel por el mismo camino que el infiel. Tendría que someterse al criterio del que no tiene fe.

P.- ¿Porqué no? Eso es demasiado excluyente y estricto.
R.- Es para bien del creyente y no para mal. Porque el fiel, al entregarse, al querer cumplir meticulosa y escrupulosamente las ordenanzas de Dios para el matrimonio, lógicamente se entrega inerme y totalmente desprovisto de recursos y posibilidades en manos del otro, el cual es ser implacable y sin escrúpulos (tal como impone la filosofía mundana) La excepción confirma la regla.

P.- También el cristiano puede hacerlo y hay leyes que le amparan.

R.- ¿Que leyes? El cristiano tiene que someterse a unos serios preceptos morales, a unas pautas de conducta cristianas. Por lo tanto, desde el primer día, está a merced del otro. O se pasa al modo de pensar y de vivir del otro (que es la mundanalidad) dejando de lado su propio carácter distintivo, y deja de ser cristiano. Esas leyes podrían funcionar si el cristiano se somete a esas filosofías. Y el verdadero cristiano no lo hará.

P.- ¿Y si hay verdadero amor?

R.- Ningún amor puede competir con el de Dios y menos aun suplantarle. No se trata de sentimientos por muy nobles que sean. Se trata de que es lo que Dios dice y del amor que le tenemos para querer complacerle y estar con Él. En la obediencia es donde crece el verdadero amor entre esposos. Dios no pide algo que no sea en bien de sus hijos. Y los sentimientos se confunden y la mayoría de las veces dan frutos muy amargos.

P.- ¿Es posible una estabilidad en matrimonios no cristianos? Se dan muchos casos que conocemos.

R.- No sé que decirle. Lo que sí he comprobado a lo largo de mi vida y a causa de mi minúsculo ministerio, es la patética carga de rencores y de odios ocultos que existen en los matrimonios. Cuando alguno estalla, la gente se extraña. Yo no. Mi recomendación para los que quieren obrar así y también para los que no son creyentes es que no se casen.

P.- ¿No es eso generalizar demasiado?

R.- Es lo que he recogido por experiencia en multitud de familias. Entre dos consortes de distinta fe es imposible la estabilidad. Dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo. El matrimonio mixto es dañino y nefasto para el creyente. Está comprobadísimo.

P.- Pero algunas denominaciones lo aceptan sin problemas.

R.- Cada uno que haga lo que le diga su conciencia, aunque eso no es lo que la Biblia dice. Si algunos clérigos o líderes lo aceptan, es porque en lo que se refiere a la conducta ética de sus parroquianos, son igual de tolerantes, que es lo mismo que indiferentes. Pero claro, yo no soy quién para juzgar a nadie. A los hechos, sí.

P.- Da usted la impresión de que se encuentra prácticamente solo en esta opinión.

R.- No lo sé, pero creo que no. Lo que hay que hacer es claro y terminante. Otra cosa es la misericordia, el perdón y la comprensión de nuestras debilidades. Decir bueno a lo malo, no es el camino. Todos hemos sido jóvenes con la carga emocional, romántica e impulsiva que esa edad conlleva, pero el mandamiento es claro y terminante.

P.- O sea, te perdono pero está mal hecho.

R.- No así. Si así fuera habría que poner en libertad a todo el que está en la cárcel. Se le diría que no lo hiciera más y se le soltaría. Se comprende que no es así.

P.- ¿Es que no se hace hincapié en las iglesias sobre este asunto?

R.- Se dice; supongo que en muchas, aunque todos saben que al final se aceptarán los hechos consumados, en la esperanza (para mí temeraria) de que tal vez el incrédulo se convierta. Hay muchos jóvenes de los dos sexos que, llevados de su amor por el otro, se arriesgan con la ilusión de llevar al no creyente a la fe. Y lo hacen convencidos o cegados por la pasión. Que no siempre es amor.

P.- ¿Que sería conveniente para hacer que los jóvenes comprendieran?

R.- Sería conveniente que los jóvenes, y también los mayores, ejercitaran la sencilla humildad de someterse a los consejos y mandamientos de Dios que son para su bien. Lo que no cabe es confesarse seguidor de Cristo y hacer lo que su mente y su corazón ven conveniente, aun en contra su palabra.

P.- Es usted muy riguroso.


R.- Ya me conoce que soy de lo más comprensivo y trato de ponerme en la situación de cualquiera. Y esta actitud me ha procurado muchos problemas de parte de los superpuros y teologuillos. En todo caso no soy juez, sino que expongo lo que dice la Escritura. Después cada uno se juzgará por su propia conciencia. Y tengo que añadir que les deseo a todos los que de esta forma proceden, las mayores bendiciones.

P.- Pues si les desea las bendiciones las podrán tener.

R.- Mi deseo es por amor a los equivocados. No sé, como Dios puede bendecir una unión que ha sido hecha contra su voluntad, tan claramente expresada. Pero claro, para Dios no hay nada imposible. Él sabe.

P.- Los padres tienen que pechar con esas situaciones tan comunes en la moderna cultura.

R.- ¿Y que quiere que hagan? No están conformes, y se oponen hasta donde alcanza su autoridad. Y cada persona adulta es libre; sería deseable que responsable. Quizás la responsabilidad de los padres, consista en no haber puesto suficiente énfasis en su vida cristiana.

P.- Esas exigencias cristianas son muy restrictivas y casi crueles.

R.- Llamar cruel a la disposición de guardar la lealtad de un hombre a una mujer y viceversa no es acertado. Lo contrario sí merece ese calificativo Pero allá cada cual.
Yo veo en los programas de radio y sobre todo de televisión, que si dos esposos son fieles cuando llevan cuarenta años juntos, es aplaudido. Les parecerá bueno a todos. ¡Digo yo!

domingo, 27 de marzo de 2011

RELIGIÓN Y DEMOCRACIA



¿Su religión es la Democracia? ¿No se habla de los “iluminati”, de los poderes ocultos, del capital, del imperialismo, etc.? ¡Claro que se puede escribir de todo, si es contra la religión! Escriba usted sobre un político notorio, diga de él las mismas cosas y se le cae el chaleco. Eso no es ser equitativo.

La religión cristiana no comporta la conversión automática a Dios, pero ayuda a formar gente en la honradez, en el trabajo, y respeto a los demás. Ya es un logro, que no se ve en otros pensamientos. Y el que sea llamado, puede elegir ya instruido.

¿Sabe quien ha hecho que la esclavitud acabe? ¡El cristianismo! ¡Oh Cielos… pues es verdad! En cuanto a lo que dice de la religión, y que no hay democracia dentro de ella, a mí me interesa más mi relación personal con Dios que otra cosa. Cada cual con sus cosas, y respeto para las acciones de otros, y más aún si son positivas y benéficas.

Enseñar a los jóvenes a lo que agrada a todo el mundo como la cortesía y los comportamientos, es una labor maravillosa comparada con la cual las otras formas de enseñanza se muestran como repugnantes a todo hombre de bien. Y eso, simplemente, es lo que hacen los colegios cristianos.

A nadie gusta la calidad de lo que hacen hoy un porcentaje enorme de chicos, malamente enseñados y aconsejados; a veces obligados. Prefiero que un chico o chica esté en una misa, culto evangélico, acto cultural de verdad, etc. que en un lugar donde se cometen los más nefandos actos, que traen enfermedades y conflictos para los incautos chicos adoctrinados para el vicio y la molicie.

La religión (creo por su escrito que se refiere a la católica), tiene una herencia de dos mil años, y eso es lo que hay. El que quiere va, y el que no se queda fuera. Pero tienen derecho a que se les deje hacer su obra según tienen como orden inmutable, porque no perjudican sino auspician toda clase de buenas obras.

Los cristianos de otras confesiones, hacen una labor de convivencia y caridad, tal como corresponde al legado espiritual que les fue entregado. Los dimes y diretes entre ellos, son cosa suya. No ofenden a nadie, si consideran que así es como hay que hacer las cosas. Mientras no lo hagan agresivo para nadie ¿por qué no van a tener la libertad de hacer las cosas como les plazca como hace todo el mundo? Vea que le hablo como desde fuera.

Lo que nos imponen los políticos es OBLIGATORIO, cosa que no pasa en la religión cristiana, de cualquier denominación ortodoxa, protestante, católica, etc. Y mantener misiones caritativas, leproserías, hospitales etc. no se hace sin medios.

Usted acude a una iglesia cualquiera, y mientras no haga algo indebido le acogen como uno más, y puede recabar los servicios del clérigo a la hora que quiera, sin costo alguno y sin rezongarle, siempre que sea para algo que no sea una estupidez.

¿Sabe quien le da de comer a los necesitados, en sus comedores servidos por voluntarios cristianos? ¿Sabe que hasta ahora también han suministrado medicinas, ropas, y hasta colchones, etc.? Entérese, verá como se convence. Los católicos con Caritas en toda España, y los evangélicos, en Misión Urbana y mil lugares más. Y por todo el mundo.

Y qué a mí, si hay clerigos venales o pederastas (suenan tanto sus desvíos, porque se exige que sean ejemplares), y pastores más o menos incapaces o viciosos; por algo será que se les exige que sean modelos de conducta.

Creo que sus enfoques no están bien dirigidos ni planteados

TESTIMONIO DE BRENDA





Testimonio de una mujer de la secta Amihs, para mí conmovedor; quiero compartirlo con los demás amigos.



A veces me preguntan por qué uso el velo. Permítanme explicarles la razón.

Lo que uso en mi cabeza es conocido como un «velo».


Tal vez a ustedes les extrañe saber que el velo no trae su origen de los que hoy lo usan. Durante siglos, las mujeres se cubrían la cabeza como símbolo de sumisión, pero esta costumbre se ha ido perdiendo a través de los años.


Más recientemente, muchas mujeres lo han usado solo cuando asisten a un culto. Hoy en día son pocas las iglesias que todavía lo usan.
Aunque las costumbres populares han cambiado, el significado bíblico queda, y las bendiciones de usar el velo son muchas. La base bíblica de esta costumbre, se encuentra en 1ª Corintios 11; 1-16. El velo que usa la mujer cristiana, es un símbolo del orden de autoridad que Dios estableció en la sociedad. Permítanme explicar.

EL ORDEN DE LA AUTORIDAD DE DIOS.


Dios creó al hombre y la mujer con igual valor; sin embargo existen marcadas diferencias entre los dos. (Gálatas 3:26-28). Debido a estas diferencias, y como resultado de la caída de los hombres en pecado, Dios estableció un orden de autoridad. Cuando se respeta este orden, la vida es menos complicada y las diferencias entre los sexos se complementan.


Este bello orden de autoridad se ve en 1ª Corintios 11:3: «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo». En este bello pasaje, «cabeza» puede traducirse también por «autoridad». Cristo es la cabeza, o la autoridad sobre el hombre. Pero aunque Cristo ocupa esta alta posición y es también parte de la divina Deidad, Él se somete a la autoridad de Dios Padre. (Juan 8: 16, 14,28; y también Marcos 13:31-33).


De la misma manera, el hombre y la mujer ocupan posiciones de igual importancia, pero Dios estableció que la mujer se someta a la autoridad del hombre. Las casadas se sujetan a la autoridad de sus maridos. Las solteras se sujetan a la autoridad de sus padres, o sus líderes espirituales.


¿POR QUÉ DEBE SOMETERSE LA MUJER?


Usted puede preguntarse por qué la mujer debe someterse y por qué el hombre debe tomar el liderazgo. La respuesta se basa en dos razones. Primero, la mujer fue creada con el propósito de ser la ayuda idónea del hombre (Génesis 2: 20-23). Ella fue tomada del costado del hombre para ser su compañera, amorosamente envuelta en su protección y liderazgo. La mujer fue creada para ser, la «gloria del varón»; fue tomada «del varón» y «por causa del varón» (1ª Corintios 11:7; 9).


Segundo, cuando Eva cedió a la tentación y luego sedujo a Adán a hacer lo mismo, Dios pronunció una maldición sobre la serpiente, sobre la mujer y sobre el hombre. Sobre los tres. Cada uno tenía que llevar las consecuencias de su pecado (Génesis3:14; 19).


El resultado fue que el hombre tiene que trabajar esforzadamente con la naturaleza que está sujeta a la degeneración, las plagas y la muerte, para proveer por sí mismo y por su familia. Como resultado de ese primer pecado, la mujer tiene que experimentar el dolor agudo de los partos, y sujetarse a su marido. (Génesis3: 16; 1ª Timoteo 2:9-15; Efesios 5:23; 24).


El plan de Dios no hace dictadores ni esclavas.


Los pasajes bíblicos que tratan de este orden de autoridad no dan lugar a que los esposos o padres sean tiranos, ni que gobiernen sobre su esposa o hijas sin respeto. Al comparar estos pasajes con otros (Efesios 5: 21, 25, 28; y 1 Pedro 3:7), entendemos que la intención de Dios es que el hombre provea un liderazgo tierno, amoroso, y sin opresión.


Se ha dicho que la autoridad no es el derecho de enseñorearse sobre alguien o algo, sino la de hacerse responsable de esa persona. Cuando el hombre se hace responsable, la mujer encuentra seguridad, y la oportunidad de desarrollar su máximo potencial.


Lamentablemente hoy en día muchos están disconformes con este orden de autoridad y lo desprecian. Los hombres se han despreocupado por su autoridad o han abusado de ella. Las mujeres dicen que se sienten menospreciadas y privadas de la vida.


Las mujeres «liberadas» han cambiado su posición de honor, dada por Dios, por lo que llaman la «igualdad independiente». Para lograr estas nuevas libertades, han sacrificado su lugar de protección bajo la autoridad del hombre. Los versículos 11 y 12 de 1ª Corintios 11, advierten en contra de esta actitud independiente.


El plan de Dios es que el hombre y la mujer sean interdependientes. El marido que pone el liderazgo y provee por su esposa, y la esposa que se somete y apoya a su marido, son los elementos esenciales para edificar familias fuertes y felices. Las familias fuertes, a su vez, producen iglesias fuertes y afectuosas, y una sociedad sana y solidaria.


Por el contrario, cuando los maridos descuidan su deber de poner el liderazgo, y las mujeres rechazan esa autoridad, la familia se deteriora, y como resultado la sociedad experimenta los males sociales. Los hombres y las mujeres se dan cuenta de que la misma libertad que buscaban los esclaviza, y sus hijos sufren las consecuencias.


Fin 28/11/98
«Testimonio de Brenda» ha sido recogido del boletín de la Revista la Antorcha de la Verdad, de Costa Rica. Con este tema se ha construido el presente trabajo contando con el correspondiente permiso de esta publicación.

Rafael Marañón.
GRANADA
Lunes 11 de Enero de 1999.

martes, 22 de marzo de 2011

DIOS Y JAPÓN









Verás querido Enrique: te digo de salida que no tienes razón… y la tienes. Verás porqué digo esta boutade. Efectivamente, una falla tectónica ha producido el maremoto y los terremotos en Japón, con los resultados publicados por todos los medios. No creo que Dios quiera castigar especialmente a los japoneses por ser de religión sintoísta, y no ser cristianos. ¡Si se pusiera a castigar, a ver quién aguantaba!

Eso ha sucedido como un fenómeno natural, como lo es el volcán o el rayo que fulmina a cualquiera. Realmente, no sabemos que hay detrás de cada fenómeno y como influye en las persona y en su relación con Dios. Si reconocemos -tan rudimentariamente como queramos- al autor del Universo como controlador de todo el orden de las galaxias y estrellas, hemos de inferir necesariamente que controla este planeta tan insignificante.
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Los hombres -tan presumidillos nosotros- creemos que nuestras personales cositas son muy importantes. Solo lo son para nosotros, porque cuando muramos la vida continúa, y al paso de una generación todo se borra y queda solo lo que los historiadores quieran decir. Por tanto, nuestras obras y nuestros asuntos no son importantes, ni siquiera cuando manejamos el poder humano contra otros. La historia lo minimiza hasta casi ser conocimiento de muy pocos en cada generación. Mueren mil soldados, y solo su familia sabe de ellos. En pocos días ya estarán olvidados… y el mundo seguirá girando.
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Vaya a la calle, y pregunte por los nombres más importantes de la historia ¿quién le dará cuenta de ellos? Ni siquiera los universitarios –para vergüenza de ellos- sabrán algo más que asociar los nombres a epopeyas o casos que no son los que verdaderamente les han dado notoriedad.
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Yo me imagino- al hilo de mi reflexión- a un habitante de Japón antes del maremoto, de Pompeya antes de la erupción del volcán Vesubio, o al que iba distraído en su auto y murió en un “tonto” accidente. Un momento antes, estaba pensando en el dinero que debía o el que le debían, en su viña o su barquito de pesca, o que llegaba una hora tarde a su reunión, por no haber salido a la carretera con tiempo suficiente para llegar a su hora. Una auténtica paradoja.
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No somos dueños del minuto siguiente de nuestra vida, y pretendemos meter a Dios en un bolsillo. Aborrezco la palabra “definir” aplicada a las cosas de Dios, y que los teólogos manejan con una temeridad a veces rayana en la locura. ¿Pero sabes tú, hombre, lo que es Dios y lo que significa en nuestra miserable y corta vida en el ámbito universal?
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¿Como concibes semejante poder y grandeza? Si algo valemos es porque seamos de Dios; lo demás es el fin de ser humano en una sepultura hedionda. No es muy inteligente -y sí agravia a Dios- juzgarlo y condenarlo sin más, y menos aun con la petulancia con que se hace por hombres ignorantes, presuntuosos, y débiles.
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Rafael Marañón
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AMDG.
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Un toquecillo bíblico
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¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.
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Entonces respondió Job a Yahvé, y dijo: He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar.
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Respondió Yahvé a Job desde el torbellino, y dijo: Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? (Job 39, 40)