martes, 5 de abril de 2011

BAUTIZOS Una respuesta respetuosa.


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Bueno; eso es resultado de la mala interpretación de lo que significa el bautismo. Yo prefiero que los niños se bauticen cuando sean mayores y puedan tener criterio sobre el asunto. Pero si en el bautismo católico –que no en el evangélico y no sé en el protestante- quieren recibir a los niños a la comunión católica, pienso que es algo perfectamente correcto. ¡Son católicos!
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No se trata de apuntarse a una institución para toda la vida. La confirmación de este bautismo, cuando el chico esté listo y quiera hacerlo por sí mismo, no merece la menor objeción que ponerle. Además, para este acto de recepción de un niño, apadrinado para formar parte de esta confesión, hay muchos argumentos de tipo espiritual que los espirituales comprenden perfectamente, pero los carnales y mundanos no pueden percibir, así como a un eunuco, no se le pueden explicar muchas cosas sobre el amor y todo eso.
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Normalmente los hijos son criados en las costumbres de los padres, y naturalmente si es duque el padre, el hijo será duque y vivirá como duque o segundón, y si es menestral o es obrero, hereda las mismas posibilidades, que sus padres trabajando con sus manos. Claro que el duque hereda mucho, porque es hijo de su padre, y si es rey el hijo será normalmente rey. En tiempos de la iglesia primitiva se bautizaba a toda la casa. Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. (Hechos 16:31).
Querer que los padres no quieran bautizar a sus hijos en su fe, es lo mismo que decir que un rey debe de criar a su hijo como si no fuera a ser rey. Otra cosa distinta, es que el hijo se niegue a serlo. Esos son otras propuestas o alternativas. ¡Cada cual que actúe según su conciencia y más o menos libertad!
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Por lo tanto, si los padres quieren bautizar a su hijo, que lo hagan, y nadie tiene derecho a impedirlo. Es su fe y su religión, y así debe ser. Los casos en los que, bautizados, adoptan la fe protestante o budista, etc. es la demostración de que la libertad funciona. Si alguno quiere adoptar un niño chino, lo educará como es su costumbre y la de la sociedad en que vive.
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Hay muchos casos de gente que ha sido bautizada en la fe distinta a la católica -sea de niños o de adultos- y después se ha pasado a la católica. Si porque se bautice a un niño en la fe de sus padres, ¿porqué se escandalizan, si el socialista o el comunista instruye a su hijo en estas ideologías? Por qué en unos casos sí, y en otros no.
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Criar a los hijos en el concepto de solidaridad, fe, conciencia, ayuda, unión, y tantas virtudes que acompañan al altruismo y a las ordenanzas de Jesucristo, es algo que no merece esa crítica tan mordaz.
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No son argumentos, ni de lejos; la irrupción del mentecato político en el bautizo, es desmesurada y estúpida en sumo grado. Los padres sabrán lo que deben hacer con sus hijos, porque ellos no se meten con lo que otro hace con sus hijos, aunque lo lamenten vivamente.
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Así vemos a estos jóvenes, que atropellan lo que sea por divertirse y hacer su voluntad. Para ello, comunistas de una vez.
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Rafael Marañón 7 de Marzo de 2011-02-15
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AMDG






















lunes, 4 de abril de 2011

CADA CUAL, MIRE COMO HACE



El dicho de Jesús, de que renunciemos a todo para seguirle a Él, no implica que desamparemos a nadie de los nuestros, porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. (1ª Timoteo 5:8) Se trata de que  prescindamos de toda persona o cosa, que estorbe nuestra vocación y llamamiento. Ya tiene la vida suficientes contrariedades como para expiar nuestros pecados, a base de suplicios que no sirven de nada.

Solo el mérito de Cristo Jesús, avala nuestra salvación y premio eterno. Nosotros haremos bien, siguiendo sus instrucciones como la que sigue: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13:16).

Según mi experiencia, solo practicando el bien continuamente, y recogiendo alguna que otra ingratitud, rechazo, junto con algún compañerismo, etc., basta sin necesidad de hacer expiaciones por nuestra cuenta. No tratemos de desvirtuar el sacrificio de Cristo con «añadidos» innecesarios.

Esta obrita, pretende situar el tema de los matrimonios en un contexto de comprensión mutua, que no excluye discrepancias, pero que no quiere ser agresivo con los que no compartan las ideas que aporto en él. Comprensión y receptividad, de lo bueno de los demás.

Es un aporte de ideas, para reflexión e información, que inviten a cada lector a pensar y buscar intercambio de estas reflexiones, o para mejor asentamiento de la correcta doctrina. Quiero aclarar y no confundir. Titánico esfuerzo, y osada pretensión. Y preparar el cuerpo para los palos a recibir, de “tirios y troyanos”. No habrá nada de misericordia. Juicio riguroso  ciego.

No es bueno que se establezcan conceptos rígidos que, por ser controvertidos y, para más gravedad, de importancia vital en la vida de todos, hombres, mujeres y niños, son de muy delicado tratamiento.

La gran multitud de reglas y costumbres que rigen la vida de las iglesias cristianas, se establecen como un corsé mental. Hay personas que por su escasa instrucción, por flojera mental, o falta de interés por las cosas espirituales, necesitan ir a remolque de alguna organización que les lleve, sin necesidad de pensar por sí mismas. Y verdaderamente hay muchos que necesitan de estas muletas espirituales.

Este modo de andar en “religión” de tantos, se tiene que apoyar en costumbres y doctrinas que el cristiano inmaduro, tiene por dogmas y mandamientos del Señor, cuando no son más que una forma aleatoria y circunstancial de procedimiento. No necesariamente mala, y tal vez muy buena, pero no determinante; creo que ni exclusivamente, la única vertiente por donde hacer correr el torrente de la espiritualidad.

Solo que es rígida, y desde luego, excluyente. Y no olvidemos que la rígida costumbre, inmovilista y arriscada en asuntos de importancia accesoria, es la peor enemiga del verdadero progreso, tanto cultural como espiritual. La historia nos lo demuestra.

Rafael Marañón. 4 de Abril de 2011

domingo, 3 de abril de 2011




PROLEGÓMENOS IMPORTANTES

Creo que debo advertir al lector, que lo que aquí expongo está sujeto, de buen grado por mi parte, a muchas matizaciones y controversias. ¡Bienvenidas!

La brevedad del librito no se presta a grandes desarrollos doctrinales, ni mi intención es crear tesis, sino proporcionar el conocimiento de factores que considero importantes para la comprensión de muchos problemas matrimoniales.

Por otra parte deseo llegar con él a todos, desde el más letrado al más sencillo, con el fin de lograr para estas materias opinables, la mayor comprensión por parte de todos.

Enzarzarse en materias controvertibles y de orden menor para al final no llegar a nada, es despreciar el tiempo necesario para dialogar de asuntos reales del espíritu, que son los que dan calibre y fuste a la vida cristiana.

Decía San Pablo: pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. (1ª Corintios 8,8)... porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (Romanos 14,17).

Es, a mi juicio, una grave responsabilidad sujetar a los discípulos a disciplinas innecesarias, dejando de lado lo que es verdaderamente de sustancia y provecho. De otros textos, de sobra conocidísimos por los estudiosos de la Escritura, ni voy a comentar.

Algunos trataban de imponer reglas como la de no beber vino, carne, etc.; tuvimos largos, tediosos, y hasta tensos debates, hasta que, por mi parte di por zanjada la cuestión sin más discusiones, que de hecho entorpecieron nuestra, hasta entonces, buena relación. Y hago constar que no me gusta la bebida.

Se comprende que mi esfuerzo por lograr un ecumenismo, siquiera no agresivo ni excluyente, no ha tenido a lo largo de mi larga trayectoria mucho éxito. Hasta hoy solo he recogido desabrimiento, y muy poco espíritu de fraternidad. Y no digo más.

Todos dicen lo mismo. «Texto sin contexto, es pretexto... Sana interpretación... Todos tenemos la Biblia pero, ¿quién la interpreta?» y un largo etc. Como si el asunto de la salvación se basara en una interpretación más o menos estricta, de algún precepto, no malo en sí, pero innecesariamente impuesto.

Cada una de las congregaciones, iglesias, comunidades y fraternidades, tiene asentada en su doctrina y en sus cultos, una serie de reglas que ellos dicen ser mandamiento del Señor, pero que se oponen entre sí, hasta el punto de excomulgarse unas a otras, y de menoscabarse mutuamente ante el inconverso.

Recordemos de pasada a las comunidades cristianas estrictas en cosas como no querer poner ojales o botones en la ropa (son una ostentación de lujo para ellos) o no quieren teléfono, automóvil o luz eléctrica, etc.

El que quiera vivir así está en su derecho, y es admirable su tesón y fidelidad a sus reglas, siempre que no trate de imponerlas, y como consecuencia lógica ante la reluctancia de otros, despreciarlos y condenarlos.

O los que se azotan en días señalados (flagelantes) y muchas más clases de extrema observancia que solo a ellos afectan. Decía San Pablo: Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. (Romanos 14,5). Cada cual que actúe según su convicción, que si es salvo o condenado, no lo será por lo que yo pueda decir de él a Dios, sino por lo que Dios halle en su conciencia.


Creo que debo advertir al lector, que lo que aquí expongo está sujeto, de buen grado por mi parte, a muchas matizaciones y controversias. ¡Bienvenidas!

La brevedad del librito no se presta a grandes desarrollos doctrinales, ni mi intención es crear tesis, sino proporcionar el conocimiento de factores que considero importantes para la comprensión de muchos problemas matrimoniales.

Por otra parte deseo llegar con él a todos, desde el más letrado al más sencillo, con el fin de lograr para estas materias opinables, la mayor comprensión por parte de todos.

Enzarzarse en materias controvertibles y de orden menor para al final no llegar a nada, es despreciar el tiempo necesario para dialogar de asuntos reales del espíritu, que son los que dan calibre y fuste a la vida cristiana.

Decía San Pablo: pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. (1ª Corintios 8,8)... porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (Romanos 14,17).

Es, a mi juicio, una grave responsabilidad sujetar a los discípulos a disciplinas innecesarias, dejando de lado lo que es verdaderamente de sustancia y provecho. De otros textos, de sobra conocidísimos por los estudiosos de la Escritura, ni voy a comentar.

Algunos trataban de imponer reglas como la de no beber vino, carne, etc.; tuvimos largos, tediosos, y hasta tensos debates, hasta que, por mi parte di por zanjada la cuestión sin más discusiones, que de hecho entorpecieron nuestra, hasta entonces, buena relación. Y hago constar que no me gusta la bebida.

Se comprende que mi esfuerzo por lograr un ecumenismo, siquiera no agresivo ni excluyente, no ha tenido a lo largo de mi larga trayectoria mucho éxito. Hasta hoy solo he recogido desabrimiento, y muy poco espíritu de fraternidad. Y no digo más.

Todos dicen lo mismo. «Texto sin contexto, es pretexto... Sana interpretación... Todos tenemos la Biblia pero, ¿quién la interpreta?» y un largo etc. Como si el asunto de la salvación se basara en una interpretación más o menos estricta, de algún precepto, no malo en sí, pero innecesariamente impuesto.

Cada una de las congregaciones, iglesias, comunidades y fraternidades, tiene asentada en su doctrina y en sus cultos, una serie de reglas que ellos dicen ser mandamiento del Señor, pero que se oponen entre sí, hasta el punto de excomulgarse unas a otras, y de menoscabarse mutuamente ante el inconverso.

Recordemos de pasada a las comunidades cristianas estrictas en cosas como no querer poner ojales o botones en la ropa (son una ostentación de lujo para ellos) o no quieren teléfono, automóvil o luz eléctrica, etc. El que quiera vivir así está en su derecho, y es admirable su tesón y fidelidad a sus reglas, siempre que no trate de imponerlas, y como consecuencia lógica ante la reluctancia de otros, despreciarlos y condenarlos.

O los que se azotan en días señalados (flagelantes) y muchas más clases de extrema observancia que solo a ellos afectan. Decía San Pablo: Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. (Romanos 14,5). Cada cual que actúe según su convicción, que si es salvo o condenado, no lo será por lo que yo pueda decir de él a Dios, sino por lo que Dios halle en su conciencia

Rafael Marañón

MATRIMONIO, DIVORCIO, Y OTROS CONFLICTOS.


Aportaciones de un osado heterodoxo cristiano, sobre un asunto controvertido.


CONTRAPORTADA


El autor, Rafael Marañón, es un versado estudioso bíblico profundamente ecuménico. En sus escritos se detecta la dirección en la que marcha su trabajo integrador como mandó Jesús: Que todos sean uno. (Juan 17,11).


Una labor no excluyente ni agresiva, sino comprensiva con la naturaleza humana, que él conoce muy bien. Por ello, nunca está contra ninguna clase de expresión religiosa, en lo que de reconocimiento de Dios aporte. No obstante mantiene su postura en el seguimiento de Jesús, y en el amor que siente hacia todos los que en cualquier momento y lugar, invocan el nombre de Jesucristo como Señor de todo y de todos, como se dice en la carta del apóstol Pablo a los fieles de Corinto. (Capítulo 1º verso 2).


En sus numerosos estudios a lo largo de muchos años de militancia cristiana, se refleja la decepción por el estado del cristianismo dividido, a la vez que la denodada esperanza, que le hace esforzarse en su continuo bregar contra el relajado ambiente que prevalece en la sociedad moderna, en relación a la espiritualidad cristiana.


En este libro, trata de poner de manifiesto datos que, aun modestamente, orienten a los cristianos de cualquier confesión, en la comprensión de las relaciones conyugales, procurando aclarar las nociones de matrimonio, divorcio, fornicación, separación, poligamia, y otros conceptos, que son tratados por separado.


Al final incluye unas entrevistas realizadas en su día, relativas al mismo tema, y que reflejan algo de su personalidad cristiana. La obra simple y llana, puede satisfacer las expectativas de toda persona por muy escasa que sea su comprensión o conocimientos. Comentario a la contraportada


Así es la contraportada del libro, que se da a conocer en este blog. Puede que haya incomprensiones o discrepancias válidas, y todo lo que se relaciona con un escrito o libro que trata de cualquier asunto. Además de que fue escrito hace ya bastantes años y puede chocar con las costumbres y las situaciones actuales. Más aun de uno que trata de matrimonio con las facetas que tiene el negocio este de la pareja desde milenios, y las tan distintas sensibilidades que existen entre las personas, debidas a la educación y a su nivel moral y material.


Espero no disgustar demasiado a nadie y me remito a una sensibilidad arrastrada de una experiencia dilatada y a unos conceptos que no necesariamente han de coincidir con los actuales aunque sus vivencias sean tan permanentes como las del tigre o el mosquito. A vuestra comprensión me entrego, y a la dirección de Señor Jesucristo mentor y maestro en todo lo que hago. A Él la Gloria en todo.


El Autor


Rafael Marañón

CODICIAR.





La palabra codiciar, como tantas otras, se ha tergiversado de tal manera que hasta ha constituido la base de más de una teología, o más bien, de una moral que aun perdura entre los más avezados moralistas con ínfulas de teólogos.

Son bases morales que, con la coartada del celo por cumplir -aun superando, las ordenanzas del Señor- pone el énfasis en una represión que desborda la modestia, y la prudencia con la que el cristiano ha de contemplar la belleza y la riqueza. Esta palabra se entiende claramente solo con que se ponga algo de atención al contexto de la Escritura desde el principio.

Veamos: Para no alargar este tratadito, que no pretende otra cosa que aclarar brevemente, examinemos el último mandamiento que aparece en La Esritura: No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20:17).

¿Que aparece en este versículo? Simple y claramente que la casa, la mujer, el buey y el siervo, el asno, etc. son igualmente preservados, por el mandamiento, de la codicia de otro. No se puede confundir desear algo que excita o estimula, con codiciar, que es sencillamente querer y poseer, precisa y concretamente, los mencionadas bienes del prójimo. El deseo natural ante lo agradable puede, o no, degenerar en codicia de poseerlo, y ahí la diferencia no es de matiz, sino fundamental.

No se trata de impedir que nos guste la mujer, el asno, la casa, o cualquier cosa del prójimo que es cosa natural y lícita, sino de no hacer con el corazón, la intención, ni con los hechos más o menos enmascarados (a lo que llevan estos propósitos codiciosos y pecaminosos), lo necesario para despojar al prójimo de sus posesiones legítimas en «propio beneficio».

Sería una broma pesada y una demasía, caer en la antigua y desgraciada moral de no poder mirar honestamente a una mujer bella y hermosa, un hombre agradable, una hermosa casa, etc. porque eso es ir en contra de la naturaleza, y no es cumplir la ley de Dios.

Es poner pecado donde no lo hay. Una cosa es que nos guste una mujer hermosa (que es a lo que aludimos por causa del tema que tratamos) y otra muy distinta es codiciarla y tratar en intención, o en acto, de poseerla contra el derecho de su legítimo poseedor; Igualmente en el caso opuesto.

Además la modestia cristiana tiene una función entre otras muchas, y es la de amortiguar el impacto que sobre otros puede tener la exhibición impúdica de nuestros bienes (cualesquiera que sean). Que siempre esa contemplación sea pudorosa y de simple aceptación de la propiedad del prójimo. Recordemos muy brevemente la pasión de David por Betsabé, que no hubiera producido si el rey no permaneciera ocioso, y la mujer hubiese sido más recatada.

Miremos ahora el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que dice:
CODICIAR. Desear -con ansia- las riquezas u otras cosas.
DESEAR: Aspirar con vehemencia el conocimiento, posesión o disfrute de una cosa.
Anhelar o dejar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.
Sentir apetencia sexual hacia una persona.

Es clara la distinción del significado de una palabra y de la otra. Hay cosas o personas que nos gustan poderosamente, lo que es algo natural, pero una aspiración o deseo no es una decisión ansiosa como es la codicia.

Otra cosa distinta, aunque muy entroncada con esto, es guardar la modestia por parte de todos, y mantener puros nuestros deseos y aspiraciones.

Todos aspiramos a una entrada de dinero en nuestras economías, y cuanto más abundante mejor. Todos pensamos los bienes que podríamos proporcionarnos con ello a nosotros mismos, y a los demás. El quid de la cuestión, es gustarlo con prudencia y temor de Dios, o hacer y poner en juego, todas las artimañas posibles para lograr aquello que pertenece a otro.

Cosa diferente es la codicia que es compulsiva, egoísta, e injusta. Nos hace mentir, hacer trampas y malas tretas para obtener aquello que codiciamos, y nos hace esclavos de la obsesión que se apodera del que codicia.

El creyente desea (más o menos fervientemente) una mejora de su condición económica, una mejor casa, y una holgura económica que le evite aprietos, dependencias y carencias, todo ello legítimamente y sin ansias. Naturalmente le gustan las cosas que los demás poseen mejores que las suyas, y esta es una cierta tentación. Por ello debemos contemplar todo desde el punto de vista de Jesúse que nada codició sino hacer la voluntad de su Padre celestial

El codicioso juega a las loterías, casinos, y echa mano de toda clase de oscuros y peligrosos trucos, para conseguir lo que el otro simplemente le gustaría tener si pudiera, de forma pacífica y cristiana. La codicia quiere a todo trance un bien que, además reprocha a Dios que no se lo haya provisto.

Rafael Marañón

sábado, 2 de abril de 2011

ENTREVISTA SOBRE MATRIMONIO



A Rafael Marañón

Pregunta.- ¿Dadas las condiciones tan agitadas en temas de matrimonio, no le resulta un poco demencial la situación actual?
Respuesta.- Realmente sí. Aunque una mayoría entusiasta encuentra esta situación extraordinariamente positiva, yo no la contemplo así. Es cuestión de principios.

P.- ¿Usted tiene otras propuestas para el matrimonio?
R.- Claro que sí. Son propuestas para hacer más atractiva la vida de la mujer y la del hombre, que no es precisamente, en estas circunstancias sociales, un lecho de rosas. Y si además está entregado a sus más bajas pasiones, peor aun.

P.- ¿Que le diría usted a las gentes?
R.- Que hay un camino quizás no tan cómodo en apariencia, aunque sí tremendamente seguro y efectivo. El camino que nos marcó Jesús (quiero suponer, que la gente sabe quien es Jesús) No es camino ancho y brillante para la mayoría de las gentes, pero funciona. El sendero es angosto y la puerta estrecha, pero es la que lleva a la verdadera felicidad y sana vida.

P.- Pero hay infinidad de propuestas en cada lugar y tiempo.
R.- Efectivamente. No hay más que entrar en una librería medianamente surtida para comprobar la diversidad y las contradicciones del pensamiento humano. Yo no entro en eso. Solo me vale lo que funciona. ¡Tantas filosofías y teorías existen hoy día! ¡Qué de experimentos se hacen «en vivo» con las vidas de la gente!

P.- Pero hay muchos seguidores de las diversas o semejantes teorías sociales sobre el matrimonio.
R.- Solo se falsifica la moneda verdadera. Y cuanto más perfecta parece la falsificación, mejor puede realizarse el timo. Cualquier teoría, por grotesca que sea, tiene sus seguidores, si la adobas y adornas con algunas notas y ribetes de verdad. Y cuela. Está comprobado.

P.- ¿Es usted partidario de los matrimonios mixtos? Es decir, de distintas religiones o formas de pensar si ellos libremente quieren.
R.- Entre verdaderos cristianos obedientes a las prescripciones de la Biblia, este asunto no tiene ni que suscitarse; Dios por boca del apóstol Pablo dice: no os unáis en yugo desigual con el infiel. Porque no puede caminar el fiel por el mismo camino que el infiel. Tendría que someterse al criterio del que no tiene fe.

P.- ¿Porqué no? Eso es demasiado excluyente y estricto.
R.- Es para bien del creyente y no para mal. Porque el fiel, al entregarse, al querer cumplir meticulosa y escrupulosamente las ordenanzas de Dios para el matrimonio, lógicamente se entrega inerme y totalmente desprovisto de recursos y posibilidades en manos del otro, el cual es ser implacable y sin escrúpulos (tal como impone la filosofía mundana) La excepción confirma la regla.

P.- También el cristiano puede hacerlo y hay leyes que le amparan.

R.- ¿Que leyes? El cristiano tiene que someterse a unos serios preceptos morales, a unas pautas de conducta cristianas. Por lo tanto, desde el primer día, está a merced del otro. O se pasa al modo de pensar y de vivir del otro (que es la mundanalidad) dejando de lado su propio carácter distintivo, y deja de ser cristiano. Esas leyes podrían funcionar si el cristiano se somete a esas filosofías. Y el verdadero cristiano no lo hará.

P.- ¿Y si hay verdadero amor?

R.- Ningún amor puede competir con el de Dios y menos aun suplantarle. No se trata de sentimientos por muy nobles que sean. Se trata de que es lo que Dios dice y del amor que le tenemos para querer complacerle y estar con Él. En la obediencia es donde crece el verdadero amor entre esposos. Dios no pide algo que no sea en bien de sus hijos. Y los sentimientos se confunden y la mayoría de las veces dan frutos muy amargos.

P.- ¿Es posible una estabilidad en matrimonios no cristianos? Se dan muchos casos que conocemos.

R.- No sé que decirle. Lo que sí he comprobado a lo largo de mi vida y a causa de mi minúsculo ministerio, es la patética carga de rencores y de odios ocultos que existen en los matrimonios. Cuando alguno estalla, la gente se extraña. Yo no. Mi recomendación para los que quieren obrar así y también para los que no son creyentes es que no se casen.

P.- ¿No es eso generalizar demasiado?

R.- Es lo que he recogido por experiencia en multitud de familias. Entre dos consortes de distinta fe es imposible la estabilidad. Dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo. El matrimonio mixto es dañino y nefasto para el creyente. Está comprobadísimo.

P.- Pero algunas denominaciones lo aceptan sin problemas.

R.- Cada uno que haga lo que le diga su conciencia, aunque eso no es lo que la Biblia dice. Si algunos clérigos o líderes lo aceptan, es porque en lo que se refiere a la conducta ética de sus parroquianos, son igual de tolerantes, que es lo mismo que indiferentes. Pero claro, yo no soy quién para juzgar a nadie. A los hechos, sí.

P.- Da usted la impresión de que se encuentra prácticamente solo en esta opinión.

R.- No lo sé, pero creo que no. Lo que hay que hacer es claro y terminante. Otra cosa es la misericordia, el perdón y la comprensión de nuestras debilidades. Decir bueno a lo malo, no es el camino. Todos hemos sido jóvenes con la carga emocional, romántica e impulsiva que esa edad conlleva, pero el mandamiento es claro y terminante.

P.- O sea, te perdono pero está mal hecho.

R.- No así. Si así fuera habría que poner en libertad a todo el que está en la cárcel. Se le diría que no lo hiciera más y se le soltaría. Se comprende que no es así.

P.- ¿Es que no se hace hincapié en las iglesias sobre este asunto?

R.- Se dice; supongo que en muchas, aunque todos saben que al final se aceptarán los hechos consumados, en la esperanza (para mí temeraria) de que tal vez el incrédulo se convierta. Hay muchos jóvenes de los dos sexos que, llevados de su amor por el otro, se arriesgan con la ilusión de llevar al no creyente a la fe. Y lo hacen convencidos o cegados por la pasión. Que no siempre es amor.

P.- ¿Que sería conveniente para hacer que los jóvenes comprendieran?

R.- Sería conveniente que los jóvenes, y también los mayores, ejercitaran la sencilla humildad de someterse a los consejos y mandamientos de Dios que son para su bien. Lo que no cabe es confesarse seguidor de Cristo y hacer lo que su mente y su corazón ven conveniente, aun en contra su palabra.

P.- Es usted muy riguroso.


R.- Ya me conoce que soy de lo más comprensivo y trato de ponerme en la situación de cualquiera. Y esta actitud me ha procurado muchos problemas de parte de los superpuros y teologuillos. En todo caso no soy juez, sino que expongo lo que dice la Escritura. Después cada uno se juzgará por su propia conciencia. Y tengo que añadir que les deseo a todos los que de esta forma proceden, las mayores bendiciones.

P.- Pues si les desea las bendiciones las podrán tener.

R.- Mi deseo es por amor a los equivocados. No sé, como Dios puede bendecir una unión que ha sido hecha contra su voluntad, tan claramente expresada. Pero claro, para Dios no hay nada imposible. Él sabe.

P.- Los padres tienen que pechar con esas situaciones tan comunes en la moderna cultura.

R.- ¿Y que quiere que hagan? No están conformes, y se oponen hasta donde alcanza su autoridad. Y cada persona adulta es libre; sería deseable que responsable. Quizás la responsabilidad de los padres, consista en no haber puesto suficiente énfasis en su vida cristiana.

P.- Esas exigencias cristianas son muy restrictivas y casi crueles.

R.- Llamar cruel a la disposición de guardar la lealtad de un hombre a una mujer y viceversa no es acertado. Lo contrario sí merece ese calificativo Pero allá cada cual.
Yo veo en los programas de radio y sobre todo de televisión, que si dos esposos son fieles cuando llevan cuarenta años juntos, es aplaudido. Les parecerá bueno a todos. ¡Digo yo!