lunes, 2 de mayo de 2011

MISIÓN PROFÉTICA

 

Mi querido amigo: lo es, porque considero amigo a todo el que dignifica, con su palabra y su conducta, el nombre de Nuestro común Señor Jesucristo. Quiero que sepa por darle un consejo al que lo merece; que usted no pueda extirpar la maldad y la idiotez de este mundo nuestro. Dios nos creó así y el pecado nos transformó también así. Como todo está bajo el control de Dios nosotros solo podemos hacer lo que se nos ha mandado, que no es nada de otro planeta; simplemente lo que dijo Jesús: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Marcos 16:15)

Está claro que la misión de la Iglesia Universal, es la de proclamar el Evangelio. Se puede hacer con la palabra y las acciones que vayan dirigidas por el Espíritu Santo de Dios, ahí existe como un abanico de colores de acciones varias, que ya, el mismo paso de Jesús por estos pagos  proclamó a todos. Misericordia, perdón, alegría de vivir, y tantas cosas como distinguen al discípulo entre las que destaca por su gran  importancia la humildad, que es la señal pura y clara de que lo que hacemos, es por obediencia y no por afán de éxito que poder exhibir para adquirir relevancia.

Habrá veces en que te alegrarás de que algún alma se convierta, pero ten presente que somos solo instrumentos y que la acción es del Espíritu, que es el que verdaderamente convence y arrebata a los que elige. Nosotros solo somos vehículos o instrumentos, de los que Cristo se vale para anunciar su nombre bendito a todo ser que pueda escuchar y creer. Ni victoria ni derrota nuestra. Lo nuestro es trabajar.

Yo leo mucho, como que es mi vicio, y no mi virtud, y veo tales distorsiones de la doctrina evangélica, que me extraña que no pueda sufrir mi estabilidad cristiana. Ni quiero figurarme lo que estas disquisiciones, tan varias y algunas arrogantes y carnales hará en otras personas, tal vez más inteligentes aunque más impresionables y con menos interés y discernimiento.

Arregui, Küng, Pagola, y tantos más, maltratan al Evangelio cuando desde el catolicismo pretenden cambiar la Iglesia, de anunciadora del Evangelio en una ONG benéfica para pobres, y dejar atrás la gravedad y majestad que le corresponde como divulgadora de los divinos misterios. Que lo hagan mal, según su percepción, solo indica que las grandezas del Reino han sido puestas por Jesús en manos humanas, y como humanos somos a veces una catástrofe.

Yo simpatizo con sus ideas, y me parece bien que se lancen ideas nuevas, conforme las sociedades destinatarias del mensaje evolucionan con la técnica y los avances científicos. Me parece bien su llamada a una transformación en la predicación y en la forma de hacer las cosas, pero no sé a ciencia cierta si los cristianos deben concebir la Iglesia de Dios como cosa deletérea y anárquica, pues hasta los hamish tienen un modo jerárquico con el que realizar en la unidad, las expresiones externas de la Iglesia.

Ahora critican el abandono que, según ellos, el Papa dio al obispo Romero, al que riñó porque estaba metido en política. Ese es el motivo por el que no desean que el Papa sea declarado beato. Esto aparece como algo intrascendente, porque Juan Pablo sigue siendo el mismo, beato o no beato, y no creo que estas cosas sean de tanta importancia. Un teólogo (de esos tan importantes) al ocuparse de estos asuntos, está  fabricando una trascendencia no espiritual. El que sea declarado santo o no, lo valorará, el mismo que ha de juzgar a vivos y muertos. Pero así van las cosas.

Rafael Marañon  2 de Mayo de 2011      

¡AY DE EUROPA!



No tengo el más mínimo deseo, de hacer apología de ninguna confesión cristiana ante otras diferentes. No es mi rollo, ni soy llamado a juzgar. Soy hombre de fe, y nada más. Solo veo lo que me parece de razón y que, por decirlo, atrae sobre mi persona la inquina de los que ven por un solo ojo y dejan el resto de la realidad apagado y en la ignorancia. Como el que se pone en cada ojo un euro y no ve nada más que dos euros.

En realidad me pongo el gorro de cada cual, y trato de comprender lo mismo al que se dice ateo, que al que se dice muy religioso. Difícilmente se encontrarán más «dioses» que los que tenía el panteón griego, después aumentado por el romano que añadía dioses de los países conquistados por el imperio. Por eso a los cristianos que creían y adoraban a un solo Dios les llamaban ateos.

Europa rebosa soberbia, y hace necia ostentación de una capacidad de legislar contra natura que es sorprendente; en Viena se ha celebrado una conferencia para criticar y menoscabar la fe cristiana, en nombre de la dichosa igualdad, que por mucho que se legisla, no se ve por ningún lado. Y aquí no entro, como digo, en apologías ni discusiones.

Me da pena, porque la cristiandad fue la que salvó a Viena del dominio turco ¿Cómo sería hoy Viena sin aquella defensa? Todo eran loas porque realmente, La Iglesia fue adelantada para detener la marea turca cuando el peligro era ya casi irreversible. Ya en tiempos de la batalla de Lepanto, ganada por otra coalición cristiana, se detuvo lo que al fin y al cabo era el sometimiento de las naciones cristianas al yugo islámico.

Otro nuevo intento de islamización se produjo y puso en definitivo peligro a Europa, desamparada por Luís XIV rey de Francia; Europa Central ya había sido mordida por la furia guerrera de los turcos. Rusia, Ucrania, Hungría que lindaban con aquel temible imperio, habían perdido territorios que después de la batalla de Kahlenberg volvieron a recuperar.

En definitiva, Viena debe su altura cultural y su fama mundial actual, a una coalición de príncipes de distintas culturas que tenían como factor común pertenecer a la cristiandad. Tan pronto como el triunfo fue definitivo se rezó un Te Deum en la catedral de Viena. ¿Es que ahora jactándose de ser de los más civilizados, no les da vergüenza dar de lado a la «ideología» que les salvó del vasallaje y la incultura?

Por eso me avergüenzo de lo que quieren hacer, y más por ellos mismos, que son la quintaesencia de la cultura, el arte, y la paz. Ellos mismos están desmantelando la cultura cristiana, raíz de la paz que gozan, en nombre de una supuesta igualdad. La igualdad no es café para todos, pues todos no gustan del café, sino lo que sea adecuado y conveniente para cada uno.

Aquí viene al caso el poemilla de A. Machado

El bueno es el que guarda
Cual venta del camino,
Para el sediento el agua,
Para el borracho el vino.

La Cultura Cristiana es mayoritaria en esos países y como tal (no hace falta que lo pretenda), tiene por sus mismas gentes seguidoras, un poder sobre multitudes de ciudadanos a los que se quieren privar y disminuir los derechos que tienen adquiridos, desde mucho antes de aquellas faustas y gloriosas jornadas del levantamiento del sitio de Viena.

El cristianismo de cualquier clase, (pues en este trabajo no estamos sustanciando quien es mejor) es la base de su cultura, aunque como a todos los demás, la prosperidad ha traído la soberbia, y esta, como dice La Escritura Santa, es antes de la caída. Cultura que ha hecho la libertad, la educación y todos los elementos positivos de esta sociedad, perfectamente contrastables.


























sábado, 30 de abril de 2011

SOLEDAD ENTRE HOMBRES Y COMPAÑÍA DE DIOS



 

Por más que lo pienso no logro saber a veces cual es mi cometido en el escaso tiempo que me queda sobre esta tierra bendita de Dios. A veces la casi nula comprensión de mis escritos por parte de mis lectores y por otra la abundancia de escritos en Internet y la confusión reinante en las interpretaciones y traducciones me hacen preguntarme que es lo que hago en el maremágnum de escritores a los que la facilidad de escribir en Internet nos proporciona la ocasión de expresar nuestras opiniones más o menos razonables.

No obstante como soy más bien obstinado y al pedir al Espíritu que me muestre cual es el propósito claro para mí, la realidad es que algunas veces ando confuso sobre cual es mi llamamiento y misión determinada para mí por el Espíritu de Cristo. No es que no tenga claro lo que tengo que hacer, sino que a veces me acuso a mí mismo de hacer las cosas, no en obediencia, sino por mi propio gusto o facultades.

Realmente la actual situación de corrupción generalizada me arrolla, y me hace pensar que soy mejor que otros, cuando lo que realmente mentalizo es que somos todos gente corrompida por el entorno, lo que hace más concreta y real las palabras de Jesús: Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. (1 Juan :19).

Bien; palabras incontestables, si se cree en la exacta  veracidad de los escritos evangélicos. Ahora miro a mi alrededor, y sin querer ser mejor que nadie, observo que hay una división incontrolable de las iglesias evangélicas, una desconfianza entre las iglesias institucionales, y una maraña de teólogos y teologuillos que pretenden que todo sea distinto de cómo es como si la Iglesia de Dios tuviese otro objetivo confiado, que proclamar la resurrección de Cristo, y la posibilidad de salvación para todos los que en él Creen.

Muchos, meritorios, que denuncian los sucesos reales, y casos como de los que dentro de la Iglesia, proponen que no existe infierno y que se salvan todos los hombres. Niegan la resurrección de Jesucristo en la mejor línea súper laica, y trazan para la Iglesia cristiana (y aquí me refiero a las que hacen centro de su culto y acción a Jesucristo como hijo de Dios y segunda persona de la Trinidad) unas lineas de conducción y "formato" distinto, según las apetencias de cada cual.

Reconozco, que cada cual tiene una visión distinta sobre los misterios cristianos, y sobre todo en el culto y en la significación de los llamados sacramentos. Pero hay algo que hay que conservar, y es la verdad y la paz. No por mucho gritar, se tiene razón. Por el contrario los gritos significan casi siempre que no se tiene razón, y que se pretenden imponer razones o lo que ha sido llamado desde antes “razonadas sinrazones”.

Yo sé muy bien en quien he creído, pero por escribir glosas y cantos a María, la madre de Jesús, con reverencia y admiración, he recibido el más repugnante rechazo de los que yo creía que eran personas desprendidas de sectarismo, y podía esperar de ellas comprensión, ánimo o por lo menos calor y amistad. Si la amistad está condicionada a la renuncia a mis más caros principios, pueden quedarse todos, “tirios y troyanos”, con sus creencias (que no fe), y desde luego me han enseñado mucho sobre la condición humana, por lo que doy gracias a Dios por ello.

Gracias al Dios bendito, y a su misericordia para conmigo, por darme la humildad de darme cuenta de cómo somos realmente los pobres seres humanos, (yo incluido naturalmente), y la necesidad que tenemos todos de la misericordia de Dios, y de la sangre de Jesucristo. Lo demás es solo paja. Yo creo que la Iglesia es como se dice en la Escritura: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. (Carta de San Pablo a los romanos 14:4)

Yo solo confío en mi Señor, y me basta con su amor. El de los demás, si es por Cristo, excelente, si es amor humano o discrepancia se lo pueden guardar si lo desean. Yo vivo de otro manjar más saludable y abundante. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11:32). En ello confío.

Rafael Marañón 30 de abril 2011.        

EL VERDADERO EVANGELIO




Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo,
tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar
cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios;
y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche,
y no de alimento sólido.
Y todo aquel que participa de la leche es inexperto
en la palabra de justicia, porque es niño; (Hebreos 5:12,13).

Estas palabras del apóstol resumen la situación de muchas congregaciones en las que, la falta de atención o la macilenta forma de enseñar, produce cristianos tibios y deseosos de que se les enseñen siempre las mismas cosas secundarias, por falta del deseo de crecer sin cesar en la vida de Jesucristo.

Es lamentable, por no decir más, el estado de algunas congregaciones, viviendo con los pies puestos uno en cada orilla del río de la vida. Uno puesto en una orilla (la del mundo) y otro en la otra del Evangelio en su (para ellos) cómoda posición. Y en esta tesitura, se impone cada día dejar bien establecido lo que hay que hacer, para el crecimiento espiritual que dé grandeza y eficacia a nuestra fe.

Ante todo hay que volver a los principios vitales, pues quizás por exceso de materia se olvida lo que es principal, y se tornan el discurso y la praxis en divagaciones sobre unos elementos de enseñanza, totalmente desmarcados de lo que es la primigenia forma de conducirse de la Iglesia y los cristianos. Y lo que es peor, en envidias y celos unas con otras, lo que trae animosidad y desprecio entre congregaciones "cristianas".

Ante todo, hay que establecer que los llamados Evangelios deberían denominarse escritos evangélicos, para que no se confunda con el Evangelio que es solo uno. Los distintos escritos de los apóstoles son partes todas importantes de lo que se dejó escrito sobre Jesús y su doctrina. El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es el simple anuncio de que Dios ama a todas sus criaturas y desea para ellos la vida eterna.

La salvación procede de Dios, y no de los esfuerzos de las criaturas de hacerse un nombre aceptable para Dios, mediante esfuerzos y méritos. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16). Ese es el Evangelio de la Gracia de Dios para con los hombres. Procede de su amor y termina en su amor. Nada del Hombre; todo de Dios.

Solo Jesucristo, y la aceptación de su anuncio y su doctrina para una correcta praxis en esta vida son eficaces, y no la simple confianza sin vida real, o la serie de méritos que a veces arrogantemente nos atribuimos; todo desemboca, se quiera o no, en la trascendencia eterna. Unos para vida eterna, otros reprobados: los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, (2 Tesalonicenses 1:9). Espantosa perspectiva.

San Pablo llega a decir con verdad: en cuanto a la justicia que es en la ley, soy irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Filipenses 3: 6 al 10).

Pablo deja establecido el orden de las cosas en la relación con Cristo. Es simplemente tener todo como pérdida, si no nos lleva a la perfección cristiana, que no es escuela de méritos, que también tendrán su justa recompensa; dejar que Él se posesione de nuestro ser, de tal manera que todas las cosas nos parezcan insignificantes en relación con el Evangelio de la Gracia de Dios, para con los que pensamos en su nombre.

jueves, 28 de abril de 2011

ESCRIBIENTES Y ESCRITORES



Para dialogar
Preguntad primero
Después escuchar.
D. Antonio Machado

Hay inmensas cantidades de blogs, que cualquiera con alguna práctica (de la que yo carezco), puede hacer y lanzar en la red Internet. De tal manera que muchos amigos no muy versados en estas controversias, me preguntan si no me mareo con tanto leer a unos y a otros. Porque me dicen que todos están ansiosos por escribir, pero leer nadie lo hace. Solo en los comentarios a los asuntos menores, como fútbol y afines, se vuelcan cada uno con sus argumentaciones… o insultos.
Y esto no solo en naderías sino en asuntos espirituales en los que como dice San Pablo: Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente. (1ª Timoteo 5 al 8)

Todo el mundo quiere que se le lea, pero nadie lee lo de los demás. Y naturalmente, forcejean sin saber por qué lo hacen, ni en que lectura apriorística basan sus aportaciones o conclusiones. Además cada cual vierte en la pantalla su opinión (lo cual no es malo en sí), pero nadie se para a pensar lo que dice. Escribir para evangelizar, y más si a la vez se hace para enlazar las cosas espirituales con la condición humana general en la sociedad, conlleva a que se quede uno más solo que un pez en el desierto.

Cuando pretendes en los comentarios a los artículos, poner algo de dulzura a los que tan desaforadamente se muestran unos contra otros, o te dicen fanático o te dicen liberal. Unos tienen mucho interés en que vaya mucha gente al infierno; otros por el contrario dicen que el infierno es algo que repugna a la bondad de Dios. Y añaden de tirón: yo no quiero un Dios así. De manera que o estamos en contra (sin desearlo) o hay que servirles un Dios a la medida de cada cual.

A mí, personalmente, me gustaría que la gente más que de escribir mucho, se ocupara de analizar sus móviles o motivaciones sin subterfugios o salirse del tema. No lo hacen… o no lo hacemos, y así se parecen estas camorras a las discusiones que se reflejan en la Santa Escritura con respecto a Jesús. Unos decían que sí… otros decían que no. No hay nada más que leer los apartados de los periódicos  que tratan  o están dedicados a la religión.

A muchos nos gustaría dejar el asunto, y que otros (hay muchos) se ocupen de estas cosas; aunque hay algo que nos hace volver a la carga, conociendo nuestra condición ante Dios: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1ª Pedro 2:9).

Con toda seguridad, si proclamamos a Jesús como el único camino a Dios, estamos (sin desearlo ni mucho menos), ofendiendo a otros que creen cosa distinta. Parece ser que esta situación no va a cambiar, mientras estemos proclamando algo que siempre molesta a todos (y siento decirlo), hasta a la gran mayoría de los que se proclaman cristianos.

Rafael Marañón 28 de Abril de 2011.

Hambre de Dios



Para dialogar
Preguntad primero
Después escuchar.
D. Antonio Machado

Hay inmensas cantidades de blogs, que cualquiera con alguna práctica (de la que yo carezco), puede hacer y lanzar en la red Internet. De tal manera que muchos amigos no muy versados en estas controversias, me preguntan si no me mareo con tanto leer a unos y a otros. Porque me dicen que todos están ansiosos por escribir, pero leer nadie lo hace. Solo en los comentarios a los asuntos menores, como fútbol y afines, se vuelcan cada uno con sus argumentaciones… o insultos.

Y esto no solo en naderías sino en asuntos espirituales en los que como dice San Pablo: Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente. (1ª Timoteo 5 al 8)

Todo el mundo quiere que se le lea, pero nadie lee lo de los demás. Y naturalmente, forcejean sin saber por qué lo hacen, ni en que lectura apriorística basan sus aportaciones o conclusiones. Además cada cual vierte en la pantalla su opinión (lo cual no es malo en sí), pero nadie se para a pensar lo que dice. Escribir para evangelizar, y más si a la vez se hace para enlazar las cosas espirituales con la condición humana general en la sociedad, conlleva a que se quede uno más solo que un pez en el desierto.

Cuando pretendes en los comentarios a los artículos, poner algo de dulzura a los que tan desaforadamente se muestran unos contra otros, o te dicen fanático o te dicen liberal. Unos tienen mucho interés en que vaya mucha gente al infierno; otros por el contrario dicen que el infierno es algo que repugna a la bondad de Dios. Y añaden de tirón: yo no quiero un Dios así. De manera que o estamos en contra (sin desearlo) o hay que servirles un Dios a la medida de cada cual.

A mí, personalmente, me gustaría que la gente más que de escribir mucho, se ocupara de analizar sus móviles o motivaciones sin subterfugios o salirse del tema. No lo hacen… o no lo hacemos, y así se parecen estas camorras a las discusiones que se reflejan en la Santa Escritura con respecto a Jesús. Unos decían que sí… otros decían que no. No hay nada más que leer los apartados de los periódicos  que tratan  o están dedicados a la religión.

A muchos nos gustaría dejar el asunto, y que otros (hay muchos) se ocupen de estas cosas; aunque hay algo que nos hace volver a la carga, conociendo nuestra condición ante Dios: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1ª Pedro 2:9).

Con toda seguridad, si proclamamos a Jesús como el único camino a Dios, estamos (sin desearlo ni mucho menos), ofendiendo a otros que creen cosa distinta. Parece ser que esta situación no va a cambiar, mientras estemos proclamando algo que siempre molesta a todos (y siento decirlo), hasta a la gran mayoría de los que se proclaman cristianos.

Rafael Marañón 28 de Abril de 2011.


miércoles, 27 de abril de 2011

SEDUCIDO Y ELEVADO



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Me sedujiste, ¡oh Yahvé!, y fui seducido;
más fuerte fuiste que yo, y me venciste;
cada día he sido escarnecido,
cada cual se burla de mí.
Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito:
Violencia y destrucción;
porque la palabra de Jehová me ha sido
para afrenta y escarnio cada día.
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre;
no obstante, había en mi corazón
como un fuego ardiente metido en mis huesos;
traté de sufrirlo, y no pude.
(Jeremías 20:7, 8, 9)
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Una vez que el hombre después de haber probado con todas las puertas a su alcance para salir de su inquietud espiritual, y penetra por la buena, ya anda en soledad porque ya no le es factible compartir con los demás. Es la perla de que hablaba Jesús.
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Su marcha y su vocación lo separan del resto. Su vida ya no esta destinada a la religión como tal organización, sino al mismo Dios en Cristo. No que ya abandone el compañerismo eclesial; la diferencia se establece entre el que no entiende nada más que lo epidérmico, y el que está sumergido en otra esfera de la Creación; en la esfera de lo divino. Y desde esa esfera tan elevada le es factible llegar hasta lo más hondo del dolor humano.
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El interés de este ya no es la defensa de la Iglesia como vocación propia de su estado de comunión, sino que está fundamentada en la comunión eclesial, aunque las diferencias en la vocación y en la contemplación sean evidentes, y le hagan acoplarse al movimiento de la Iglesia de Cristo en el rol que le corresponda. Eso ya depende de Dios, que todo lo hace a su sabor y perfecta soberanía.
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La sensación de superioridad del elegido deja de existir; ya no se basa en la cantidad de conocimientos que haya adquirido, sino en su grado de comunión con su Creador. En ese grado ya sabe el elegido que no es nada, y que cualquier hermano casi ignorante tal vez, puede ser mejor hilo conductor de la expresión de la voluntad del Padre que él.
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Esto lleva a la humildad, porque se entiende que Dios no hace acepción de personas, sino que trabaja en el que quiere y como quiere. Se aprende entonces, que Dios no se sujeta a ninguna forma que el hombre pueda imaginar para dar su palabra a todos, sino que elige libremente los caminos que a Él le parecen adecuados en su sola potestad.
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Entonces es, cuando el que ha sido llamado se torna verdaderamente solidario. Al penetrar en el misterio de la vida, y al compartir con el Creador el conocimiento de su voluntad y la verdadera naturaleza de las cosas creadas, entiende que esa es su verdadera posición, y es en la que el Padre saca los mejores capacidades del creyente para aplicarlas a las situaciones que en su propósito fueron decretadas.
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Ante el pensamiento humano estará y parecerá solo, pero cuando esto sucede encuentra el compañero en Cristo el Señor, y ya anda con la mas sublime compañía imaginable y sublime. Ahí, en ese compañero, encuentra la paz y la seguridad más completa, y los gozos más maravillosos que puedan experimentarse. Ya no le es necesaria la complacencia de nadie, sino solo saber a quien ama, a quien adora, y a quien pertenece.
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Es ya una nueva vida que se extiende al más allá, y que le hace un ser humano regenerado totalmente. La carne y los deseos ya solo se pueden producir en el alma, Pero ya eso no le afecta, porque ante la compañía de Jesús todo queda más que limpio. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. (Juan 15:3)
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San Pablo, que se hallaba más o menos en la situación espiritual que trato de explicar, se angustiaba hasta que comprendió que somos miserables en cuanto al cuerpo y a las pasiones pecaminosas del alma, pero por el espíritu se vive a causa de la justicia realizada por el Señor Jesucristo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. (Eclesiastés 4:10). Y nosotros tenemos a Cristo para que siempre que caigamos, él nos levante y nos vuelva a recuperar para sí mismo.
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Ya no solo es nuestra lucha y agonía, sino que es también la agonía de Jesús la que nos libre de mala conciencia y su sangre, derramada voluntariamente, es no solo suficiente, sino superior a toda fuerza que se oponga en su plan de redención. El niño hace inevitablemente travesuras y destrozos más o menos gruesos, pero su padre o madre siempre están para impedir que los haga, o para consolarle si los comete y rectificar su indómito individualismo o egoísmo.
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Rafael Marañón
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Un toquecillo bíblico.
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Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (Romanos 7: 15 al 25).