jueves, 12 de mayo de 2011

ACTITUD Y PAZ


Pero hay que dejar bien aclaradas dos premisas principales para enfrentarse con un tema tan delicado. Primera. No es lo que nos sucede, sino nuestra actitud ante ello, lo que hace que cualquier dificultad con la que nos sentimos enfrentados sea para nosotros algo terrible, o sólo un inconveniente pasable. Repetimos, es la actitud subjetiva la que proporciona identidad y cuerpo a lo que nos sucede objetivamente. Un ejemplo: Cuando mi hijo era pequeño había que llevarlo periódicamente a la peluquería, a la que él aborrecía.

Era una "odisea". Tan pronto como el peluquero nos veía entrar en su establecimiento, nos lanzaba una mirada mezcla de simpatía y de compasión por él y por nosotros. El niño gemía, protestaba, sudaba... y el peluquero y yo con él. Una angustiosa hora era precisa para hacer el trabajo; tanto que  dejábamos pasar el tiempo más de lo conveniente, antes de volverlo a llevar.

Un día que se hallaba más sosegado pude persuadirle de que si se quedaba quieto, le podía prometer que el asunto duraría menos de la mitad del tiempo y el trabajo sería menos desagradable y aun pasable para él mismo. El niño era inteligente y comprendió. Dios sabe el esfuerzo que el chico haría con tal de contentarme. Lo cierto es que los siguientes cortes de pelo fueron totalmente tranquilos, sin gemidos, ni tirones ni sudores.

Éramos el mismo peluquero, el mismo padre y el mismo niño, pero la actitud de éste era distinta y todo cambió a mejor. Ya jamás volvimos a padecer aquel suplicio. La actitud del niño, confiado, positivo y calmado, fue el condicionante de aquella estupenda variación.

Podemos colegir, por este simple ejemplo que es nuestra actitud ante cualquier situación lo que condiciona decisivamente las circunstancias y resultados en casi todas las situaciones de la vida. Mala actitud y enfrentamiento es igual a sufrimiento. Buena actitud es serenidad y paz. Comprueben en un niño pequeño al que hay que ponerle una inyección.

En medicina, y ante cualquier intervención médica, lo que más aprecian los cirujanos es la serenidad y confianza del enfermo, que les facilita de forma extraordinaria la necesaria intervención. Y con lo dicho se puede hacer una extrapolación a toda situación.

Segunda. Muchas veces preguntamos: ¿Cuál es la voluntad de Dios en este asunto tan doloroso y complicado que me está sucediendo? Podemos decir con toda certeza: La voluntad de Dios es exactamente lo que me está pasando! ¡Esto mismo!

En esta actitud, que es difícil si es sincera, el creyente comprueba sin más cuál es la voluntad de Dios. La fe repite constantemente: ¡Esta es! Y ya no hay por que devanarse la cabeza ni agitar el corazón. Todo lo que ha pasado, pasa o pasará, es la voluntad de Dios. Los mismos sucesos son su voluntad y los resultados de esa voluntad.

Ya decimos que es difícil, en un trance cualquiera, decir y sentir esto con sinceridad y acatamiento real. Pero es así, y no de otra forma. Dios crea, vitaliza y controla su universo. No se descuida o duerme, ni tampoco se equivoca. Si lo sentimos así, comprobaremos más adelante esta verdad tan reconfortante.

Para empezar a guiarnos, en primer lugar hemos de tener muy en cuenta las afirmaciones de La Biblia, perfectas y verdaderas como lo que son: Palabra inspirada por Dios. El decurso de la vida nos da ocasión de comprobarlo, pero es más sabio obedecer y, después, sin complicaciones, verificar su eficacia y poder.

Rafael Marañón

LA BÚSQUEDA DE LA PAZ.





Que formo la luz y creo las tinieblas,
que hago la paz y creo la adversidad.
Yo, Dios, soy el que hago todo esto.
Isaías 45:7
Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que
él torció? En el día del bien, goza del bien; y en el día de
la adversidad, considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro,
a fin de que el hombre nada halle después de él.
Eclesiastés 7:13, 14
Todo lo sufre,
todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta. (el amor).
(1ª Corintios 13:7).

El ser humano vive inmerso en un enigmático universo, rodeado de un cúmulo de dificultades, de agresiones internas y externas, así como de deseos frustraciones e ilusiones que se desarrollan dentro de su propio interior; las más de las veces no dependiendo lo más mínimo de su propia voluntad.

Se siente como una pavesa en el viento, y desea desesperadamente, aun en las mejores circunstancias, estabilidad, bienestar y vigencia, que no alcanza a percibir en la «loca rueda de la fortuna», que no cesa de girar. El temor le acompaña a lo largo de toda su vida. Temor en la niñez, en la adolescencia y en cada tramo de la vida continuamente. En cada época el suyo, pero en todas se siente atrapado por el temor.

Asimismo, aun en la paz más estable, el ser humano, que es complicado por naturaleza, tiende a complicarse aún más sin poderlo evitar. Así se dice con acierto: «El que no tiene una cruz, con dos palitos se hace una». Y es que aun en paz y sosiego, tan fugaces, la imaginación (la loca de la casa), se inventa motivos de inquietud, bien para proyectarse hacia adelante, tal vez en pos de una fugaz quimera, o bien para retraerse y replegarse dentro de sí misma, defendiéndose de algo que sólo existe de una manera subjetiva e irreal, aunque parezca real para ella.

Ante la dificultad o la adversidad, hay dos modos principales de enfocarla y enfrentarse a ella: la cristiana y la pagana. Es decir, la del hombre de fe y la del que quiere confiar en todo menos en Dios. El cristiano confía en Dios para todo. El pagano lo invoca «por si acaso» pero a la vez se agarra de forma desesperada a lo que encuentra de misterioso, siempre que le digan, y a él le parezca, que tiene propiedades para enfrentar aquella dificultad.

Fetiches, amuletos, estampas... Se puede comprobar cuando se visita un hospital. Hay de todas clases. Si el enfermo sana, fue gracias a cualquier cosa (ni siquiera la ciencia), el amuleto, la estampa o vela encendida. Si no curan es que Dios fue el que cruelmente no quiso. La diferencia empieza por esos distintos enfoques y proyecciones, que tan mal entendidos son por los paganos.

Los cristianos, sin dejar de ponderar y comprender con la mayor profundidad que nos es posible el estado de ánimo del incrédulo, vamos a enfocar la cuestión desde la perspectiva del hombre de fe.

El ánimo del incrédulo, que está siempre sobresaltado y temeroso es, muchas veces nos guste o no, similar al del «creyente» de cualquier denominación, tibio y desentendido de las cosas de Dios. Por ello estamos seguros de que sólo el verdadero creyente, el elegido, puede aplicarse con eficacia estas consideraciones. Y si avanzamos algo en este terreno, ¡gloria a Dios!

Dejemos por sentado que no menospreciamos las turbulencias internas y externas de cualquier ser humano. Todos somos humanos, por tanto «nada humano nos es ajeno». ¿Quién puede sustraerse al agitado devenir del sufrimiento humano? ¿Quién podrá comprender el misterio que se mueve en la existencia de cualquiera?

Rafael Marañón Barrio

























miércoles, 11 de mayo de 2011

FUERA DE CONTEXTO

 

Estimado hermano: anticipo que no tengo demasiados prejuicios a la hora de valorar a los que me escriben, y aman a Dios en Jesucristo su unigénito hijo. Me importa menos que sean lo que sean tal como Pablo apóstol dice: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro… (1ª Corintios) ¿Usted lo invoca así? ¡Pues ya está! Basta por mi parte.

Es por tanto secundario para mí, que el equivocado sea este o aquel, porque Dios pondrá orden y llevará a su lugar a los que le aman, tal como se dice en La Santa Escritura: Así que, todos los que somos perfectos,(en Cristo) esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios (Filipenses 3:15).  Por lo tanto lo que usted me recalca de La Biblia, es conocidísimo para cualquiera, y es de lo más elemental para el que conoce algo de su fe cristiana, y aunque se lo recibo con placer, no es nada nuevo para mí.

No soy de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, ni todo eso. Fundamentado en la vida y palabras de Jesús y sus discípulos, trato de ser lo más lógico y mesurado que puedo. Que se cierren templos evangélicos me sienta tan mal, como que se metan con los templos católicos o de cualquier confesión. Para mí es lo mismo. Yo quiero para todos, la libertad que Cristo nos otorgó, no solo para las cosas espirituales sino también para los materiales, y me hacen indignar tanto los dictadores, como los supuestos demócratas, porque todos se basan en la injusticia y en la prepotencia.

Solo deseo, para todo el pueblo, prosperidad y paz que considero imposibles, mientras estas querencias mencionadas sean el leit motiv de las gentes, sean quienes sean. Me molestan tanto los agitadores violentos, como los que se gastan miles de millones en caprichos, que humillan y afrentan a toda la humanidad, empezando por ellos mismos. Y si además se hace sobre y contra, un pueblo doliente, pobre, y abandonado, pues ya ni le cuento.

En cuanto a lo que me propone sobre libros, he leído los que me dice y algunos más, lo digo sin jactancia, que es  impropia de los que somos de Cristo. Distintos amigos, me envían todos los días muchas citas bíblicas para sostener algún pensamiento, muchas fuera de contexto y sin complementar con otras, que también aporten claridad y matices a lo que proponen.

Sobre todo me hace pensar en el poco fondo de las gentes, que aportan el pasaje siguiente que dice así: Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. (Apocalipsis 22:19)

La interpretación natural y literal, es que nada se añada al libro citado, y no que La Revelación esté cerrada, y menos, citando este versículo fuera de la utilidad para el fue escrito. Cuando no es ignorancia, es deseo de forzar las apriorísticas creencias del que lo mantiene. Es decir, para que nadie añadiera o quitara algo de lo que está escrito en ese libro concreto. Lo que otra persona se figure, es cosa de él; no es eso lo que dice La Escritura.

No estoy propugnando que se hagan cosas que contradigan la Palabra de Dios, sino que la revelación personal y la Palabra de Dios, no puede ser reducida ni condicionada por hombre alguno. Por eso me molesta tanto la palabra definir, dependiendo de lo que se pretende con esa palabra.

En otra ocasión nos extenderemos sobre lo demás

Rafael Marañón 11 de Mayo de 2011

lunes, 9 de mayo de 2011

LOS BESOS DE RAFA



Absorto y ausente, me sentaba sobre la camita de mi nieto Rafa. Un brusco vuelco en su postura me hizo fijarme en su carita. Era un rostro tan pequeño que parecía caber en mi puño. Sus labios entreabiertos y su respiración acompasada me llamaron la atención. Unas pequeñísimas gotas de sudor le perlaban cayendo lentas, levemente, por su frente en la que sus undosos cabellos rubios como el oro se pegaban mojados por el sudor. Sus párpados cerrados, casi transparentes, dejaban adivinar más que ver la redondez y belleza de sus pupilas.

Estaba rendido, desplomado; cayendo en la cama se durmió con ese extraño, ausente y profundo sueño de los niños, que a no ser por la respiración acompasada, remeda la postura de la muerte. Los brazos abiertos, entregado, inerte. Él estaba cansado, y yo estaba derrumbado y extenuado por un día de juegos, saltos, empujones, y algunos cabezazos alocados, -cocos, dice él- con esa sólida fragilidad de los golpes de los niños. Todavía quedaba algún juguete esparcido por la cama.

Gracias a que su bondadosa y dulce hermanita, me ayudaba y me permitía algunas treguas. ¡Que alivio era aquella pequeña niña, tan madura para mí! ¡Cómo se prestaba suave y sabiamente para ayudarme a bregar con aquel terremoto de risas, saltos, e incesantes preguntas!  

Pensé aliviado. ¡Por fin se durmió! Cuantas veces a lo largo de aquel día, musité para mí mismo en medio del barullo y el estrépito de sus juegos, gritos y risas: ¿cuánto falta para que se pueda dormir, y pueda yo reposar tan solo unos minutos? 

Ahora en aquellos momentos de silencio, solo ante aquella criatura tan débil y a la par tan poderosa, me di cuenta de cuanto le quería. Pero cuando en el silencio de la habitación profundicé en mis sentimientos, me di cuenta de algo en lo que no había caído en todo el largo día. Vi que aquel ovillito de simplicidad, aquel derroche de gracia, de vida y de glamour, era el recipiente donde se escondía el mismo Dios.

Dios, que no cabe en la creación, en la mente del hombre sabio ni en los más ocultos arcanos que desafían al pensamiento, se hallaba encerrado en aquel niñito. ¡Que gran sacudida de respeto sentí, en aquel momento de consciencia pura ante él! ¡Que maravilloso es lo simple y lo pequeño! 

Yo había sido siempre, el que se consideraba amante de aquel tierno e inocente pajarillo. Sus risas y sus gorjeos, sus ocurrencias verbales, sus gestos maravillosos, su lógica tan directa, movían mi corazón hacia aquella expresión de pura vida y me hacían sentirme fuerte y sustentador de ella. Medité un instante, examinando mis móviles y sentimientos sin ninguna clase de subterfugios.

Al momento me vino al pensamiento, una escena de la que había gozado mucho, pero que no había notado en su plenitud por falta de perspicacia o por fatiga corporal. Cuando su padre prendiéndolo en sus brazos y llamando a su hermanita dijo con fingido tono severo, - ese que tanto esfuerzo cuesta emplear con los niños, y que tan mal nos sale cuando lo hacemos- ¡Vamos a la cama! ¡Se acabó! El niño se dejó recoger por su padre.

Desde los brazos de su padre que me sonreía cómplice de la parodia, mientras se los intentaba llevar a la cama, tendió los suyos tan pequeños y con sus palmas suplicantes diciendo. ¡Un besito a los abuelos! Besó profusamente a su abuela y después se soltó del padre que lo dejó caer como sin gana en mis brazos. Él se echó sobre mí, y sin más preámbulos, me cubrió literalmente de besos.

Besos húmedos que me mojaban, besos secos que me recorrían anárquicos por todo el rostro, bracitos enlazándome el cuello con mas fuerza que cien cuerdas, y labios paseándose por mi rostro que le rascaba, ya que estaba sin afeitar desde por la mañana. Gafas del abuelo colgándome ridículas en una sola oreja. ¡Un festín!

¿Cuántos besos me regaló? No lo sé, pero fueron los besos más aturdidos y desconcertantes que he recibido, junto con los de su hermanita Rosi cuando era más pequeña. Besando mi rostro de viejo cansado del largo día, recorriendo locamente orejas, mejillas, mentón, y todo lo que encontraba ante sus pequeños labios, me dio una de las  lecciones mas grandes de amor y gratitud que he recibido en mi vida.

Todo ello sin decir nada, sino vaciando su tierno corazoncito en su abuelo como muestra sincera y espontánea de su gratitud por mi atención y mis caricias de todo el día. ¿Cómo era posible que aquel tierno ser tan diminuto guardara dentro de sí tan gran contenido en vitalidad y amor?

Y allí,  sentado sobre el lecho que sostenía aquella vida prístina y pura, pensé y dije para mí mismo dirigiéndome a aquella pelotita de vida y amor. ¡Te perdono el día de tanta fatiga como me has hecho pasar! ¡Vaya, si te lo perdono! Y bendije aquel largo día, en que la vida estuvo angelical, pura, alegre, y sencilla en mis brazos.


Nunca fue cariño dado,
Tan grato recompensado.

Con su amor y su poder,
Dios te pague niño amado,
Pues lo has hecho merecer.

Duerme  sin ningún cuidado.
Que llorando de placer,
Yo me siento muy pagado,
Por tu inocencia y tu fe.

Rafael Marañón. 16-6-2000.
(Su abuelo)  

sábado, 7 de mayo de 2011

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

¿SOLO REZAR, O SOLO TIRAR BOMBAS?

 

Opción preferente para los pobres ¿Cómo no?

La "teología de la liberación" es a mi parecer, una desviación clara de la verdadera teología, y de las consecuencias naturales de la práctica de la doctrina de Jesús. Lo que no hay que hacer, es romper el planeta. Dejarlo desenvolverse solo, que él sabe hacer sus deberes. Es que, para mí, eso no es teología sino sistema, político aprovechándole tirón que supones el cristianismo.

De ahí parten Leonardo Boff y Frei Betto, casi pioneros, y destacados en la aplicación de dicha teología. Desarrollan esta doctrina, Helder Cámara, Pedro Casaldaliga, y muchos más que al final desembocan en una síntesis cristiano marxista, que no ha solucionado nada. Ya se ha visto en los más destacados líderes de la revolución marxista, y en los países en que han dirigido la economía.

Hay que reconocer que los que preconizan la teología de la liberación son cristianos, o se les supone, que desesperados por la indiferencia y la relajación moral del Occidente rico (que dicho sea de paso, también trabaja y se cultiva), hacen como la sangre en el organismo; al no encontrar franco paso por las venas y arterias naturales, acude a establecer otros caminos para circular.

Estoy con los que hacen ver, de mil maneras, la indiferencia y politización de las ayudas, y de los esfuerzos que se dicen hacer para mejorar la vida de millones, aunque eso como teología no es el camino.  Solo hay una teología, y esa es cumplir con los preceptos de Jesús como figura única, y dejarse de cosas estrambóticas. Y tal actitud, por todo el que se llame cristiano.

Si quieren hacer el bien, que lo hagan como otras ONGS, entre las que figura el presbiterianismo, el catolicismo, etc. Cambiar de dados o las cartas a mitad del juego no es bueno, y peor aún, si los dados pertenecen a un determinado jugador. La Iglesia cristiana en general tiene una misión primordial que repito constantemente. Proclamar el Evangelio.

Otras actividades de los cristianos (que les son propias) interactúan con sinergia, pero en sí no son la misión que tiene encomendada la Iglesia cristiana. Evangelizar no es solamente predicar o proclamar, sino también, hacer cercanas las virtudes que se desprenden de la doctrina para reforzar el testimonio. Ante todo, va el anuncio de la salvación. Que ya es anuncio, de máxima trascendencia.

La política de los paños calientes, y el “yo ya he hecho bastante”, no sirve.  Ese es tal vez, el fracaso de la cristiandad en este terreno (no fracaso del cristianismo). Así que ¡no más inventos! que todo está inventado en esta materia. Póngase en práctica sus preceptos, orientaciones, o lo que se quiera, y verán como funciona la máquina maravillosa que Dios creó, y una humanidad, a la que ha dado las instrucciones para su perfecto funcionamiento. Ratzinger insiste en eso, con sus propias palabras claro, pero esa es la posición que mantiene.

Que sea mal o bien interpretado, es otra cosa muy distinta. Conozco a este teólogo  (ahora papa), desde hace muchos años, y aparte de las naturales inclinaciones y las, digamos motivaciones o tic propios, es impecable en su doctrina, en lo que él llama “las cosas primeras”. Esa es naturalmente la opinión de un servidor de ustedes. Cada cual que examine la situación del cotarro, y elabore su propia definición de esta teología. La verdad es la verdad la diga quien la diga.

De palabras, ya estamos saturados. De unos y de otros, que los “otros” también se las traen, y mienten al par que hablan. Hechos, hechos, y hechos. De parte de los necesitados, moverse para alcanzar lo que otros han alcanzado trabajando, y ordenando sus sociedades mejor o peor. Cambiemos al hombre, y todo habrá cambiado.

Que hay egoísmo, y flagrante culpabilidad en los que han alcanzado prosperidad, es evidente. Eso mismo los irá matando. Por otra parte, también existen mentalidades imposibles de torcer para su bien. Otras culturas, de seguir como son, nunca alcanzarán la deseada prosperidad. ¡Quien diera que todos a una fuéramos, si no iguales, sí menos estúpidos y más generosos! ¡Hay tanto que hablar de estas cosas…y tanto que hacer!

Gracias, y saludos a todos los hermanos de allí

jueves, 5 de mayo de 2011

ESPAÑA CAÑÍ ¡ELE!



Se dice por muchos que «para ver cosas estar vivo». Yo tengo ya muy medido el tiempo que me queda para ver cosas, pero hay veces en las que me parece mejor no ver lo que estamos viendo. Es realmente “fastuoso” y el colmo de la estulticia más baja y la soberbia más extrema, lo que hoy se tiene por ética y honor, además de muchas otras más antiguas y sólidas virtudes.

Han rechazado a Dios de plano, y aun en su estupidez pretenden fabricar argumentos, cuando le basta con promover los más bajos instintos de las personas que ya, bajo el mando del vicio, se entregan a él con un entusiasmo digno de mejor causa.

El mapa del clítoris (tiene mandanga), la recomendación de que los niños prueben todas las “opciones de sexo que se le vengan a mano”, alentándoles con decretos,y para no seguir con eso, la corrupción galopante y la ausencia de la más mínima misericordia y de solidaridad; y esto por los grandes del poder, y en una sociedad que alza el grito de promoción y exaltación de las mismas cosas que se están destruyendo por ellos mismos.

Dios y su Cristo, son objeto de irrisión y hasta de ataque unas vece solapado y otras directamente a la yugular, como la indecente campaña contra la pederastia clerical, en lo que también participan los que le siguen. Como si ese mínimo porcentaje de casos, fuera toda la pederastia que existe y que es fruto malo de la relajación de las costumbres y las conciencias.

Escribo a casi medio millón de personas, con la ayuda de los grupos de Internet, y casi siempre me contestan (los que lo hacen) con sorna, agresividad, y con unos razonamientos tan rústicos y banales, que a veces pienso que estoy predicando en el desierto como Juan el Bautista. Solo una vocación que me arrolla, hace posible que siga. Solo unos pocos fieles me consuelan: ¡Dios los siga bendiciendo!

Juan el Bautista predicaba la venida de Cristo, y yo a mi modo también. Solo quiero decir a todos, como Juan lo decía Preparad los caminos del Señor; enderezad sus sendas. (Marcos 1:3) Parece que no acabaré como él (aunque nunca es tarde), pero siempre gustaré la amargura de ver tantas gentes extraviadas, que creen que las palabras de vida de Dios son para esclavizarles y no, como realmente ocurre, para salvarles.

Es tal la degradación de las sanas costumbres en donde todos tenía seguridad, y donde la palabra de un hombre bastaba y valía más que cien documentos, que yo he de decir como el profeta: No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar. (Jeremías 16:2) ¿Para que criar hijos sin porvenir espiritual como bestias del campo, o hijas para meretrices y busconas y para el llamado amor libre que ni es amor ni es libre.

El asunto se reduce, para acabar, en que todos o casi todos, bajo la batuta de leyes inicuas, ya han dejado todo respeto moral que consideran no solo inútil, sino retrógrado y como una rémora para sus vidas inútiles y desgraciadas. Pero claro que de eso tiene Dios la culpa. No creen en Dios (dicen) pero cuando hay una desgracia, les falta tiempo para culpar de aquello al que dicen no creer ¿es acaso alguien que no existe, el culpable de lo que pasa en Haití? ¿Tiene que ser y obrar Dios como a ti te de la gana?

Todo esto se reduce a la apostasía más desvergonzada, y al ataque más descarado y criminal contra lo sagrado y bueno. Las flaquezas de los hombres de bien son aireadas y magnificadas de tal manera, que los epítetos más sangrientos se usan de manera indiscriminada contra la totalidad de la Iglesia sea esta de la clase que sea. Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera. (Jeremías 2:20). Esta es de nuevo nuestra realidad

Es pues tiempo de catarsis para la Iglesia y para los que no están conformes con la ortodoxia sean sus creencias como ellos lealmente las establezcan, pero no hagamos entre todos los que amamos a Jesús, el caldo gordo a los impíos para que se solacen con las divisiones, además de las heridas que todos de una u otra manera soportamos.

Rafael Marañón

AMDG
De "La Divina Comedia" (Dante Alighlieri)
El diablo
Por mi se va a la ciudad doliente,
por mi se ingresa en el dolor eterno,
por mi se va con la perdida gente.
La justicia movió a mi alto hacedor:
Hízome la divina potestad,
la suma sabiduría y el primer amor.
Antes de mí ninguna cosa fue creada
sólo las eternas, y yo eternamente duro:
«Los que entráis aquí, perded toda esperanza!»
































SERENIDAD


PAZ A LOS CERCANOS
Y PAZ A LOS LEJANOS DE PARTE DE DIOS
ESO ES EL EVANGELIO.

Lo que puedo arreglar lo arreglo, lo que no puedo lo acepto. Esa es la actitud correcta. Los hechos que tanto dolor nos hacen, aquel abandono, aquellas agresiones, resultan buenas al fin, porque proporcionan un asidero más fuerte a la voluntad de Dios, y nos acercan mucho más a Él. Al que ama a Dios todo esto le resultará muy comprensible.

Las reacciones instantáneas que todos tenemos, según nuestro temperamento, son del hombre viejo y ésas hay que hacerlas morir con él tan pronto aparezcan. Velad y orad, dijo Jesús (Mateo 24:42).

En tales ocasiones parémonos, reflexionemos y miremos a Cristo. En Él sí, encontraremos la buena guía para afrontar cualquier eventualidad, con acción de gracias por lo adverso o favorable, porque en Cristo todo nos es provechoso.

Aquel hermano que en la iglesia fue víctima de celos, envidias, y sus hechos torvamente interpretados, comprendió que aquello fue necesario para distinguir mejor lo espiritual de lo mundano.

Lo que en un principio fue una experiencia dura y decepcionante, mediante la reflexión en la fe, resultó en una mejor comprensión de las debilidades humanas, entre las que se encontraban las suyas propias, que los juicios adversos de los hermanos prejuiciados le hicieron ver.

Miró la situación con «ojo bueno» y aprendió a amar aun a pesar de aquellas situaciones tan ostensiblemente penosas y comprobó, como el poeta: Su locura en su arrogancia; mi humildad en su desprecio (Lope de Vega).

Tal vez los otros le vieron también a él así, por lo que aquella situación le obligó a mirarse a sí mismo y obtuvo un gran provecho de ello, cosa que tal vez no habría hecho si no hubiera pasado por aquellas pruebas.
Rafael
AMDG