viernes, 20 de mayo de 2011

escritosypoemasderafaelmaranon: REHUSAR LA VOLUNTAD DE DIOS

escritosypoemasderafaelmaranon: REHUSAR LA VOLUNTAD DE DIOS: "Todo lo que rehúses, lo conviertes en tu antagonista . ¿Cuántas veces has tomado partido por algo que no te obligaba ni interesaba de maner..."

REHUSAR LA VOLUNTAD DE DIOS


Todo lo que rehúses, lo conviertes en tu antagonista. ¿Cuántas veces has tomado partido por algo que no te obligaba ni interesaba de manera directa o necesaria, fuiste enemigo de ese algo, y ese algo te fue durante tiempo adversario tenaz? Dejaste la lucha cuando comprendiste su inutilidad, y aquel asunto dejó de preocuparte, pues ya no lo resististe y lo convertiste con tu nueva actitud en una cosa más de las que todos los días suceden.

Es decir, al quitarle el aguijón de tu resistencia, lo desarmaste en ti mismo y lo neutralizaste. Ese enemigo, pues, fue enemigo mientras lo quisiste tú. Después, ya no fue nada. En ti nació y en ti murió; persona o cosa, pues, si es resistida y rechazada como mal, la haces tu enemiga. Se ve claro, en los deseos de revancha o en la realización de una venganza. Si te vengas de una persona, en ese momento te has hecho más daño a ti que el que tú le puedas infligir a él.

Rompes tu paz y te haces daño interior a ti mismo, no sólo ya cuando cumples el acto de la venganza, sino anticipadamente, mientras meditabas cómo hacerlo. Tal como el que tropieza con una puerta, y la emprende a patadas y golpes contra ella. ¿Qué consigue? ¿Piensas que el Señor Jesús mentía, se equivocaba, y deseaba equivocarnos cuando mandaba que no resistiéramos al malo?

Si por el contrario aceptamos las actitudes hostiles, agresiones e injusticias, con la perspectiva y visión de fe, y somos acordes con los propósitos del Señor, a la hora de hacer nuestros juicios y valoraciones, las cosas y los hombres que nos son adversos podemos y tenemos que considerarlos como dones y obsequios amorosos del Padre.

En el proyecto global de eternidad y gloria, Dios dialoga y comparte con sus hijos. Es puro amor que se muestra aportando en nuestros enemigos los elementos necesarios para nuestra corrección, en la adecuada dirección (Hebreos 12:5, 6). Como en todo es cuestión de fe. Es confiar en Dios en cualquier circunstancia.

De todo lo que me combate y me es enemigo, yo digo: «Señor, estoy de acuerdo en todo, porque tú, Padre, lo has dispuesto y realizado. Que se haga tu voluntad tan preciosa por la fe, que tú también me has regalado junto con la prueba. Y así tengo tu paz. Todo es posible para el que cree; y yo creo. (Marcos 9:23). No tengo que preguntar: ¿Dónde está tu voluntad? No hay que esperar una visión o señal en cada momento y en cada caso.

Lo que sucede... ¡eso es tu voluntad! No que yo reniegue y rechace tu voluntad (que muchas veces lo hago), No que yo soporte estoicamente tu voluntad (eso también lo hacen muchos paganos), ni que la comprenda siempre. Es que yo he de amar y amo tu voluntad en todo. Sed imitadores de Dios, como hijos amados (Efesios 5:1), amando y aceptando todo lo que el Padre disponga o haya dispuesto. Como dijo el mismo Jesús: No lo que yo quiero, sino lo que tú (Marcos 14:36). Así, en la plena aceptación, llega la paz más eficaz. Ya no más indecisiones, no más dudas, no más incertidumbres. Total liberación. Heme aquí, o Habla, porque tu siervo oye. (1º Samuel 3: 10-16)

Buscar la voluntad de Dios, y reconocerla en relación con aquello que se te enfrenta y a la luz de su Palabra. Con discernimiento espiritual y sana sabiduría. Con criterios de Dios. No podemos dañar al enemigo sin dañarnos a nosotros muchísimo más. ¡Ay del que se goza en la venganza!, ¡qué gran desgraciado!, ¡qué infeliz! Ya te has vengado, ¿y ahora qué? Por eso el Señor mandó sabiamente, haciéndonos grandísimo beneficio, que amásemos a nuestros enemigos. El se entenderá mejor con ellos. Yo pagaré (Romanos 12:19).

miércoles, 18 de mayo de 2011

escritosypoemasderafaelmaranon: - NO RESISTÁIS AL QUE ES MALO-

escritosypoemasderafaelmaranon: - NO RESISTÁIS AL QUE ES MALO-: " Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ..."

- NO RESISTÁIS AL QUE ES MALO-


       
        
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os
    maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen
 para que seáis hijos de vuestro Padre que esta en los cielos...
         Sed vosotros perfectos como vuestro Padre que está
    en los cielos es perfecto

                          (Mateo 5:39, 44, 45, 48)

Si ponemos oído atento y obediente al mandato de Jesús y no resistimos al que es malo, tendremos junto a su promesa una sanísima instrucción sobre cómo sobrellevar los asaltos de los malos y las agresiones que nos oprimen continuamente. ¿Para qué resistir al malo? Decía un humorista famoso que los puñetazos son mercancía que viaja; van y vienen (Wodehouse). Y la Santa Escritura: A cualquiera que te hiera en la mejilla, vuélvele también la otra (Mateo 5:39)

Presencié un día un pequeño atasco de automóviles cuyos conductores intercambiaron algunas palabras agresivas. Dos de ellos se bajaron de sus respectivos vehículos y se enzarzaron en una pelea. Si los estupefactos espectadores hubiéramos podido contar los golpes, tal vez hubiéramos podido decir ¡empate! No hubo nadie que los separara, porque en aquel alboroto solo se podían pescar bofetones y golpes variados.

Ya restablecida la circulación, cada uno volvió a su automóvil, y se fueron sin más palabras. He presenciado altercados estúpidos, pero éste superó a todos. Dos adultos dándose golpes mutuamente, para no dejar nada aclarado ni solucionado. Fue algo ridículo, que después hizo reír a todos los que lo presenciarnos.

Yo me pregunté: ¿Qué pensará cada uno de los contendientes de las hinchazones y moraduras sufridas? ¿Qué provecho sacarán de los golpes que ellos propinaron al contrario? Pura estupidez; pero sucedió y sucede continuamente de muchas maneras. Si queremos saber cuáles son nuestros fallos y cómo corregirlos, es preferible oír lo que piensan y dicen nuestros enemigos de nosotros que escuchar lo que te dicen los amigos.

Éstos, por ser amigos y desear seguir siéndolo, no osarán señalarte ninguna falta tuya por mucho que la conozcan, y menos aún, si a cualquier defecto que te señalen respondes con enfado y hostilidad y no quieres reconocerlo. Al momento lo convertirás interiormente en enemigo. Por eso tus amigos se guardan con cuidado de comunicarte tus defectos. Y para eso Dios dispone a tus enemigos. No aceptas consejo de amigo fiel y tendrás que oír censura de enemigo.

Pero entiende que precisamente por estas condiciones el gran favor de señalar y hacerte ver tus faltas y caídas. Para conocerte a ti mismo, que es tarea importantísima y de mucho mérito y provecho, son precisos los enemigos. Mientras el reino de Israel fue fiel no precisó de ejército alguno para defender sus fronteras de enemigos, merodeadores y saqueadores, cuando acudían todos a las santas celebraciones en Jerusalén. El Señor les guardaba con extrema fidelidad. Tuvieron siempre seguridad. (Nehemías 9:27,28)

Tan pronto olvidaron sus deberes y la atención debida a Dios, no les faltaron enemigos que les hostigaran. Sólo entonces, en la aflicción, cuando clamaban arrepentidos y en actitud de obediencia, fueron invariablemente defendidos por el poder de Dios, aunque su arrepentimiento sólo fuera algo momentáneo y efímero. Pero aun con tan débil ánimo, «quitaron de entre sí los dioses ajenos y sirvieron a Dios. Y Él fue angustiado a causa de la aflicción de ellos» (Jueces 10:13-16; Salmo 78).

Todo buen cristiano ama a su enemigo. Amar al enemigo es amarse a sí mismo. Y el cristiano conoce que cuando los caminos del hombre son agradables a Dios, aun a sus enemigos hace estar en paz con él  (Proverbios 16: 7). Tus enemigos abundan tanto dentro como fuera de ti. Es pues prudente abstenerse a juzgar y condenar, a quien al fin y al cabo, si no fuera por sus circunstancias especiales, es igual que tú. Solo Dios, es quien tiene derecho a juzgar. Dejémosle hacer.

AMDG

martes, 17 de mayo de 2011

¿ARBITRARIEDAD DE DIOS?



La aparente y. por tanto, falsa arbitrariedad que los paganos atribuyen a Dios, porque desconocen sus designios de amor, los cristianos confiados en su fidelidad la consideramos como lo que verdaderamente es: una prueba que, como a hijos amados, nos hace pasar para darnos reflexión, dirección e inteligencia espiritual, aun cuando observemos que viene concatenada con otros acontecimientos que a nosotros nos puedan parecer no relacionados con lo que nos atañe.

El cristiano escarmentado y de vuelta de las falsas filosofías, ya no pone atención ni hace depender su vida de las mundanalidades nocivas y, por tanto, tiene libres su mente y su cuerpo para oponer a la agresión externa o interna, las adecuadas contramedidas con total eficacia. En la convicción de depender de su Padre soberano y bueno, le es permitido al cristiano afrontar los problemas que emergen ante sí, con la elegante y desconcertante naturalidad que tanto sorprende a los paganos.

Ninguna agresión o padecimiento, hará derrumbarse al cristiano convicto y confeso de su propia debilidad y dependencia. Es el ser más débil e indefenso, y a la vez la más poderosa fuerza del universo creado. Al no tener poder propio alguno, posee para existir el poder de Dios en la plenitud de Cristo. Es hechura nueva elegida y privilegiada por Dios, «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Lo experimentamos, lo percibimos así en cada instante, y una alegría interior indescriptible, real y sentida profundamente nos invade momento a momento. En el triunfo o en el desastre mundano vemos impostores y engañadores. Tanto en una como en otra situación conocemos que, fijos los ojos en la luz del Cielo, podemos atravesar tranquilamente tanto la oscuridad del fracaso como la falsa luz del triunfo. Antes bien, en estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Romanos 8:37).

Ciertamente vivimos aquí, en otra esfera de la existencia, en la que se contemplan por la fe y la revelación, ambos lados del misterio de la vida y la realidad del más allá. Todo constituye un complejo de factores, que forman parte de una misma unidad del obrar de Dios. Percibida de una forma maravillosamente real, hace de nuestras vidas una experiencia trascendente y eterna.

Formamos parte del "Pleroma", es decir, de la plenitud de Dios en Cristo, y todo lo que acaece forma parte del mismo plan y de su misma realización. Nos llevaría tan lejos este pensamiento que hemos aprendido con simplicidad a decir, ¡amén! en cualquier circunstancia o tiempo. ¡Y sabemos lo que decimos!

La gran equivocación entre tantas grandes equivocaciones es que, a menudo, confundimos las dos palabras, mal y adversidad. ¡Cuántas veces hemos comprendido, aun desde nuestra mente testaruda, que aquella adversidad no fue un mal! Contemplado desde la actual panorámica, fue el salto a un enorme bien.

Por eso cuando comprobamos diariamente tal verdad, podemos  exclamar confiados: “menos mal que el Señor lo hizo a su manera, y no como yo creía que debía ser hecho”. Todo hemos de verlo como fin hacia la última manifestación de la gloria de Dios. Y la gloria de Dios es lo único de valor a buscar, puesto que, aun egoístamente, es la sola garantía de gloria para nosotros.  
AMDG

lunes, 16 de mayo de 2011

DIOS NUNCA NOS FALLA; SOMOS NOSOTROS




En todas las iglesias autollamadas cristianas, cuando se lee un trozo de la Santa Escritura se dice solemnemente: ¡Palabra de Dios! Nosotros verdaderamente lo creemos así sin más discusión, y por ello procuramos hacerla real y viva. Y es que para nosotros, estas palabras que se leen no son un acto más del ritual, por espectacular que éste sea. Son reales y transformadoras de vidas.

Podemos citar algunos pasajes, aunque para el creyente maduro e ilustrado existen infinidad de ellos. Toda la Biblia es consuelo, instrucción y ayuda y cada pasaje es útil para alguna necesidad específica. De todos modos expondremos algunos ¡Son tan hermosos! « «Mi alma está muy turbada y tú, Señor, ¿hasta cuándo?». (Salmo 6:3). «Conozco, Señor que tus juicios son justos y que conforme tu fidelidad me afligiste». «Sea ahora tu misericordia para consolarme» (Salmo 119:75, 76)

¡Cuántas y cuántas citas bíblicas podemos aportar! Son innumerables, y todas nos enseñan que el hombre, ante la prueba, conoce las dos cosas principales en medio de ella.

1ª Todo proviene de la voluntad de Dios, adverso o favorable aun desde nuestra corta perspectiva. ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo buena? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? ¡Laméntese el hombre de su pecado!... Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso» (Lamentaciones 3:37-39; 28).

2ª Dios sabe lo que hace; al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén. Romanos 16:27) 
La primera consideración ya nos proporciona un horizonte de alivio y esperanza Le sigue consecuentemente que la liberación vendrá en todas las ocasiones. Para  verdadero  creyente, hasta la muerte es una forma de liberación.

A veces esta liberación, este escape, se presenta rápidamente, y otras, aunque ocasionalmente parezca que se aplaza según nuestra torpe impaciencia, al final llega con fruto cierto y abundante (Hebreos 12:11).

Siempre hay liberación para el que está en el Señor si sabe esperar el momento oportuno. El Señor dice por boca de David: «Deléitate en el Señor, y El te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda tu camino a Dios y confía en Él: y Él hará» (Salmo 37:4-5). No es hacer ni ser por nosotros mismos, sino amar la obra de Dios y deleitarse en ella sabiendo que ha sido escogido para una gloria inimaginable. Solo eso produce los frutos del Espíritu:… el fruto del espíritu es amor, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra esto no hay ley. (Gálatas 5:22 y ss.) Es decir, que nunca nos pasaremos practicándolo.

Las formas, pues, y el tiempo del consuelo, hemos comprobado que dependen de Dios; como todo. Que el consuelo llega es cosa segura; basta estar confiado. La paz llena al creyente, que sabe que el Padre no aflige ni entristece por el placer de atribular a sus criaturas. «Antes bien, si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias» (Lamentaciones 3-32).

AMDG

jueves, 12 de mayo de 2011

ACTITUD Y PAZ


Pero hay que dejar bien aclaradas dos premisas principales para enfrentarse con un tema tan delicado. Primera. No es lo que nos sucede, sino nuestra actitud ante ello, lo que hace que cualquier dificultad con la que nos sentimos enfrentados sea para nosotros algo terrible, o sólo un inconveniente pasable. Repetimos, es la actitud subjetiva la que proporciona identidad y cuerpo a lo que nos sucede objetivamente. Un ejemplo: Cuando mi hijo era pequeño había que llevarlo periódicamente a la peluquería, a la que él aborrecía.

Era una "odisea". Tan pronto como el peluquero nos veía entrar en su establecimiento, nos lanzaba una mirada mezcla de simpatía y de compasión por él y por nosotros. El niño gemía, protestaba, sudaba... y el peluquero y yo con él. Una angustiosa hora era precisa para hacer el trabajo; tanto que  dejábamos pasar el tiempo más de lo conveniente, antes de volverlo a llevar.

Un día que se hallaba más sosegado pude persuadirle de que si se quedaba quieto, le podía prometer que el asunto duraría menos de la mitad del tiempo y el trabajo sería menos desagradable y aun pasable para él mismo. El niño era inteligente y comprendió. Dios sabe el esfuerzo que el chico haría con tal de contentarme. Lo cierto es que los siguientes cortes de pelo fueron totalmente tranquilos, sin gemidos, ni tirones ni sudores.

Éramos el mismo peluquero, el mismo padre y el mismo niño, pero la actitud de éste era distinta y todo cambió a mejor. Ya jamás volvimos a padecer aquel suplicio. La actitud del niño, confiado, positivo y calmado, fue el condicionante de aquella estupenda variación.

Podemos colegir, por este simple ejemplo que es nuestra actitud ante cualquier situación lo que condiciona decisivamente las circunstancias y resultados en casi todas las situaciones de la vida. Mala actitud y enfrentamiento es igual a sufrimiento. Buena actitud es serenidad y paz. Comprueben en un niño pequeño al que hay que ponerle una inyección.

En medicina, y ante cualquier intervención médica, lo que más aprecian los cirujanos es la serenidad y confianza del enfermo, que les facilita de forma extraordinaria la necesaria intervención. Y con lo dicho se puede hacer una extrapolación a toda situación.

Segunda. Muchas veces preguntamos: ¿Cuál es la voluntad de Dios en este asunto tan doloroso y complicado que me está sucediendo? Podemos decir con toda certeza: La voluntad de Dios es exactamente lo que me está pasando! ¡Esto mismo!

En esta actitud, que es difícil si es sincera, el creyente comprueba sin más cuál es la voluntad de Dios. La fe repite constantemente: ¡Esta es! Y ya no hay por que devanarse la cabeza ni agitar el corazón. Todo lo que ha pasado, pasa o pasará, es la voluntad de Dios. Los mismos sucesos son su voluntad y los resultados de esa voluntad.

Ya decimos que es difícil, en un trance cualquiera, decir y sentir esto con sinceridad y acatamiento real. Pero es así, y no de otra forma. Dios crea, vitaliza y controla su universo. No se descuida o duerme, ni tampoco se equivoca. Si lo sentimos así, comprobaremos más adelante esta verdad tan reconfortante.

Para empezar a guiarnos, en primer lugar hemos de tener muy en cuenta las afirmaciones de La Biblia, perfectas y verdaderas como lo que son: Palabra inspirada por Dios. El decurso de la vida nos da ocasión de comprobarlo, pero es más sabio obedecer y, después, sin complicaciones, verificar su eficacia y poder.

Rafael Marañón