viernes, 24 de febrero de 2012

LIBRES PARA NO PECAR




Las gentes no reflexionan sobre los móviles de sus hechos; sólo contemplan la periferia, y no alcanzan a discernir las consecuencias de sus actos. Para el creyente, está muy claro que cada acto trae sus consecuencias, y sus móviles al actuar en todo momento están claros en su espíritu y en su corazón.


Dios ya nos hizo libres y no estamos sujetos a las pasiones desordenadas. Tenemos orden, libertad, y poder para hacerlo bien. Esta actitud nos permite actuar con la libertad con que Cristo nos dotó, y vivir en paz interior continuamente. Conflictos, sí; derrumbamiento, no.


Hace muchos años una mujer creyente sufrió un conflicto con su hermano. Este tenía un carácter déspota, amenazador, egoísta y codicioso. Como era de esperar, la aplastó literalmente. Usó y abusó de su buena condición, disposición, y amor hacia él y los suyos. Fue una situación de gran injusticia, y ante la cual esta pobre mujer tuvo que soportar callando, el abandono y el desprecio de los familiares que de él dependían, y que él manejaba y manipulaba. Aquellas personas por las cuales lo hizo todo.


Al final de un largo calvario acabó enferma y despojada. Tuvo que rehacer su vida con ayuda de su esposo e hijos. Debido a aquellas continuas y crueles agresiones, elaboró dentro de sí un rechazo a todo aquello, y terminó por enfermar de una gran depresión. Poco a poco superó aquella situación sostenida por su fe, de tal manera que más adelante intentó, a pesar de todo, una reconciliación.


Fue una gran equivocación; echar perlas a los puercos, (Mateo 7:6) y no fue posible convenirse con él. Ante los repetidos intentos de aproximación y mediación de la familia, que conocía lo que había ocurrido, su hermano respondió negativamente.


Adoptó una actitud y unos modos ásperos y de rechazo total, de forma que le negaba hasta el saludo más frío. Claro está, se comprendía por todos que en caso de reconciliación, se pondrían de manifiesto las malas artes y la petulancia de su hermano, que saldrían a la luz todos los elementos que propiciaban aquella actitud. (¡Ay! ¡Y como le tememos a la luz! ¿Porqué será?)


Ella comenzó a contemplar la situación con criterios más y más profundamente cristianos cada vez, e hizo ver a todos su buena disposición a pasar página a todo lo anterior, asumiendo con madurez y serenidad el problema que tanto la acongojaba. Aceptó. Conservó la actitud perdonadora y reconciliadora, y vivió en adelante dando gracias a Dios de que fuera él, y no ella, quien mantuviera aquella mala situación.


Hoy, esta hermana vive en plena paz, y con las naturales nostalgias ha dejado de considerar el asunto como problema. Como decía una amiga suya, a la que ella admiraba por su presencia de ánimo ante las muchas adversidades por las que pasaba, con hijos y el esposo enfermos y corta economía: Lo que puedo arreglar lo arreglo, lo que no puedo lo acepto.


Y ésa es la actitud correcta. A la hermana de nuestra historia aquellos hechos que tanto dolor le hicieron padecer, aquel abandono y aquellas agresiones le parecieron buenas al fin, porque le proporcionaron un asidero más fuerte a la voluntad de Dios, y le acercaron mucho más a Él. Al que ama a Dios todo esto le resultará muy comprensible.

DE LA DIVINA HUMILDAD



A manera de introducción al tema, o materia
En éstos escritos, procuro que otros conozcan lo que tanto me ayudó a mí.

Contiene llamadas a pasajes bíblicos que orientarán mejor que el mismo texto a los lectores interesados. Todo unido, creo, contiene bastante que examinar y meditar.

Por otra parte, tampoco persigo elaborar una enciclopedia, perfectamente ordenada en fondo y forma, estructurada al máximo y con una metodología estricta. Prefiero que predomine la espontaneidad, ya que insistir en la perfección de la forma es, al menos en mi caso, la mejor manera de arruinar el contenido.

El Espíritu y el orden racional no se llevan bien. Obsérvese la Biblia y se apreciará sin duda el bello y ordenado desorden en que el Espíritu se expresa por medio de los más variados estilos y autores... de los cuales, pocos había con la carrera universitaria de escritor, si se me permite la ironía.

La lectura del evangelio de Juan me provocó, en mis principios, este desconcertante sentimiento: las respuestas de Jesús le parecían a la parte racional y sistemática de mi mente, evasivas que no respondían a la pregunta formulada ni a la cuestión suscitada.

Sólo cuando comprendí a Jesús me llené de admiración por este evangelio. Porque sus respuestas, ciertamente, no contestaban como a mí me parecía que debieran hacerlo; como mi mentalidad racional-occidental esperaba... pero lo que decía era incuestionablemente cierto y contenía aún más que lo que la pregunta formulada pretendía obtener.

Yo pretendía que el escritor pusiera en boca de Jesús el discurso de un catedrático asiduo a las tertulias de televisión, en tanto que el evangelista no se preocupó tanto de complacerme a mí, como lector, sino de complacer al que dejaba su espíritu libre para comprender las palabras del Maestro, como, asimismo, quería Jesús.

Es decir, fui yo mismo, por el Espíritu, el que se acercó y amoldó a la Palabra. Y es que con el lenguaje del Espíritu no puede perseguirse escribir un manual ni un libro de texto.

De modo que, si usted busca aquí un escrito a la manera "académica" y moderna, no lo va a encontrar. Si en cambio, busca compartir verdades espirituales, por más que usted ya las conozca, pero expuestas desde otro punto de vista, podrá encontrarlas: lea y forme su propio criterio.

Si las conoce, ¡enhorabuena! Si discrepa en algún punto, al menos le habrá hecho pensar, y sería de gran ayuda para mí que me lo comunicara. Todos somos maestros y también aprendices. Si le dice algo que no conocía o sobre lo que, simplemente, nunca se había puesto a pensar... esta modesta obra habrá cumplido con creces su propósito.

No me he molestado en ser original, tanto más cuanto que no hablo de nada nuevo: es, de hecho, importante que lo expuesto sea conocido por todos los siervos de Dios, como lo ha sido para los que durmieron, años y siglos atrás.

Gracias a Dios por su sabiduría al repartir sus dones a sus siervos, y darles mayor utilidad para todos. El es, en su Palabra y en su Revelación, la mejor bibliografía.

La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Ap. 7-12

 

ALEGRE CANCIÓN



Una alegre canción te canto ahora,
María, madre mía y santa hermana,
Y te sueño durmiendo y de mañana,
Cuando se oculta el sol y en blanca aurora.

Heridas que curaste auxiliadora
Del siniestro pasado, con arcana
Virtud sobreabundante, cual campana
Que suena melodiosa a toda hora.

Es santa mi canción, para una santa,
Y es musical mi canto y mi alabanza,
Por ser mi corazón el que la canta.

Se disipa el pecado que me espanta;
Acude el gozo, reina la alianza,
Y el pacto del Señor, no se quebranta.

¡Oh, madre sacrosanta!
A ti, que siendo humana y ya gloriosa,
Te rindo mi canción, franca y gozosa.

SÍ; SOY CRISTIANO


Pues no, mi estimado “comentador”. Usted no es según sus escritos un agnóstico, sino como yo, y cualquiera que tenga dos dedos de frente, un escéptico. Porque escépticos lo somos todos.


Yo soy escéptico, por ejemplo, con respecto a la vida americana, ya que muchos de los clichés que se hacen sobre esta forma americana de vivir y de sus metas y medios de conseguirlas, me parecen algo manipuladas, y no tan uniformes como parece que quieren hacernos creer.


De lo que no tengo duda, es de que existen los Estados Unidos, porque aunque yo no he estado allí y, por tanto, no lo he visto ni oído, hay numerosísimos testimonios de su existencia. De ellos me tengo que fiar.


Si he de desconfiar de todos y cada uno de los que me han hablado de EE.UU., o de los he conocido, viviré siempre, no creyendo ni en mi propia existencia.


Por tanto yo no me ando por las ramas, y acepto con precaución todo lo que supone la existencia de ese gran país, y el resto lo explica la historia. Por supuesto que no resulta una misma historia, contada por un rival del reinante de turno, que la de sus apologistas, pero algo va uno sacando en limpio. ¡Tampoco es uno tan bobo!


Vivimos por fe todos los que andamos por este mundo. Si usted tiene dinero en el banco, cada vez que va a él y tiene cuenta, cree y espera que su dinero esté efectivamente allí. Y allí está…supongo.


Usted sube a su auto, creyendo día a día, que va a salir funcionando tan pronto lo desee. Todos cuando nos acostamos, creemos que vamos a levantarnos al día siguiente. Es algo ya rutinario. Así todo, con sus naturales excepciones.


Digo todo esto porque usted me indica que tiene un automóvil, que vive en una casa, tiene hijos y esposa, y además parece que, por su comportamiento, los vecinos le tienen por ser buena persona. Naturalmente, como explica,  sin ser cristiano. Eso de ser bueno me parece estupendo.


   Le será más fácil, enviar su dinero a los que se ocupan de atender a la gente de los desgraciados países que sufren tanto, mientras se hace o no esa revolución mundial, que tantas veces ha fracasado y fracasará. Los humanos somos así, todo lo que tocamos lo pudrimos.


No trate de cambiar lo que ya viene determinado y acabado. No vale la pena. Solo un cambio en el corazón de los humanos puede redimirnos. Eso intenta el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, y la Iglesia Cristiana. Lo demás es… como usted mismo me dice.  

SOLI DEO GLORIA FONT

 

 

Estimado comentarista: Quiero aclararle mi posición tal como usted me pide. Me sirve para todos, y con gusto le respondo. Ante todo hay que aclarar con un versículo muy útil: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, (1ª Timoteo 2:5). Partiendo de esta base ya podemos progresar.

Si las personas andan con dudas y haciendo preguntas saduceas, es porque se trata de “divertimentos” que un cristiano no tiene la obligación de secundar. Si hay buena intención y deseo de saber, estoy a su disposición hasta donde llegan mis débiles fuerzas, para aclararle cualquier cuestión que yo pueda discernir.

Platón, Aristóteles… etc. y San Pablo, ya han dirimido la cuestión de la responsabilidad. Hay unas películas de anticipación, en las que las personas ya no tienen responsabilidad, porque todo se supedita a la sociedad. Esta estima, que el que no sigue sus consignas, es un enfermo o loco al que hay que tratar de forma suave, y considerando que si ha delinquido de alguna manera es a causa de su desfase social.

San Pablo dice claramente: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago... Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos 7:15 al 19). Es obvio que en la naturaleza humana existe una dicotomía de tal manera sabemos que es lo bueno, pero en determinadas ocasiones tendemos a hacer lo malo. Y a veces podemos sentir cierta fruición al hacerlas.

Sabemos que comer chocolate, helado, dulces en gran cantidad, es pernicioso para nuestro organismo, pero aun así vemos que uno de los principales problemas en la moderna sociedad es la obesidad. Y cuando vulneramos las limitaciones sentimos algo de regodeo al hacerlo.

Las tentaciones no son otra cosa que atracciones más o menos dominables, que nos llevan a hacer el mal de cualquier manera. En los filósofos paganos, estas tendencias son tratadas desde la afirmación de que el individuo discierne el mal del bien, pero encuentra apetecible hacer el mal, aunque conoce que debiera hacer el bien.

No se trata solamente de ira o concupiscencia, sino de que la tendencia es hacia el mal en muchas ocasiones, y muchos creen cuando están metidos en el mal, que es el bien lo que están haciendo. Hay como digo cierta fruición, en personas al rechazar a Dios y a su Cristo. En sus burlas saben que hacen el mal, pero ellos quieren creer que es el bien; ellos pretenden determinar lo que es, tanto el bien como el mal.

En el cristiano, esto último está solucionado, porque Jesucristo no solo da la pauta a seguir, sino que también nos da el Espíritu para que podamos vencer al “hombre viejo”: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (Efesios 4:22)

Este refuerzo divino es algo que solo percibe el convertido a Dios y que disfruta de las caricias y también los admoniciones de Dios, seguidos del correspondiente consuelo. Dios nos conoce bien, y por eso usa de misericordia en el trato con nosotros, que coceamos contra su palabra y su protección, tal como hacía Saulo de Tarso.

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Romanos 8:26). Ya sabemos quien realmente ayuda.

MATRIMONIO, DIVORCIO, Y OTROS CONFLICTOS. ENSAYO



Aportaciones de un osado heterodoxo cristiano, sobre un asunto controvertido.

CONTRAPORTADA DE E.M.T. 

El autor, Rafael Marañón, es un versado estudioso bíblico profundamente ecuménico. En sus escritos se detecta la dirección en la que marcha su trabajo integrador como mandó Jesús: Que todos sean uno. (Juan 17,11). Una labor no excluyente ni agresiva, sino comprensiva con la naturaleza humana, que él conoce muy bien.

Por ello, nunca está contra ninguna clase de expresión religiosa, en lo que de reconocimiento de Dios aporte. No obstante mantiene su postura en el seguimiento de Jesús, y en el amor que siente hacia todos los que en cualquier momento y lugar, invocan el nombre de Jesucristo como Señor de todo y de todos, como se dice en la carta del apóstol Pablo a los fieles de Corinto. (Capítulo 1º verso 2).

En sus numerosos estudios a lo largo de muchos años de militancia cristiana, se refleja la decepción por el estado del cristianismo dividido, a la vez que la denodada esperanza, que le hace esforzarse en su continuo bregar contra el relajado ambiente que prevalece en la sociedad moderna, en relación a la espiritualidad cristiana.

En este libro, trata de poner de manifiesto datos que, aun modestamente, orienten a los cristianos de cualquier confesión, en la comprensión de las relaciones conyugales, procurando aclarar las nociones de matrimonio, divorcio, fornicación, separación, poligamia, y otros conceptos, que son tratados por separado.

Al final incluye unas entrevistas realizadas en su día, relativas al mismo tema, y que reflejan algo de su personalidad cristiana.
La obra simple y llana, puede satisfacer las expectativas de toda persona por muy escasa que sea su comprensión o conocimientos.

Comentario a la contraportada

Así es la contraportada del libro, que se da a conocer en este blog. Puede que haya incomprensiones o discrepancias válidas, y todo lo que se relaciona con un escrito o libro que trata de cualquier asunto. Además de que fue escrito hace ya bastantes años y puede chocar con las costumbres y las situaciones actuales.

Más aun de uno que trata de matrimonio con las facetas que tiene el negocio este de la pareja desde milenios, y las tan distintas sensibilidades que existen entre las personas, debidas a la educación y a su nivel moral y material.

Espero no disgustar demasiado a nadie y me remito a una sensibilidad arrastrada de una experiencia dilatada y a unos conceptos que no necesariamente han de coincidir con los actuales aunque sus vivencias sean tan permanentes como las del tigre o el mosquito.

A vuestra comprensión me entrego, y a la dirección de Señor Jesucristo mentor y maestro en todo lo que hago. A Él la Gloria en todo.






LA POLÍTICA PROSTITUIDA.


Hablar hoy de política sin saber nada más que lo que vemos en la calle o en los hogares es de una temeridad terrible. Yo voy a decir lo que siento y que Dios reparta suertes. La clase política se ha constituido como ya denunciaba Milovan Jilas en una nueva clase, ávida de grandezas. Una nueva aristocracia arrojada sobre sus prebendas, y ciegamente ávida por disfrutar del dinero público.

Pero nadie dice nada porque como son todos, ni los seguidores de unos y otros dicen nada, porque les parece muy bien que se inflen "los suyos". Es un pueblo despojado de valores, no digo ya cristianos, sino los que de siempre han sido respetados y encumbrados. La honestidad, la honradez, la formalidad y claridad, y el cumplimiento de la palabra dada.

 Utilizando descaradamente los privilegios que les concede la gobernación y convirtiéndolos en un privilegio personal, cada cual se aplica a disfrutar de su situación de la manera que les venga a ellos bien. Una nueva aristocracia se ha generado como si ya no estuviéramos hasta el gorro de aristocracia hereditaria.

Queremos la verdadera aristocracia que es la del mérito y el trabajo, la de la verdadera solidaridad, y no el cuento que tenemos de subvenciones para cualquier porquería que un amigo pida a los influyentes políticos. Es cierto el chascarrillo que decía en una reunión de políticos “ahora que hemos decidido subirnos el sueldo un 30% digamos todos a la vez ¡yuuuupppi!” Para eso si están todos en unanimidad

Ninguno de ellos se despoja de sus influencias, y se dedica a servir  fielmente al Estado que les paga y que les da tales privilegios. Todos hablan de austeridad, reglamentar los beneficios de cada cual, pero ninguno es capaz de decir que se rebaja un 30% en época de crisis. No saben hacer lo recto, dice Yahvé, atesorando rapiña y despojo en sus palacios. (Amos 3:10)

Pienso que los políticos deben ganar sin duda para que se puedan dedicar a resolver problemas que nunca faltan en los países sean de una clase o de otra. De otra forma tendríamos que sufrir una clase política como la que estamos sufriendo, que lleva el país a la ruina, aduciendo como coartada la crisis europea, para tapar los derroches y las arbitrariedades que cometen.

Esta dichosa crisis, que en España ha coincidido con una crisis mundial, por casi las mismas causas en todos, que creían estar viviendo en una Jauja norteña, mientras las gentes del sur mueren como conejos con mixomatosis. Eso está bien, como se decía en la película del Padrino: “los negros como no tienen alma pues si mueren, ¡que mueran”. Y los indios, y los demás que no son los opulentos blancos. Y nos enfadamos si protestan o se rebelan.

Y así se ha montado una infecta aristocracia, o como la llamaba Papini “coprocracia”, que hace tantas burradas, atropellos, y desafueros absurdos, e injusticias de tal magnitud y descaro, que ya la gente no se mueve ni se estremece con ellas, sino que les sirven de diversión o de poder criticar al bando contrario de donde pertenecen ellos. ¡No passsa nada!

Y este es el pueblo que un día como dice Quintana e poeta tedió a todos los vientos sus velas y “todo el mar Atlántico se hallaba sembrado de su gloria y su fortuna”. Ahora es una caterva de desaprensivos que sin moral ni valores, pretende detentar la razón cuando no se merece, sino lo que un pueblo inconsciente, ignorante y cretinizado, le puede dar en caso de darse malas las cosas.

Y padeceremos todos del mismo mal, porque cuando esa peste aprieta nadie está a salvo, nadie quiere a nadie, y nadie se responsabiliza, diciendo cuando piensa en su pecado ¿Qué he hecho? Desdichadamente nadie piensa en su pecado. ¡Lo hacen todos! ¡Supremo argumento!