viernes, 14 de octubre de 2011

NO HAY DERECHO A ESTAS EXIGENCIAS

 

No sé si esto de ser cristiano es algo que permanece en un claroscuro, de tal forma que cualquier forma de  simpatía por la figura de Jesús les basta a muchos para sentirse “buenos cristianos” la moral cristiana parece ser en muchos, un tipo de moral permisiva, o de medias tintas, vista como una soldadura entre cristianismo y sociedad.

Ya Jorge Rieju habló del pesimismo en la sociedad que, a pesar de ser próspera, anda entre la paranoia a perder su opulencia, a la estupidez de pretender ser lo más grande, ignorando el minúsculo puntito que es nuestro planeta en medio del Universo Creado. En los pobres ya es un caso sangrante.

Hay dos, entre tantos versículos bíblicos, que a mí me llenan de perplejidad. Son versículos disuasorios, que ponen coto a cualquier intento de ser coherente con la Escritura, y por otro lado son estímulo para los que, valientemente, se meten hasta el cuello, en un mar de dificultades para hacer la voluntad de Dios.

¡Ser discípulo de Jesús! ¿Usted quiere serlo? Pues aplíquese usted el siguiente versículo bíblico: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14: 26) Bueno, a ver como se come esto. ¿Cómo puede exigirse tal renuncia.

Lo primero que se nos viene a la mente, es la absoluta soberanía de Jesús, y la voluntariedad de la fe en Él para hacer un esfuerzo semejante. La exigencia para un hombre del mundo, es simplemente absurda y fuera de razón, como dicen muchos de los que me escriben.

Solo la fe decidida y esperanzada puede recorrer un camino que es angosto y con numerosas dificultades. La gloria de la Victoria suprema, es para los bienaventurados suficiente estímulo para hacer buenas esas exigencias de Jesús.

Por supuesto que la maravillosa oferta puede ser rechazada por cualquiera. Tal vez no la ha conocido nunca, pero hay juicio como dice San Pablo en la secuencia de las postrimerías: Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio…  (Hebreos 9: 27).

Así pues hay premio al que se entrega en su totalidad a Cristo mientras que hay damnación a los que se rebelan: el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;

tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios. (Romanos 2: 6 al 11)

Se pueden creer o no, estos asertos de la Escritura Santa (Biblia), y de lo que declaran los hombres que siguen, institucionalmente o no, estas cosas de La Revelación. Desprendámonos ante todo de las banderías y de las agrias discusiones. No pensemos que con nuestras predicaciones o escritos etc. ya hemos ganado la plenitud de la compañía de Cristo Jesús.

Siervos inútiles somos, y lo que teníamos que hacer, eso hicimos. (Lucas 17:10) A pesar de esto, se nos dirá a los bienaventurados que entremos en el reino definitivo de los Cielos: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. (Mateo 25:23) Los dichos de Jesús se creen o no, pero no se ignoran por los que pretenden confesarse seguidores.

FANÁTICOS Y TODO ESO.


Desconocido amigo: no le conozco pero le agradezco sus palabras. Dice que soy un fanático ¿De qué soy fanático? ¿De Jesucristo? Sí que lo soy. No quiero vivir una vida sin rey ni Roque, ni fe ni conciencia. Soy feliz con mi fe (que no es creencia de ignorante), y recomiendo a todos que se entreguen a esa forma de fe.

Si consideramos que la vida es corta y es milicia, que decía el Santo Job, nos daremos cuenta que hasta a los que mejor les va, viven plenos de miedos y paranoias. El dinero es un diocesillo que lo mueve todo, pero no da vida; la sabiduría espiritual, sí, da vida. Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores. (Eclesiastés 7:12) Usted podrá tener mucho dinero, pero si no tiene paz y esperanza de una vida eterna, va usted aviado.

Y ya no le digo de los que la vida es para ellos una “perra vida y un perro sufrir”. Como dice el apóstol: Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, ¡oh amados! estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. (2ª Pedro 3:13, 14). Eso espero y sobre todo espero a Jesús como mi amigo, de verdad, sin condiciones ni reproches.

En multitud de ocasiones he hablado del esfuerzo que me cuesta creerme que un organismo humano, tan bien hecho, o el Universo, o la luz, o tantas cosas surgieron por arte de birlibirloque. La verdad que he querido darle crédito a los ateos, como una opción más, y no he podido por mucho que he esforzado mi mente y mi espíritu.

Y en cuestiones sociales, la fe dice a todos: no mates, no juzgues mal, no hagas juicios temerarios, respeta a tu mujer/marido, amarás a los demás y serás solidario, etc. Que a usted no le guste tal o cual clérigo, sea de la observancia que sea, es otra cosa; igual a usted le parece malo, y en cambio es una buenísima persona.

Una vez adelanté de mala manera a una furgoneta, y tuve que parar un poco más adelante por un obstáculo que la monja que la conducía vio, y yo no. Pero amigo, había que oír a la monjita de marras.  Por la furia (justificadísima) de la monja, no puede usted calificar a los clérigos y “clérigas”, y menos a la Iglesia, como no puedo yo calificar a todos los no creyentes, ateos o agnósticos, por los crímenes de “Jack el destripador”. Y menos a la monjita.

Verá usted; para engendrar una “boutade”, no hace falta meterse en estos berenjenales religiosos; le sugiero batallar con la política, que se presta a toda clase de especulaciones y opiniones. Ahí sí que hay un buen filón, para los que quieran dar su opinión. Le aconsejo pues que se emplee a fondo con estas materias políticas que dan tanto de sí. El mundo no lo hicieron los albañiles, como usted jocosamente me dice de broma,   


El reloj lo hizo el relojero
El mundo lo hizo Dios
No hay reloj sin relojero
No hay mundo sin Creador.

ANTIGUA COPLILLA DE MI NIÑEZ QUE AUN VALE

domingo, 9 de octubre de 2011

AGAPITO MAESTRE Y LA MORALIDAD


No tengo casi tiempo u ocasión de leer a D. Agapito Maestre, pero en los más destacados o leídos, me  ha llamado la atención un artículo suyo en el que habla de la inmoralidad extendida por todas las capas de la sociedad; sobre todo, hacía hincapié sobre los políticos y defraudadores del fisco.

Y tiene razón. Espero que si vuelve a gobernar el PP, (que no debiera haber dejado de hacerlo), y “el miedo guarda la viña”, las experiencias debieran servir para algo, y las cosas podrían ser ya de otra manera, en esos niveles en los que se vigilan tan estrechamente unos a otros.

Y en esa esperanza reposamos los que de una u otra forma queremos una justicia verdadera, que no se va a implantar hasta que no llegue el antiguamente llamado “maestro de justicia o rectitud” entre los esenios.  Que es de sobra y probadamente el Cristo de Dios esperado. No hay conducta mejor, ni semejante, en ningún ser humano filósofo o estadista.

La conducta cristiana, que solo es lo que recomendó Jesús que siguiéramos es la única posible, pero Él no dijo nunca que la seguirían grandes masas, sino que dijo: porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mateo 7:14).

Son pocos los que se toman en serio el capítulo tan decisivo en la vida del hombre y de los Pueblos, que se manifiesta en toda conducta personal  y culturas mundiales en general. Esto determina el vivir de las gentes, y es notable lo que un cristiano de veras es capaz de hacer por los más necesitados.

El humanismo sin Cristo quiere emular al amor cristiano y a fe de que hay muchas personas que de alguna manera ayudan a los necesitados por compasión o por ética personal. Esas personas aunque no piensen como cristianos, son, si no aliados en el propio sentido de la palabra, sí co-beligerantes contra la pobreza y la injusticia.

Es loable, aunque carece de la motivación necesaria para darse en la totalidad de la persona que ayuda; solo el cristianismo es capaz entre todos de amalgamar los buenos sentimientos humanitarios, con la entrega a algo que en el fondo es amor de la mejor especie conocida por los humanos.

Así pues, vemos a personas motivadas, cristianas y bastante cumplidoras, que tienen que ser amonestados continuamente para que revisen y entren profundizando en la Escritura, y teniendo a esta por bandera y forma de vivir.

Esto, multiplicado e interiorizado por muchos, sería un antídoto contra la inmoralidad general, que ya no se trata solamente de la materia sexual, sino que también abarca otras clases de moral como la de no tomar lo que no es de uno, y ser serio y no deber lo que no se puede pagar, porque eso es robo aun siendo inconsciente. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. (Romanos 13:8) Nada más fácil.

Y si un pueblo no tiene una moral, cristiana u otra, que aborrezca el robo, que reservase la libertad individual dentro de unas leyes, no hechas “pro domo sua” por los políticos de un bando prevalente, o por el dictador de turno.

El Contrato Social de Rousseau, ni es tan malo como dicen los críticos, ni tan bueno como afirman los apologistas. Simplemente, se restringen las libertades individuales en beneficio de todos. Es la ley que en Inglaterra obliga a circular por la izquierda a los automóviles, y en Europa continental por la derecha.

Orden y respeto, no son tan difíciles de acatar, cuando sabemos que si hay una emergencia en nuestro hogar, podemos llamar a un médico, a la policía, a los bomberos etc. Y Dios sobre todo y en todos.

sábado, 8 de octubre de 2011

CARTA AL SR. ARREGUI (DISCREPO)



Sr. Arregui ataca al obispo Munilla              

Veamos Sr. Arregui: Le conozco por sus escritos . Escribe bien, es famoso, y tiene sus ideas sobre lo que tiene que ser la Iglesia Católica. Creo que cuando se hizo sacerdote, prometió (tendido en el suelo) que obedecería al superior sin más averiguaciones, pues el estado eclesial de este, le permite a él, sea quien sea, ver desde una panorámica más amplia. Y simplemente porque es su superior.

Yo también tengo mis perplejidades, y sin embargo me parece que lo que se dice en la jerarquía de la Iglesia (la que sea) debe ser respetado. Si mezclamos el sentimiento nacionalista (todo lo respetable que se quiera) con la misión de la Iglesia Universal, el potaje está más que contaminado. Y realmente ensucia todo. No se queje tan dolido, que no es para tanto.

Su acto de desobediencia, Sr. Arregui, es inaceptable, y por muchos motivos no edifica a la Iglesia, porque da a muchos inocentes o necios, ocasión para que ande cada uno por ahí, predicando su percepción particular sobre los misterios de su religión. ¿Dónde está la humildad, la paciencia, y la esperanza de la resurrección?

Dios es Dios de orden, y no se persuade a las gentes que se puedan interesar por el Evangelio, por medio de las percepciones particulares, porque como se dice en otro lugar: entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,  (2ª Pedro 1:20)

Por muy estimables que sean las formas de ver la misión de la Iglesia por su parte, Sr. Arregui, la obediencia es la mejor de todas. El mismo Cristo, quería que el Padre lo exonerara de los sufrimientos de la cruz y de la muerte, pero aprendió que la obediencia era la mejor forma de cooperar con su Padre Dios. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. (Hebreos 5:7)

Usted puede elegir, como yo he hecho. Usted debe practicar la humildad y la renuncia al mundo, obedeciendo, y no sacando al público las faltas de su superior, con lo cual se descalifica a sí mismo. Le han dicho que se calle; ¡cállese! Lo que dice o tiene que decir, no es tan importante ni ha descubierto la pólvora sin humo. Teólogo de fama ¿y no sabe lo que es morir al mundo?

Yo también -y cualquiera- tengo mis opiniones sobre lo que se puede mejorar y lo que no, pero un servidor no ha jurado obediencia a hombre  ni institución, porque libremente me someto a lo que otros me dicen, y sé que es bueno. Algunas veces francamente mejorable, pero “el que la lleva la entiende”.

Los prelados tienen más responsabilidad, y cuentas más estrechas que dar en el día del juicio. Y por tanto, toda desobediencia y porfía deben desecharse, porque también a nosotros se nos pedirán también estrechas cuentas. ¿Y que pasa si se equivoca usted? ¿O es infalible? Si para usted no es el Papa, ¿Cómo puede pensar que lo es usted?

No quiera ser notorio, porque si era franciscano, no veo en que imita usted al fundador ni a Jesús, que sufrió toda clase de afrentas y contradicciones y calló como cordero llevado al matadero. No abrió su boca. Imítelo con paciencia, reverencia, esperanza de vida eterna, y fe.

Haga lo que debe, y no pretenda ser más listo que sus superiores. Eso es buscar el mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1ª Juan 2:7)

Todos tenemos nuestras formas de ver lo que hay en la Iglesia de Dios, “columna y baluarte de la verdad” y conocemos los fallos (propios de humanos) en ella, pero usted se ha pasado en mucho. A unos les parece que la Iglesia avanza lentamente, otros que demasiado rápido, y llaman al Papa “anticristo” (Lefebvrianos), con un descaro que ni una persona de denominación diferente, admite contra una persona, que se supone que es el referente de ellos. Y lo hacen desde adentro, y además invocando la más rigurosa ortodoxia.

¿Porqué la Iglesia de Dios ha de evolucionar si su mensaje es el mismo como dice la Escritura: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Hebreos 3:8) Todo pensamiento propio, todo juicio propio deben desaparecer del cristiano. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. (Juan 12:24) ¡Muera usted al mundo! Arrepiéntase y humíllese un poquito, que le conviene.

¿No ve usted, Sr. Arregui, que está dando pábulo al mundo para usarlo a usted contra su propia Iglesia? Se ha convertido (a mi parecer, y con harto dolor y reverencia se lo digo), en un bigardo que cencerrea, libando de los aplausos de cada cual que se cree que sabe mejor que nadie lo que la Iglesia necesita.

Pido humildemente disculpas por mi atrevimiento, pero tal como usted, y sin estar bajo ninguna disciplina eclesial sino en la fe de Jesucristo, también tengo derecho a decir lo que pienso.

En Cristo  


 



Jose Arregui, teólogo franciscanoRetrato oficial del obispo

sábado, 1 de octubre de 2011

QUIERO CREER. (POEMA)



Quiero creer Señor, pues tú así me lo mandas;
Quiero en amor crecer pues eso a ti te agrada;
Quiero mirarte fiel, pues eres mi alborada,
Y todo a ti entregarme, pues tú me lo demandas.

No admito imposiciones de míseros caciques
Armados de cadenas y tenebrosos grillos,
Que déspotas inundan de pompas y de brillo
Las mentes subyugadas por cínicos paliques.

Amar la libertad que tanto te ha costado;
Servirte siempre a ti y no a un embaucador;
Honrarte con mi esfuerzo, gozarme con tu amor,
Y darte a conocer con paz y con agrado.

No quiero que mis sueños que tú ya has bendecido
Me causen sobresaltos, o dudas, o temores,
Pues vivo en confianza gozando tus amores,
Sin traumas ni opresiones, sin pena ni gemido.

Tu muerte ya ha pasado y al ser resurrección,
En ti mi alma salvada, serena se complace,
Sabiendo que mi Padre bien sabe lo que hace,
Y solo quiere darme su amor y comunión.

Dichoso doy las gracias al Padre de las luces,
Que alumbra mi carácter, mi mente y mi razón,
Y a ti, Jesús bendito, te doy mi corazón,
Sabiendo que lo limpias, lo guardas y conduces.

jueves, 29 de septiembre de 2011

COSAS DE D. JOSÉ ANTONIO PAGOLA (TEÓLOGO)

Dice textualmente D. José Antonio: La religión no siempre conduce a hacer la voluntad del Padre. Nos podemos sentir seguros en el cumplimiento de nuestros deberes religiosos y acostumbrarnos a pensar que nosotros no necesitamos convertirnos ni cambiar.

               Son los alejados de la religión los que han de hacerlo. Por eso es tan peligroso sustituir la escucha del Evangelio por la piedad religiosa. Lo dijo Jesús: "No todo el que me diga "Señor", "Señor" entrará en el reino de Dios, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo"

Estas palabras de Pagola, supuesto católico, me hacen pensar en los miles o millones que se creen superiores a los demás, porque permanecen dentro de una iglesia y a la vez la socavan desde dentro. Y díganme ¿Quién es el que hace completamente su voluntad? Me recuerda un librito antiguo titulado "COMO SER CRISTIANO SIN SER RELIGIOSO".

Y mientras los que tienen cargo de pastores, partiéndose el alma tratando de hacerlo lo mejor que saben. Y si tienen faltas, ya tienen un Señor que es abogado de ellos ante el Padre, como lo es de nosotros mismos, del mismo material que ellos.

Pienso que Jesús, a pesar de los muchos reparos que tenía contra los detentadores del judaísmo religioso, no tenía inconveniente en acudir al templo a orar y enseñar. Con las personas de la clase sacerdotal, doctores, etc. que mostraban buena fe, no dudaba en juntarse y enseñar o discutir, oyéndolos, desde que tenía unos doce años. (Lucas 2:46)

Que era contrario a los abusos, era obvio en persona de su linaje divino. De ese mismo linaje somos nosotros los que le amamos: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable (1ª Pedro 2:9). Por eso también abominamos de lo malo, dentro o fuera de la Iglesia, y no solo me refiero a la I. Católica. Y si además, nos miramos a nosotros mismos, mucho mejor.

Todas las confesiones están regidas por hombres, con las mismas lacras y naturaleza que todos nosotros. Los casos de apego al cargo por parte de los jerarcas de cualquier Iglesia, así como las desviaciones de los judíos, tanto sacerdotes como comerciantes del templo de Jerusalén, provienen de una deformada manera de concebir el oficio tan principal que se les puso o  ha puesto en las manos.

Si lo cumplen o no, es cosa de la que ellos han de responder. Jesús mismo dijo de los responsables del templo: Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. (Mateo 23:3). Y aquellos administradores no atendían a razones. La Ley era la Ley, y nada había que hablar de ese asunto.

Se me puede argumentar que Jesús los trató muchas veces de “hijos del infierno” y otros epítetos semejantes, lo que no hacía mucho favor a los que iban en su busca, con intención de atosigarlo y aplastarle. Por eso mismo les calificó con dicterios tan certeros, merecidos, y duros. Pero no por ser doctores, sino por su mala intención.

Esta oposición nos fastidia a todos los que, desde nuestra modesta formación, pretendemos dar a conocer el simple Evangelio de la Gracia de Dios. En el miramiento, análisis, y separación de lo que encontremos de malo en estas personas doctrinalmente, está nuestra misión.

Y también con respeto, y comprensión, a los que por causa de su cargo o la dignidad de tal cargo, creen que son superiores, cuando los más eminentes y famosos, deben de ser como niños en el Reino de Dios y su Cristo.

El Sr. Pagola, debe creer que todo el que se dedica a la función pastoral es una persona plena de taras espirituales y debe ser intachable, si no lo es, y que él si lo es. La aspiración es la perfección, pero… Él no tiene en cuenta las repercusiones que pueden tener sus tesis en el conjunto de la cristiandad.

Las decisiones que se tomen por causa de doctrina, conducta, presunción, etc. de los responsables en la Iglesia de Dios, tienen repercusiones enormes como ya nos ha demostrado la historia. Y así dice Pablo apóstol: Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. (Filipenses 3:15)

Él defiende un cabo de libertad, para hacer cosas dentro de la Iglesia católica, pero a la vez hace gala de un puritanismo no exigible a seres humanos, con su carga de depravación de la que participamos todos. Y si no hubiera depravación ¿para qué, la Gracia.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

BLA, BLA, BLA… DE ESO ESTAMOS CANSADOS.



Intentaré explicarme: lo que hago es por que quiero. No puedo culpar a otros aunque me entran ganas muy fuertes de hacerlo. Todos lo hacen… en general. Hay sus excepciones, que yo desde luego en mi ya larga vida no he visto. Todas las tentaciones que nos vienen a la imaginación son rechazables por nosotros. Los jóvenes, por su acumulación de hormonas y su arrogante ignorancia.

Y ¿Dónde dejamos a los viejos con nuestro orgullo, resentimientos y amargura, por el abandono seguro que nos viene de los jóvenes, empeñados estos en sus asuntos y sus aspiraciones. Lo cual es lógico, y más cuando no hay reparo espiritual.

Cuando hago algo que sé que no es del agrado del Señor, sé lo que estoy haciendo; es pecado; y estoy pecando a sabiendas y lo hago delante de Él pasando por encima de su presencia. (Salmo 51) Sé que me perjudica no solo en el terreno espiritual, pero lo hago igualmente.

A veces hasta busco discutir con el Señor si lo que manda es bueno o malo. Es decir, que discuto y lo hago. Otras veces me trato d convencer de que esas cosas son cosas de hombres, etc.

Si lo que hago es inconscientemente, la calificación es otra, aunque por lo general estas caídas vienen porque no damos la necesaria atención al “negocio del siglo”, que es la salvación eterna…o la perdición, que ya no es tanto negocio.

No escribo por escribir. Me gustan aun muchas cosas (sobre todo leer) y otras muy divertidas. Hay muchos temas que abordar. Este de la espiritualidad, aunque sea rústica como la mía, no es plato de gusto de los incrédulos… ni de los cristianos por lo que puedo experimentar.

Para escribir y vender un libro, o por lo menos que no te cueste un dinero (que no tienes), has de decir lo que te digan otros, o lo que les guste a otros. Si anhelas ser famoso, pues ni te digo. Los cristianos leen muy poco.

No me imagino un éxito editorial de Jeremías o de Joel… etc. Lo que decían no gustaba al “respetable”, y pocos libros le iban a comprar. Los pocos que en su tiempo los leyeron, ya fueron a “darle caña” con todas sus artillerías, para demostrarle que “este asunto de Dios” es un  fastidio, o un interés personal del que escribe. Y ¿Quién eres tú para hablarnos así a los “inteligentes”?

Como es natural (así creo) me gustan los automóviles, las motos, los deportes; bueno, todo lo que le gusta a todos.

Pero como dice Machado
“Mas recibí las flechas que me asignó Cupido,
Y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario”

Es decir muy normalito.

 Así que soy una persona de lo más corrientita y,  por lo que sea, pobre. Eso no me hace desgraciado, y cuando lo pienso, veo que lo mejor es dejar que Dios haga su voluntad con cada uno de nosotros, y lo que haga me parecerá bien. Él “se las sabe todas”.

Creo, y lo digo frecuentemente, que “haga lo que haga Él, siempre le daré la razón”… porque estoy convencido de que la tiene. Nosotros tenemos nuestras razones, pero cuando vamos madurando y se aflojan las tensiones pasionales, podemos ver lo bueno que Dios es, y lo borricos que somos nosotros todos. ¡Sí borricos! Hasta los obispos. También nacieron de madre, no de alienígenas.

Pero si cuando escribimos, pensamos en que somos estupendos y bla bla, que nos vamos a distinguir por nuestros escritos, es cuando NO estamos obrando en consonancia con la voluntad de Dios, sino por ambiguos propósitos y vanidad estúpida.

Eso no es servir a Dios. Eso es buscar como todos hacen, (siempre hay excepciones) honores, y granjearse la fama, sirviendo a sus egoísmos y fantasías y, por lo tanto, haciendo la voluntad de nuestro enemigo y de Dios como Padre.

Lo correcto es lo que dice San Pablo: el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. 
Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,  pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios. (Romanos 2:6 al 11)