martes, 6 de septiembre de 2011

MORIR AL MUNDO


¿A que se comprometen estos?


Se trata de obediencia y renuncia prometida en la consagración.

Se trata de morir al mundo, y estar crucificado al mundo como San Pablo experimentaba. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

La vida cristiana tiene -en seglares y clérigos- que ser despojada de adherencias mundanas.

Soy plenamente consciente de que tenemos que convivir con el mundo, porque si no, tendríamos que salir del mundo. (1ª Corintios 5:10 y otros) Pero hay que dejarle claro al mundo -y al diablo- que no somos del mundo.

Cuando una persona siente la unción y conoce lo que Dios es, y lo que Cristo significa para toda su vida, ya no desea sino servir como los requetés “cueste lo que cueste”. Ahora bien, si se  va por hacer carrera y medrar, sin reprimir ni uno de los derechos a los que renunció, malo sobre malo.

Si estás en un sitio, estás con todas sus consecuencias-. No vale cambiar las cartas de la baraja durante el juego. Si uno ve que no está a gusto en un sitio, se va a otro. Nadie le sujeta.

El celibato es condición que San Pablo practicó, para poder dedicarse en cuerpo y alma a la tarea para la que también  son ungidos los sacerdotes. Lo demás es meter al mundo en la Iglesia. No me meto en esto demasiado, porque "doctores tiene la Iglesia".

Ahora, también se quiere eliminar las letras AC y DC –antes de Cristo y después- por la de la “era vulgar”, o “era común”. Eso -y disculpen mis contradictores- es una solemne tontería, porque el nacimiento de Jesús es el principio de la cuenta de todo un año y para el calendario de los occidentales es referencia obligada.

Es algo así como el alfabeto en cualquier idioma. Es como es, y sirve de forma excelente para poner orden en un diccionario o en la prosperidad de cada cultura. En definitiva en todo lugar, vemos que la persecución al cristiano en cualquier denominación es la persecución al mismo Cristo.

Bajo las acusaciones a los fallos de las iglesias -todas están formadas por seres humanos más o menos erráticos - se esconde o se manifiesta en determinados lugares e ideologías, un rechazo y aborrecimiento a la vida cristiana.

Esta vida cristiana, exige honradez, honestidad, amor, solidaridad, respeto a lo del prójimo –sea honor o “cualquier cosa de tu prójimo” como se expresa perfectamente en la Santa Escritura: No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Deuteronomio 5:21)

Así pues entre la ignorancia, y la comodidad de no negarle nada a sus deseos inmediatos, la gente ultraja a las iglesias cristianas  y -en España- contra la Iglesia Católica al ser ampliamente mayoritaria. Y eso sin poner en la mesa, la nueva economía espiritual traída por Jesucristo.


lunes, 5 de septiembre de 2011

¡DECEPCIÓN!

 

Todos, en alguna ocasión, hemos sido o hemos hecho de otros, alguien sobresaliente en cualquier materia que en cierto modo se domina. Aunque sea en tirar piedras, y acertar en el blanco. Cualquier cosa que hagamos mejor que otros, aunque sea una insignificancia, nos hace sentirnos superiores por lo menos en estas trivialidades.

Yo he sido también igual de bobalicón, y he admirado a muchas personas, hasta que he devenido en un viejo escéptico, que ya no cree en ningún hombre o mujer por muy bien que se presente a los demás.

Sé que hay personas, que en determinado momento se  portan heroicamente, pero por lo general, cuando profundizo en su historia y en su fondo me doy cuenta de la verdad de La Escritura, en cuanto a todos éramos pecadores y todos habíamos sido destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23).

Así que ¿a qué vienen tantas alharacas cuando alguna persona destaca meritoriamente en algo, si se va a demostrar tarde o temprano que es tan vulnerable o endeble como nosotros?

Queramos o no, podemos repetir siempre que, desde el principio hasta el fin, todos dependemos total y absolutamente de la misericordia de Dios. Y aquí no entro en méritos o esfuerzos. Eso ya lo trata Dios, en su momento y hora. Solo miremos a Cristo, que es quien nos ha mostrado al Padre, y tiene el testimonio del mismo Padre Dios. Es nuestra estrella guía. En Él, no hay temor a errar.

Veo, y yo mismo escribo, montones ingentes de literatura cristiana que, sobre todo en Internet, aparecen de todos los “colores”, pero al fin me doy cuenta  al final que el punto crucial del creyente es Cristo (sin quitarle mérito y oportunidad alguna a toda profundización en los misterios).

Hace poco leí un artículo sobre una monja que en su tiempo, y criticando el fraude de las vacunas, me convenció. Para mí era un gozo, ver a una mujer desarrollar conocimientos con la facilidad que fluía de sus labios, y comprobar que tenía razón.

Después he comprobado que apoya el aborto, el matrimonio entre homosexuales, y eutanasia, etc. cosa que la Iglesia donde se ubica -en forma clerical- rechaza -como he de ser- si esta Iglesia quiere ser consecuente con la Revelación.

La Biblia o es inerrante, o no es sino un bonita fábula semítica. Así que si se está en ella, bien; si hay una teología particular se admiten matices y reflexiones sobre ella, pero no se puede afirmar nada que choque contra ella. Y menos frontalmente, desvirtuando todo el caudal de doctrina y certezas, que todas las Iglesias Cristianas tienen -dentro de sus diferencias- como depósito común.

Y así me tienen, esforzándome en ver lo mejor de cada cual, y después decepcionándome por tan gruesos errores o conductas. Como yo soy igual, porque nada humano me es ajeno, sigo apelando para todas estas cosas -y para las demás- a la bondad, y la misericordia de Dios. Esa no falla. Como dice la bonita canción: -Roca fuerte es mi Dios-     



En Dios, se aquieta mi alma;
En Dios, confío mi suerte;
Vivo ya en completa calma,
Pues Cristo, el Señor, es fuerte.

Extiendo mi campamento
Con alegría sin par
Aunque el gozo del momento
Me hace de gozo llorar

sábado, 3 de septiembre de 2011

LO PEREMNE EN LA GRAN COMISIÓN




Hace tiempo y un día cualquiera se me ocurrió escribir algo sobre la “religión cristiana”, y después me animé y escribí un libro. ¿Quién no escribe un libro hoy día? No sé si se habrá vendido alguno, porque lo que digo, ya está dicho, y lo que siento como una revelación o visión particular, puede ser compartido por solo muy pocas personas. No es que yo me tenga por muy inteligente o religioso, sino porque lo que digo no gusta a nadie, por fas o por nefas.

Y creo que no gusta, porque la verdadera doctrina de Jesucristo es siempre la misma. He leído casi con avidez a unos teólogos que critican acremente a los obispos de las comunidades donde existen nacionalismos extremos. Y desde luego esas tesis que estos críticos  sostienen con la Biblia, no son un prodigio de lucidez ni de ortodoxia. Cualquier niñito de la escuela dominical o catequesis, etc. lo sabe más o menos correctamente, a poco que sea algo agudo.  

Digo ortodoxia, porque la base del amor de Dios preconizada por Jesucristo y las condiciones que este amor pide son inamovibles. En cualquier evo de la “evolución” del ser humano. La palabra ortodoxia no está bien vista por muchos. Si nos andamos por las ramas confundiremos “la gimnasia con la magnesia” en el asunto de determinar lo que supone para estas personas el amor de Dios, comunicado por Jesús a la humanidad.

Ciertamente, sería demasiado presuntuoso pensar que estamos solos en el Universo. Es algo demasiado aventurado, pensar que existimos solo Dios y nosotros. El verbo se hizo carne, y se puede hacer, si así lo quiere, en otros muchos atributos que ni podemos imaginar.

Solo que nosotros, en vez de entrar en fabulaciones fuera de nuestro alcance, hemos de ocuparnos como dice San Pablo:… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:12, 13)

¿A que qué ocuparnos de altas y agudísimas cuestiones? Tenemos claro que el amor, no es el querer ta como creen tantos, sino el secundar el deseo de Dios de: que todos los hombres se salven y vengan a conocimiento de la verdad. (1ª Timoteo)

Tenemos que insistir en que la Igesia se ha de concentrar en el mandato de: id y proclamar el Evangelio a toda criatura: (Marcos 16:15) y si es posible, hacer discípulos (Mateo 28:19) que serán los que Dios, en su sola potestad, traiga a disfrutar del Reino.

Centrémonos en ello, y no andemos por lugares o asuntos que no nos son permitidos. Bastante tenemos con hacer lo que debemos… que por cierto… Bueno, digamos que no lo hacemos demasiado bien. Los resultados los vemos a cada paso.

viernes, 2 de septiembre de 2011

“Y NO QUERÉIS VENIR A MÍ PARA QUE TENGÁIS VIDA.” Parte de predicación de SPURGEON


            Ahora, debemos decirles las razones por las que los hombres no quieren venir a Cristo. Primero, porque ningún hombre por naturaleza considera que necesita a Cristo.

           Por naturaleza el hombre considera que no necesita a Cristo; considera que está vestido con sus ropas de justicia propia, que está bien vestido, que no está desnudo, que no necesita que la sangre de Cristo lo lave, que no está rojo ni negro, y que no necesita que ninguna gracia lo purifique.

          Ningún hombre se da cuenta de su necesidad hasta que Dios no se la muestre; y hasta que el Espíritu Santo no le haya mostrado la necesidad que tiene de perdón, ningún hombre buscará el perdón. Puedo predicar a Cristo para siempre, pero a menos que sientan que necesitan a Cristo, jamás vendrán a Él. Puede ser que un doctor tenga un consultorio muy bueno, y una farmacia bien surtida, pero nadie comprará sus medicinas a menos que sientan la necesidad de comprarlas.
        
          La siguiente razón es que a los hombres no les gusta la manera en que Cristo los salva. Alguien dice: “No me gusta porque Él me hace santo; no puedo beber o jurar si Él me ha salvado.” Otro afirma: “Requiere de mí que sea tan preciso y puritano, y a mí me gusta tener mayor libertad.” A otro no le gusta porque es tan humillante; no le gusta porque la “puerta del cielo” no es lo suficientemente alta para pasar por ella con la cabeza erguida, y a él no le gusta tener que inclinarse.

          Esa es la razón principal por la que no quieren venir a Cristo, porque no pueden ir a Él con las cabezas erguidas; pues Cristo los hace inclinarse cuando vienen. A otro no le gusta que sea un asunto de la gracia desde el principio hasta el final. “¡Oh!” dice:”si yo pudiera llevarme algo del honor.”

         Pero cuando se entera que es todo de Cristo o nada de Cristo, un Cristo completo o sin Cristo, dice: “no voy a ir,” y gira sobre sus talones y se va. ¡Ah!, pecadores orgullosos, ustedes no quieren venir a Cristo. ¡Ah!, pecadores ignorantes, ustedes no quieren venir a Cristo, porque no saben nada acerca de Él. Y esa es la tercera razón.
       
        Los hombres desconocen el valor de Cristo, pues si lo conocieran, querrían venir a Él. ¿Por qué ningún marinero fue a América antes de que Cristóbal Colón fuera? Porque no creían que América existiera. Colón tenía fe, y por tanto él sí fue. El que tiene fe en Cristo viene a Él.
        
        Pero ustedes no conocen a Jesús; muchos de ustedes nunca han visto su hermosísimo rostro; nunca han visto cuán valiosa es su sangre para un pecador, cuán grande es su expiación; y que Sus méritos son absolutamente suficientes. Por tanto “no queréis venir a Él.”

       Y ¡oh!, queridos lectores, mi última consideración es muy solemne. He predicado que ustedes no quieren venir. Pero algunos dirán: “si no vienen es su pecado.” ASÍ ES. Ustedes no quieren venir, pero entonces esa voluntad de no venir es una voluntad pecaminosa.

      Algunos piensan que estamos tratando de poner “colchones de plumas” a la conciencia cuando predicamos esta doctrina, pero no hacemos eso. Nosotros no afirmamos que es parte de la naturaleza original del hombre, sino que decimos que pertenece a su naturaleza caída.

      Es el pecado el que te ha sumido en esta condición de no querer venir. Si no hubieras caído, querrías venir a Cristo en el momento en que te es predicado; pero no vienes por tus pecados y crímenes. La gente se excusa a sí misma porque tiene un corazón malo. Esa es la excusa más débil del mundo.

     ¿Acaso el robo y el hurto no vienen de un corazón malo? Supongan que un ladrón le dice a un juez: “No pude evitarlo, tenía un mal corazón.” ¿Qué diría el juez? “¡Bandido!, si tu corazón es malo, voy a darte una mayor sentencia, pues tú eres ciertamente un villano. Tu excusa no sirve para nada.”

      El Todopoderoso “se reirá de ellos, se burlará de todas las naciones.” Nosotros no predicamos esta doctrina para excusarlos a ustedes, sino para que se humillen. La posesión de una mala naturaleza, es tanto mi culpa como mi terrible calamidad.

TEOLOGÍAS DE LA LIBERACIÓN

¿REZAR, Y TIRAR BOMBAS?

Opción preferente para los pobres ¿Cómo no?
Pero… ¿así?
¿Así te dijo Jesús que hicieras?
¿Sabes a quien le puedes dar?
Pues al más infeliz…¡so capullo!

La “teología de la liberación” es a mi parecer, una desviación clara de la verdadera teología, y de las consecuencias naturales de la práctica de la doctrina de Jesús. Lo que no hay que hacer, es romper el planeta. Dejarlo desenvolverse solo, que él sabe hacer sus deberes. Es que, para mí, eso no es teología sino sistema; político aprovechando el tirón que supone el cristianismo.

De ahí parten Leonardo Boff y Frei Betto, pioneros, y destacados en la aplicación de dicha teología. Desarrollan esta doctrina, Helder Cámara, Pedro Casaldaliga, y muchos más que al final desembocan en una síntesis cristiano marxista, que no ha solucionado nada. Ya se ha visto en los más destacados líderes de la revolución marxista, y en los países en que han dirigido la economía.

Hay que reconocer que los que preconizan la teología de la liberación se proclaman cristianos, o se les supone; desesperados por la indiferencia y la relajación moral del Occidente rico (que dicho sea de paso, también trabaja y se cultiva), hacen como la sangre en el organismo; al no encontrar franco paso por las venas y arterias naturales, acude a establecer otros caminos para circular.

Estoy con los que hacen ver, de mil maneras, la indiferencia y politización de las ayudas, y también de los esfuerzos que se pregonan para mejorar la vida de millones, aunque eso como teología no es el camino. Solo hay una teología válida y total, y esa es cumplir con los preceptos de Jesús como figura única, y dejarse de cosas estrambóticas. Y tal actitud, por todo el que se llame cristiano.

Si quieren hacer el bien, que lo hagan como otras ONGS, entre las que figura el presbiterianismo, el catolicismo, etc. Cambiar de dados o las cartas a mitad del juego no es bueno, y peor aún, si los dados pertenecen a un determinado jugador. La Iglesia cristiana en general tiene una misión primordial que repito constantemente. Proclamar el Evangelio.

Otras actividades de los cristianos (que les son propias) interactúan con sinergia, pero en sí no son la misión que tiene encomendada la Iglesia cristiana. Evangelizar no es solamente predicar o proclamar, sino también, hacer cercanas las virtudes que se desprenden de la doctrina para reforzar el testimonio. Ante todo, va el anuncio de la salvación. Que ya es anuncio, de máxima trascendencia.

La política de los paños calientes, y el “yo ya he hecho bastante”, no sirve. Ese es tal vez, el fracaso de la cristiandad en este terreno (no fracaso del cristianismo). Así que ¡no más inventos! que todo está inventado en esta materia. Póngase en práctica sus preceptos, orientaciones, o lo que se quiera, y verán como funciona la máquina maravillosa que Dios creó, y una humanidad, a la que ha dado las instrucciones para su perfecto funcionamiento. Ratzinger insiste en eso, con sus propias palabras claro, pero esa es la posición que mantiene.

Que sea mal o bien interpretado, es otra cosa muy distinta. Conozco a este teólogo (ahora papa), desde hace muchos años, y aparte de las naturales inclinaciones y las, digamos motivaciones o tic propios, es impecable en su doctrina, en lo que él llama “las cosas primeras”. Esa es naturalmente la opinión de un servidor de ustedes. Cada cual que examine la situación del cotarro, y elabore su propia definición de esta teología. La verdad es la verdad la diga quien la diga.

De palabras, ya estamos saturados. De unos y de otros, que los “otros” también se las traen, y mienten al par que hablan. Hechos, hechos, y hechos. De parte de los necesitados, moverse para alcanzar lo que otros han alcanzado trabajando, y ordenando sus sociedades mejor o peor. Cambiemos al hombre, y todo habrá cambiado.

Que hay egoísmo, y flagrante culpabilidad en los que han alcanzado prosperidad, es evidente. Eso mismo los irá matando. Por otra parte, también existen mentalidades imposibles de torcer para su bien. Otras culturas, de seguir como son, nunca alcanzarán la deseada prosperidad. ¡Quien diera que todos a una fuéramos, si no iguales, sí menos estúpidos y más generosos! ¡Hay tanto que hablar de estas cosas…y tanto que hacer!

jueves, 1 de septiembre de 2011

LO QUE HAY, Y LO QUE DEBIERA HABER




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Hay afortunadamente muchos sitios en Internet que hablan de religión. Unos son mejor digeridos por los nuevos creyentes, y otros son más bien dirigidos a personas cristianas más formadas y veteranas que puedan digerirlos. En mi caso, procuro hacer lo que escribo lo más llano posible, porque lo entenderán los más adelantados y los que menos. No me importa si no sale tan pulido como debiera, porque nadie me exige ni paga una ortodoxia semántica y gramatical profunda. No es que escriba descuidadamente, aunque no se puede escribir un trabajo, continuamente entorpecido por demandas domésticas, y otras zarandajas. Pero eso es mi problema.

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Expuesta pues, esta especie de justificación de mis gazapos y todo eso, tengo que decir que los que escribimos sobre estos temas nos repetimos sin cesar, y es difícil ofrecer algo que tenga relación con los sucesos de cada día, vistos desde la óptica de un cristiano espiritual. Los sucesos son cosas humanas, y el cristiano ha de tener su pluma preparada para comentar estos sucesos a la luz del Evangelio y sus derivaciones lógicas, a la hora de aplicar sus palabras iluminadoras.

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Ahora estamos padeciendo en España una crisis, que no voy a aprovechar para poner a nadie en la picota. Simplemente estos lodos, son consecuencia de aquel polvo que dejamos acumularse en nuestras conciencias, y que ahora es ya mas difícil, si no imposible de quitar. Se cree por millones de españoles, que las cosas pueden ir bien sin el necesario concurso de las bendiciones de Dios. Craso error que la historia desmiente contumaz.

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Sin las bendiciones de Dios son las guerras por un palmo más de tierra, o por imponer nuestras tesis tozudamente por las buenas o por las malas. Siempre hay un motivo para empezar las hostilidades, que se pueden engordar si se quiere de veras ir a la guerra. La Guerra es inevitable, en un mundo que no quiere hacer caso a las recomendaciones, mandatos, ordenanzas, o mandamientos de Dios, que solo desea con sus empujoncitos (como padre con sus hijos) hacernos andar a todos por el buen camino de la concordia, la generosidad y la paz. Simplemente por nuestro bien.

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Paz de Cristo, que es despreciada por los que aun creen, a pesar de las múltiples evidencias, que Dios debe ser apartado definitivamente de la vida de las naciones, siendo así que sin Jesucristo nada bueno podemos hacer. Y no es frase bíblica hueca y vacía de contenido y verdad. Cuando los israelitas han sido fieles a Dios, nunca han tenido tropiezo ni abandono. Cuando se han crecido por su prosperidad, les ha sobrevenido toda suerte de males.

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Cada cual puede creer lo que quiera, y es de comprender que no todos piensan como piensa uno, pero sí, es bueno que las cosas se concierten de tal manera, que se procure que la equidad sobrevuele cada acuerdo y que, lo mismo que sabemos recibir lo que nos conviene o creemos que nos favorece, sepamos hacer siempre que podamos y no se vulnere la verdad y la justicia, un ejercicio de generosidad y de equidad, para dar a los demás lo que queremos que se haga cuando nuestros intereses estén involucrados.

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La tierra tiene cabida para todos, cuando en los más, prevalezca la justicia y la generosidad. (Gandhi) Es grande y tecnológicamente hay posibilidades para todos. El egoísmo y la codicia, son los elementos perturbadores de la paz y la abundancia razonable para todos. Creo que comer caviar y tener una casa donde sobra el ochenta por ciento de su capacidad, mientras otros tienen que hurgar en los residuos para sacar algo para el vital mantenimiento, no es ninguna cosa de la que sentirse orgulloso, pero aquí se demuestra el pecado que aborta todos los impulsos generosos .

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Cuando el rico hace una donación (deducible de impuestos, por supuesto), se procura hacer para publicidad y engrandecimiento de la fama del que, teniéndolo todo, se quiere dar a conocer para obtener fama. O se hace presidente de un club famoso, o perpetra hechos estrambóticos, para que su nombre y sus fotos sean popularizados. Esa es la faz del mundo real que conocemos, y así siempre ha sido. La realidad cristiana, dice que la vida no se acaba en la muerte; en esta esperanza vivimos con paz y sosiego.

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Dice la Biblia con gran acierto: Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia. (Eclesiastés 5:12) Ya sé, ya sé que muchos me pueden decir que si los ricos, que si los pobres, etc. Lo sé de sobra, pero me puedo ajustar en mis pocos dinerillos, y puedo ser más intensamente dichoso y esperanzado que los que tienen riquezas inmensas, y de los que no teniéndolas, las codician ansiosamente.

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Pensando por un momento, vemos que casi el noventa por ciento de lo que haríamos si tuviésemos grandísimos caudales, sería dar la lata a los demás. Y eso no es divertido, por lo menos para mí. Si alguien se me acerca porque está pasando apuros, prefiero ayudarle con mis pocos recursos. Algunas veces, veinte euros son suficientes para sacar de un gran apuro al que nada tiene y esta puesto en gran congoja. Eso tiene valor, y es lo que uno puede hacer. Dios está sobre lo demás.

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Un toquecillo bíblico

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Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido estropeado o andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?

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Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?

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Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

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Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho trasgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio. (Santiago 2:1 al 13)

miércoles, 31 de agosto de 2011

OTRO TIPO DE INDIGNADOS


Comprendo amigos comentaristas vuestra posición, que puede ser la mía en mucho de lo que me contáis. La Iglesia, queridos míos, no es una comunidad de ángeles, sino de perdidos que han sido rescatados por la sangre de Jesucristo.

La vida cristiana es un proceso a veces difícil y fatigoso, en el que las tendencias naturales no nos dejan avanzar, y a veces, nos hacen retroceder, y dudar si el camino tan duro puede llevarnos a buen fin, o es un error  gastar una vida sin las excelencias de los placeres terrenos, y que se pierda esta “oportunidad de oro” del vivir. Todos dicen: ¡Solo se vive una vez! ¡Que triste! ¿Y los desamparados?

Creo amigos míos, que nada de eso es así, tal como lo digo, porque el hombre nace con sed de justicia, aunque encubierta por los deseos inmediatos. El pecado, en suma. Esta sed de justicia, es la que hace tan grato el andar con Jesús. Porque solo Él satisface nuestros anhelos de justicia y equidad.

Es algo tan gratificante, que nos lleva a gustar y amar la ley del Señor que nos conduce provechosamente por el camino de la vida. El saberlo despierta en nosotros una enorme gratitud.

Somos todos, en más de una ocasión, orgullosos, mentirosos, intemperantes, deshonestos, aparentando ser justos, defraudando a nuestros más preciados amigos, etc. Somos así hasta que la Gracia de Jesucristo nos empieza a convencer por medio del Espíritu, y nos va remodelando.

 Dios, como el alfarero, da forma a nuestro barro, hasta convertirlo en una hermosa vasija. Una vasija no es perfecta, hasta que pasa por el crisol que la calienta, y quema los restos que podrían restarle hermosura a la pieza.

Solo por el crisol de la vida, y sufriendo los calores de los sufrimientos, o los fríos del abandono y la incomprensión, se fortalece y limpia nuestra alma de tantas brechas como hay en ella. Es labor del espíritu y nuestra gratitud hacia el que nos escogió para ser a su imagen perfecta.

Vosotros -y yo delante-, adonde quiera que estemos, llevamos a la Iglesia de Dios nuestras lacras y nuestras mismas posibilidades de caer en el ansia de notoriedad, y en señorear sobre los hermanos. ¿Porqué no renunciamos de una vez a estas cosas que son solo vanidad tal como decía el proverbio?: Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. (Eclesiastés 1:14)¿Qué buscamos en la Iglesia, para que nos portemos así?

Los que ya somos mayores, hemos conocido a muchas personas, de las cuales solo sabemos que ya murieron o están (como nosotros mismos), estropeados por el tiempo y la lucha. Si miramos a uno cualquiera diremos ¿eso es todo? Y ahora a las puertas de la gran partida, vemos que están sujetos a enfermedad, escasez, soledad, etc. ¿para esto tanto bregar con unos y otros? Siendo malos los unos para los otros, para recoger ¿Qué?

¡Vayan, enhoramala las iras, los rencores, las jactancias… y tantas cosas por las que en la vida tuvimos que esforzarnos, siempre temiendo la calamidad, la enfermedad o la pobreza! “Abre su seno hambriento el ataúd,” y nosotros aun no hemos aprendido las principales y simples actitudes, ante los demás y ante Dios.


- ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (1ª Corintios 6:1 al 11)