sábado, 24 de diciembre de 2011

CON JESÚS


Dondequiera que anide la alegría,
Allí estarás, precioso Redentor,
Si mi vida se torna más sombría
Nunca de ti me faltará el amor.

Aunque ignore que me depara el día,
Y me aceche el peligro alrededor,
Esperaré tu alegre epifanía
Que consuela mi duda y mi temor.

Y seguro en tus brazos amorosos,
Junto al Padre de la divina paz,
Habitaré en parajes abundosos.

Y en la fuerza divina de tu amparo,
Donde alaban los ángeles gozosos,
Andaré por esta tierra sin reparo
.

martes, 20 de diciembre de 2011

RELATILLO DE MI AMIGO QUERIDO ALBERTO BOUTELLIER


Estoy a una semana de la Navidad, y por primera vez en este otoño que termina, he sentido frío. Normal, me dirán: es lo propio de la estación, mas no me refiero al que se mide en grados Celsius, sino al que observo en los ojos de las gentes; no sé si habrá algún medidor capaz de calibrar el frío del que espera y no recibe; frío en los ojos del indigente que confía en la sensibilidad propiciada por las fechas; en los del comerciante, que realiza un esfuerzo excepcional en sus compras en busca de ese coyuntural oasis de la demanda que atenúe su zozobra económica; en aquel que desea estrechar el lazo familiar desatado, congelado durante el año, y solo sustentado por la sangre que circula por sus venas. En los del político, que tras el brillo de eufórica victoria se transforma en hielo acerado, y alterna el pulso tembloroso y firme a la vez, para negar lo prometido. La expresión en el abuelo, que reabre su hogar a hijos pródigos, forzados por la injusticia de intereses bastardos. En la mirada africana con sonrisa de marfil por nuestras calles, que se debate entre un futuro sin esperanza y la nostalgia de un pasado sin retorno. Ojos fríos que se duelen de lo que le falta y no celebra lo que tiene. Ojos anegados que brillan por la tristeza al sentirse agraviados por la sociedad. Ojos que recuerdan las ausencias. Ojos al fin, rendidos, a los que les suena a hueco la rutinaria ¡Feliz Navidad!

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿PORQUÉ TANTA DISCREPANCIA?





Cada una de las congregaciones, iglesias, comunidades, y fraternidades, tiene asentada en su doctrina y en sus cultos, una serie de reglas que ellos dicen ser mandamiento del Señor, pero que se oponen entre sí, hasta el punto de excomulgarse unas a otras, y de menoscabarse mutuamente ante el inconverso.

Recordemos de pasada, a las comunidades cristianas estrictas en cosas como no querer poner ojales o botones en la ropa (son una ostentación de lujo para ellos), o no quieren teléfono, o automóvil, o luz eléctrica, etc. El que quiera vivir así está en su derecho y es admirable su tesón y fidelidad a sus reglas, siempre que no trate de imponerlas y como consecuencia lógica ante la reluctancia de otros, despreciarlos y condenarlos.

Los recabitas, no criticaban el que nadie fuera de su clan bebiera o comiera lo que su patriarca les había aconsejado. Simplemente se negaron a ello, pero cuando las circunstancias pusieron en peligro a su comunidad hicieron lo que debían. No se aferraron a sus ordenanzas, porque entendieron que había algunos casos en los que las ordenanzas estaban de más. Después de pasado el peligro, la integridad se impone de nuevo como si tal cosa.

Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos;

Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; (Jeremías 35: 5-7-8)

O los que se azotan en días señalados (flagelantes) y muchas más clases de extrema observancia que solo a ellos afectan. Decía San Pablo: Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. (Romanos 14,5). Cada cual que actúe según su convicción, que si es salvo o condenado, no lo será por lo que cuaquiera pueda decir de él a Dios, sino por lo que Dios halle en su conciencia.

El dicho de Jesús, de que renunciemos a todo para seguirle a Él, no implica que desamparemos a nadie de los nuestros, porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. (1ª Timoteo 5:8)

Se trata de que  prescindamos de toda persona o cosa, que estorbe nuestra vocación y llamamiento. Ya tiene la vida suficientes contrariedades, como para expiar nuestros pecados a base de suplicios que no sirven de nada, sino la sangre de Jesucristo.

Solo el mérito de Cristo Jesús, avala nuestra salvación y premio eterno. Nosotros haremos bien, siguiendo sus instrucciones como la que sigue: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13:16).

Según mi experiencia, solo practicando el bien continuamente y recogiendo alguna que otra ingratitud, rechazo, etc., basta, sin necesidad de hacer expiaciones por nuestra cuenta. No tratemos de desvirtuar el sacrificio de Cristo con «añadidos» innecesarios, que tienen visos de querer sustituir el sacrificio de Cristo, o hacerlo menos eficaz.

Estos escritos, pretende situar el tema de los matrimonios en un contexto de comprensión mutua, que no excluye discrepancias, pero que no quiere ser agresivo con los que no compartan las ideas que aporto en él. Solo se trata de comprensión y receptividad de lo bueno de los demás.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

LA NECESIDAD DE RECATO



Es ya cosa reconocida, que el porcentaje más abrumador de la sociedad española no quiere ni oír hablar de Jesucristo. Así como suena. Hay otros lugares adonde acudir en vez de  a los de culto, y la gente tiene un brumoso conocimiento (el que lo tiene) sobre esta materia.

Bien es verdad que todos se confiesan cristianos, y con la llegada del Islam ya algunos se atreven a contrastar su ¿fe? con la fe musulmana. Decía un Mullah musulmán, que todos los hombres nacemos musulmanes, porque todos provenimos de Dios. Verdad opinable, pero no debemos olvidar lo que Jesús les dijo a los discípulos que le seguían y escuchaban: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí... (Juan 14:1)

También hay muchos que siente muy listos y suficientes cuando en realidad, enseguida que una adversidad que a todos se nos presenta a los largo de nuestras vidas, claman culpando a Dios de algo que les acontece. El Cristo de Dios para nuestra salvación, enseñanza y ejemplo, es algunas veces objeto de burla.

Mientras esto no sucede, Dios permanece para muchos en una nube tenue, y en algunos hasta es objeto de vejación y hostilidad. Y no solo es el “pueblo ignorante”, sino la llamada “inteligencia” o “intelectuales” por todos los que, naturalmente, no saben ni donde están de pie.

Una inteligencia cubierta de telarañas que les tapan los ojos a lo que verdaderamente es importante, y que es nada más y nada menos que a vida eterna. Con las fatiguitas que se pasan en esta “perra vida” de envidia escasez, injusticias, crímenes, etc. ¿vale la pena vivirla sin fe y sin esperanza de algo mejor, que elementalmente comprendamos que se le haya ocurrido al que hizo este universo? ¿Acaso es más torpe, que nuestra casi divinizada inteligencia?

Y la gente sigue enfrascada en sus pequeños incidentes, angustias, pobreza, o riqueza que “más cuidados le ofrece” como dice Calderón, el poeta en su “Vida es sueño”: Vivimos como anestesiados por las urgencias de las cosas, y nadie tiene tiempo de nada sino de “salir adelante” en esta sociedad que aparenta ser rica, aunque llena de temores, incertidumbres, y tantas agitaciones como soportamos.

Como dice el poeta Juan de MENA en 1444.

Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras e trocas;
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los qu'en tu rueda quexosos fallamos.


Una vida así ¿Quién la quiere? Estamos hechos para vivir, y por eso no soportamos la idea de la muerte que nos produce pavor con solo mencionarla, siendo como es ineluctablemente algo tan definitivo y cierto. Y sin embargo, esa es la vida que nos toca vivir porque la corrupción se ha apoderado de nosotros, cuanto más nos separamos de Dios y queremos vivir nuestra vida como si la hubiésemos recibido en una tómbola.

Estamos forjando falaces filosofías para acallar a nuestras mentes, que conforme se acercan, por la edad o la enfermedad, al fin de su recorrido, comprobamos qué tan  difícil nos cuesta aceptarla. Y así vivimos, hasta que un día nos damos cuenta de que nuestra presencia ya no interesa aquí, y que otras generaciones nos sustituyen, como nosotros sustituimos a otras ya periclitadas.

Entonces, si nos dejan las apreturas, pensamos que no podemos renunciar a otra esfera de la vida, más pura, más despojada de vicisitudes, y sobre todo, plena de eternidad. Y entonces nos parece la hora de meditar los misterios del Cristo, que nos trajo una esperanza viva, tal como mejor dice el apóstol Pedro, y que dejo al final de este modestito escrito:

Un toquecillo bíblico

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, (1ª Pedro 1:3)    

martes, 13 de diciembre de 2011

MENSAJE VIEJO A UN AMIGO


PARANOIA CONYUGAL PARTE ll


                      El hecho patológico es una continua situación de trastornos mentales, tanto de manías persecutorias por las que se sienten engañadas u oprimidas, como de actitudes histéricas que ellas tratan de hacer pasar por respuestas «moderadas» a las supuestas agresiones cometidas contra ellas, o a las que ellas «saben» que están preparando los demás para perjudicarlas, y que duran toda la vida de las que las padecen. Y por extensión, en las vidas de los que viven y se mueven en su entorno.

Esta personalidad permanente en todos los casos (es incurable de por vida), es una psicopatía adquirida generalmente de las inculcaciones, de otras y recogidas por las mujeres que, a causa de algún trauma infantil o juvenil, están perpetuamente en posición vulnerable ante quien no les dé la razón en sus extravíos que, al no ser alucinaciones no aparecen claramente. Solo en casos de celos, y otras manifestaciones muy puntuales.

A los que por no vivir en su entorno no padecen su continua gotera de sospechas, recriminaciones, y la clara (para ella) percepción de que está siendo engañada y estafada, les parecerán exageraciones y hasta crueldad lo que cuentan de ella.

 Sean cuales sean las definiciones utilizadas, y que son tan aleatorias como el mismo hecho patológico, se trata siempre de manera uniforme y clara en todo lugar y sociedad, de los mismos síntomas característicos. Así es como ocurren las vicisitudes en el interior de muchas divorciada/os paranoica/os. Vamos a dejar claro desde ahora mismo varias realidades, para despejar el hilo de nuestros razonamientos.

  Hay hombres que son también paranoicos.
  Hay hombres que son malos de toda maldad.
Hay hombres que se comportan como verdaderos brutos en su hogar y en cualquier lugar por donde pasan.
  Hay hombres que abusan de las mujeres de forma inicua.
  Hay hombres de todas clases, que abusan hasta de sus hijos.
  Hay mujeres que también lo hacen, según las estadísticas, tan         frecuentemente como los hombres. De forma más velada y sutil.
Hay mujeres que son tan pervertidas como los varones, y eso      lo sabe cualquiera. 

De modo que, aclarado este extremo de la maldad existente en todo el panorama del abanico humano, tenemos que volver a centrarnos en el tema que nos ocupa.

Nunca se puede decir que la razón la tiene este o aquel, pero es relativamente fácil comprobar que generalmente, las penas las tiene que pasar el varón en el terreno sentimental. Y ya no digamos en el económico. Decir que todo es culpa de los dos es una simpleza. La legislación lo declara clarísimamente.

La persona no es el culpable absoluto, de lo que está ocurriendo en estos momentos en las relaciones de pareja. Es también, la ley que da por bueno que cuando el Sr. Pupas sea echado a la calle, ya no puede ver a sus hijos sino cada quince días.

¿Quien es el cerebrín que se ha inventado semejante dislate, que tanta muerte y desdichas está produciendo? ¿En qué estaba pensando cuando erogó tal espantosa ley? Las «paranoicas» son uniformemente, reconocibles por su «conducta característica». 

Es algo que se percibe tan pronto como se entra en trato con alguna, y se habla con ella sobre cualquier materia. Las represalias preventivas, y la venganza por consumar, son fuente de paranoia activa. Larvada y disimulada, aunque presta a saltar a la menos ocasión.

domingo, 11 de diciembre de 2011

PARANOIA PARTE 1ª CHICAS

 

Enfermedad del alma y de la sociedad.

Uno de los problemas más difíciles de encarar en la vida matrimonial -y que es causa de un porcentaje altísimo de divorcios- es la continua inculcación maliciosa que se les hace a un innumerable contingente de mujeres (en España a casi todas), jóvenes normales que viven su vida tranquila y apacible (con sus altibajos naturales).

A estas se le inculca la especie de que no están sacando el provecho que ellas merecen en un ambiente moderno, que no debe pasar (según la inculcadoras) por ser ama de casa, sino una mujer tipo televisivo que, por lo que ellas dicen, no tiene por qué dar cuenta a nadie de su vida. Y aunque en reducido porcentajes existe como la de los varones que más adelante explicaré.

«Naturalmente esta libertad cuesta cara (le insisten), pero ya nos hemos hecho cargo del tema y hemos conseguido y conseguiremos que el varón, comodón y alegre, se convierta en pieza de caza para nosotras.”

“Para ello hemos establecido bajo fuerte presión con la coartada del feminismo y sus justas reivindicaciones, que las leyes te protejan de todo perjuicio, si de veras te lanzas a esta magnífica aventura de tu total emancipación y compromiso, de la sociedad y la familia.»

Este es, más o menos, el “razonamiento” que se les inculca machaconamente, hasta que la pobre mujer une a las naturales decepciones de cualquier vida, la sensación de que pierde el carro de su vida personal y se pone en marcha adecuadamente aconsejada.

Para obtener esa libertad tan deseada desde dentro, y tan decepcionante en la práctica, destrozan lo que se les ponga por delante (familia, hijos, marido, padres) y se lanzan a ello con fanatismo imparable.

De esta forma adquiere, reforzada por estas decepciones anteriores y posteriores y el continuo machacar de sus colegas, una personalidad paranoica que hace de su vida un martirio constante y una pesadilla, que también hace padecer a todos lo que viven en su entorno. Es la tragedia de la mujer moderna que sucumbirá, quiera o no y según sus convicciones y carácter, antes o después.

Y será bien difícil que se pueda sustraer a estas influencias, debido a su natural predisposición. Todo el mundo tiene sus razones, y esta clase de mujer, tan abundante hoy día, también las tiene. Equivocadas y perniciosas, pero son sus razones, para ella sagradas y perfectamente diseñadas. Razones de ventajista y camorrista.

Es una desdicha para ella y los demás, pero como no es algo tan extraño y es asumido por una sociedad que lo fagocita todo, malo o bueno, continúa funcionando y causando los males que explicamos también a continuación. Males para ellas, para sus familias y para toda la sociedad, que ya se está alarmando de las veleidades que se le imponen sin motivo justo y pertinente.      

Así, esta mujer padece una perturbación del juicio, y/o problemas de aberración de la razón. En la lengua inglesa y concretamente en el diccionario de Webster este término significa: por una parte una psicosis crónica, delirante, sistematizada y sin alucinación, y por otra parte una tendencia natural por parte de estas personas a la sospecha, a la desconfianza y a la megalomanía secreta o manifiesta. Continuará.