domingo, 18 de septiembre de 2011

PÁBILO HUMEANTE




A medida que avanzan los tiempos, se establece por medio de la técnica un estado de inquietud por poseer todas las cosas que nos ofrece la vida moderna en cuanto a comodidades que, lejos de ser un oprobio para la humanidad es un aliciente de vida para todos.
 
Desdichadamente estas cosas que la técnica ofrece a nuestro vivir, se constituyen un género nuevo de viejos dioses. Los lujos antiguos y las horribles diferencias entre los hombres, están cada vez más arrinconadas, (no en cuanto a participación de bienes) y los prohombres ya no son tan inasequibles al conocimiento de las gentes, a causa de las libertades y de los abundantes y evolucionadísimos medios de comunicación. Los grandes se esfuerzan en darse a conocer al público.
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A las personas que son jóvenes esta situación les parece normal, y hasta mejor que las antiguas formas de vivir; a los mayores o claramente viejos, nos produce casi la sensación que le produciría a un Neandertal, el que alguien de otra tribu encendiese un mechero para dar fuego al grupo.
 
De manera que los mayores estamos atrapados entre dos culturas. La cultura del «guárdalo todo», y la del «tíralo y compra uno nuevo». Esto último nos suena escandaloso. La realidad es que el mundo avanza en conocimientos vulgarizados, y las Universidades erogan continuamente un número mayor de graduados que, como dice el viejo dicho, «no saben hacer una «o» con un canuto».
 
Abundan los pequeños aparatitos con técnicas avanzadas, que los viejos no acabamos de digerir; nos asombramos de la habilidad y la naturalidad con que se manejan, hasta por los niños, los teléfonos móviles, los aparatos de sonido, fotos, música, etc., cuando nosotros ya no damos pie con bola en el manejo de estos.
 
Esto, a la vez que ayuda al desenvolvimiento de la nueva cultura que llamamos «cosista», es un handicap dificultoso para los jóvenes, que tienen demasiados artilugios que les impiden ocuparse del estudio serio en libros y clases habladas. La cultura les parece inútil, porque por la televisión, etc., se les enseñan multitud de historias y documentales, donde se pueden ver con toda perfección lugares exóticos, históricos, hechos y batallas con toda documentación, y las  tesis de distintas escuelas del saber.

No podemos determinar que estos "avances" son malos en sí, sino una evolución de la búsqueda del bienestar por el humano (por lo menos en lo que llamamos "el Occidente"), y una manera nueva de pensar. Obviando las hambrunas, hoy existen unas agitaciones y la inquietud por la seguridad, así como por el temor de el famoso «Papá Estado» no pueda (y se nota), dar lo que la familia a duras penas proporcionaba en seguridad, compañía, y solidaridad, aun necesariamente precaria.
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Antes, «la familia, era la familia», pero actualmente, excepto en los países latinos, la familia se va diluyendo en una especie de «sopa boba», de forma que la soledad se apodera de las personas en los países que han hecho de la familia una forma peculiar de vivir.

A pesar de que la religión aun está presente en el colectivo, sobre todo en los ritos y manifestaciones públicas, es despreciada, cuando no rechazada por muchos; entre la dispersión de la fe protestante, y el tan llevado y traído «monolitismo» de la católica, las cosas se han dejado a las interpretaciones personales y formas de aplicar la doctrina de Cristo, de tal manera, que en muchos lugares no hay una forma creíble y constante de fe.

viernes, 16 de septiembre de 2011

DE LA MALTRATADA TEMPERANCIA.


           La gente, con mucho alarde de filosofía, propone que la libido y la concupiscencia es libertad y que se debe satisfacer, pues según ellos, resulta la única vida agradable que podemos alcanzar; lo que el Evangelio propone es algo lejano y, en definitiva, nebuloso y sin comprobación alguna. Se ha de aceptar por fe, y por tanto la fe puede fallar, y que a fin de cuentas solo se trata de una esperanza.

Llamar al Evangelio mito o instrumento del poder, es ir mucho más lejos de lo que la filosofía enseña. La satisfacción de lo deseable, opila inexorablemente. No se trata de “atracarse”. Tanto el rey como el obrero, comen y beben aproximadamente igual. Igual alguien pobre desea caviar, cuando un rico desea tal vez una pobre y nociva morcilla.

En una sociedad tan permisiva como la que estamos, hay decenas, si no centenares de dietas, que todo lo que hacen es cortar nuestras apetencias en materia de alimentación, y nos prohíben comer muchos alimentos que nos gustan mucho, y a comer nutrimentos que en un estado de salud apropiado no tocaríamos siquiera. Y las buscan, y siguen muchos.

San Pablo, dice en palabras muy agudas: Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13). Pienso que eso es la verdadera libertad.

Muchos libertinos, ya enfermos, han sido transplantados de hígado, de corazón, de riñón, etc. o han muerto jóvenes, cuando de haber sido más templados en embuchar y otros excesos, ahora podrían comer y beber moderadamente lo que antes engulleron sin consideración a sus propios cuerpos.

En definitiva “quemaron la vela” de su vida por los dos extremos, y sufrieron vómitos, indigestiones, borracheras, etc., cuando comiendo moderadamente se puede disfrutar mucho tiempo de todo manjar sin necesidad de dejarse la vida, y mejorando siempre la salud.

Por la brevedad del espacio le hablaré brevemente de la concupiscencia carnal: Es cierto que hay mucha atracción, sobre todo en la juventud, por causa de las hormonas, y la pésima educación que se imparte desde los dos extremos de la enseñanza. O negación del placer, o la explosión desquiciada de este.

Dicen que en el término medio está la verdad, lo cual es incierto; no se pude hacer que los demás quieran lo que no quieren, por lo que civilizadamente hay que dejar a los demás con sus propios designios. Los placeres atraen a todos, y solo los valientes que saben dominarlos, triunfan y tienen éxito en la carrera de lo que llamamos “búsqueda de la felicidad”. Se trata de ser amo de las inclinaciones; no esclavo.

Las enfermedades sexuales, hacen desdichados a muchos que se manejan por el mundo, queriendo abarcar todo lo que en su deficientísima educación les han contado que es el placer; de sus consecuencias no se les habla y se le proporciona información estúpida y perversa.

El sol sale sin que nosotros intervengamos, y un tsunami ocurre cuando a la naturaleza se le antoja, pero lo que podemos dominar y regular, sí que es de nuestra responsabilidad.

Si queremos una vida feliz, solo hay que seguir el Evangelio que es lo más hermoso que se ha dado a los hombres, para que su vida y la de los demás transcurra en paz y en armonía. Lo que se sale del uso natural de las apetencias, se llama vicio. Y es un amo muy duro.

Jesús dice con razón: porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:30) Creámosle, y vivamos su vida, que es garantía en todo evo que se evoque.

AMDG.  







jueves, 15 de septiembre de 2011

EVANGELIO Y PROSPERIDAD



Jamás pondré en duda, el derecho que los clérigos tienen de vivir como corresponde a su dignidad y estado. (1ª Timoteo: 5:17) Mala sería la iglesia que dejara al que es su mentor en nombre de Cristo, pasar fatigas y tener carencias básicas. Vivir bien, y saber que el cura, pastor, o cualquier dignidad de la Iglesia, pasa apuros económicos, no es propio de una iglesia cristiana.

Lo que sí es opinable es la tendencia de muchas iglesias llamadas “independientes” a predicar el llamado “evangelio de la prosperidad”. Si el Evangelio se sigue esperando una compensación económica casi milagrosa, ya estamos perdiendo la cabeza y también el corazón. Hay que ayudar a toda obra cristiana, aunque eso es otra economía

Ciertamente, cuando una persona verdaderamente cristiana es formal, trabajadora, económica, guardosa sin afán, y no frecuenta vicios de bebida, juego o tantas vanidades derrochadoras, necesariamente ha de prosperar. Y es muy raro que no lo haga.

Siguiendo el evangelio, naturalmente se consigue  una familia próspera, sana,  alegre, respetada y sin demasiadas complicaciones de deudas o intereses que tanto gravan las economías alocadas y perdidas.

Y es que seguir el Evangelio de Jesús es el camino cierto para ser feliz y salvarse de un infierno de problemas en esta esfera de la vida y la garantía -por sus promesas- de estar en la onda de Dios eternamente.

Es como el estudiante que es formal, y estudioso e interesado en alguna disciplina. Normalmente es difícil que se quede en la calle, como sucede a muchos de sus compañeros, que se han dedicado a vaguear, a formar conflictos y acumular suspensos en sus estudios.

Hoy he visto a tres jóvenes “mandilones”, anillados con “piercing”, vestidos de modo estrafalario, sucios, estridentes, y con un aspecto deplorable, que más adelante reprocharán a otros que vivan con holgura. Les increparán y envidiarán por que hayan conseguido destacar por sus cualidades, preparación, y tesón en su trabajo, mientras ellos están enfermos y hasta,  seguramente, vilmente enganchados en un vicio o adicción nefasta.

Por supuesto que no trato de generalizar, pero es cosa común y conocida que de que, “hazte buena fama y échate a dormir y hazte mala fama y échate a morir”. Nos maravillamos porque algunas tribus “salvajes” se pongan toda clase de aditamentos en el cuerpo, que nos producen rechazo y algunas veces repugnancia.

Aquí tenemos una sociedad, que se maltrata a sí misma con una enorme cantidad de vicios y de rarezas que algunos pretenden vender como “originalidad”, y en cambio son cosas tremendas que hacen del ser humano un residuo en la sociedad en que vive.

Ya digo que cada cual puede ser lo que le parezca, también que toda acción trae sus consecuencias. Y también que hay personas (sobre todo jóvenes) que tontamente se introducen en el tabaco, drogas, alcohol, etc. Una tontería que muchos hemos cometido, hasta que nos hemos dado cuenta de que eso solo lleva a la enfermedad y a la esclavitud.

En la Ley de Yahvé se contenía una serie de consejos, seguidos de la seguridad de que iba a ir bien de hacerla fielmente, o de vagar por los caminos del dolor y del peligro en caso contrario. La ley no es la punición; la Ley de Dios es su palabra: Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino. (Salmo 119: 105).

He asistido a innumerables predicaciones en las que cuando se hablaba de la fe, y se leía en la Escritura se obviaba del contexto, el versículo siguiente: ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. (Romanos 3:31) La ley libra de la contaminación del mundo, y garantiza estar bien ante tantos males, así como el Evangelio completa de forma total, la voluntad de Dios para nosotros.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soli Deo Gloria Font


Estimado comentarista: Quiero aclararle mi posición tal como usted me pide. Me sirve para todos, y con gusto le respondo. Ante todo hay que aclarar con un versículo muy útil: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, (1ª Timoteo 2:5). Partiendo de esta base ya podemos progresar.

Si las personas andan con dudas y haciendo preguntas saduceas, es porque se trata de “divertimentos” que un cristiano no tiene la obligación de secundar. Si hay buena intención y deseo de saber, estoy a su disposición hasta donde llegan mis débiles fuerzas, para aclararle cualquier cuestión que yo pueda discernir.

Platón, Aristóteles… etc. y San Pablo, ya han dirimido la cuestión de la responsabilidad. Hay unas películas de anticipación, en las que las personas ya no tienen responsabilidad, porque todo se supedita a la sociedad. Esta estima, que el que no sigue sus consignas, es un enfermo o loco al que hay que tratar de forma suave, y considerando que si ha delinquido de alguna manera es a causa de su desfase social.

San Pablo dice claramente: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago... Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos 7:15 al 19). Es obvio que en la naturaleza humana existe una dicotomía de tal manera sabemos que es lo bueno, pero en determinadas ocasiones tendemos a hacer lo malo. Y a veces podemos sentir cierta fruición al hacerlas.

Sabemos que comer chocolate, helado, dulces en gran cantidad, es pernicioso para nuestro organismo, pero aun así vemos que uno de los principales problemas en la moderna sociedad es la obesidad. Y cuando vulneramos las limitaciones sentimos algo de regodeo al hacerlo.

Las tentaciones no son otra cosa que atracciones más o menos dominables, que nos llevan a hacer el mal de cualquier manera. En los filósofos paganos, estas tendencias son tratadas desde la afirmación de que el individuo discierne el mal del bien, pero encuentra apetecible hacer el mal, aunque conoce que debiera hacer el bien.

No se trata solamente de ira o concupiscencia, sino de que la tendencia es al mal en muchas ocasiones, y muchos creen cuando están metidos en el mal, que es el bien lo que están haciendo. Hay como digo cierta fruición, en personas al rechazar a Dios y a su Cristo. En sus burlas saben que hacen el mal, pero ellos quieren creer que es el bien; ellos determinan tanto el bien como el mal.

En el cristiano, esto último está solucionado, porque Jesucristo no solo da la pauta a seguir, sino que también nos da el Espíritu para que podamos vencer al “hombre viejo”: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (Efesios 4:22)

Este refuerzo divino es algo que solo percibe el convertido a Dios y que disfruta de las caricias y también los admoniciones de Dios, seguidos del correspondiente consuelo. Dios nos conoce bien, y por eso usa de misericordia en el trato con nosotros, que coceamos contra su palabra y su protección. Tal como hacía Saulo de Tarso.

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Romanos 8:26).

lunes, 12 de septiembre de 2011

A DON FRANCISCO RIENDA RESPUESTA


escritores.jpg image by Aniovedh

Estimado señor: reconozco, tal como me dice, (de una manera tan desconsiderada) que no soy el que tiene toda la verdad y yo le digo que sí, que tiene usted razón. No la tengo; porque la verdad es Jesucristo; Él me tiene a mí, y yo hacia Él aspiro con toda mi alma.

Dicho esto voy a sus preguntas, rogándole que si me suscita más temas, lo haga enviándome la autorización para dar a conocer su carta o parte de ella, como algunos amigos me solicitan, acompañando lo que yo escribo, para así hacerse una mejor idea de la pregunta o afirmación a la que respondo.



Que Dios es padre, es algo que en la antigüedad los escritores decían porque en aquellos tiempos los varones protegían a sus familias y les proveían de sus necesidades. El padre, era una figura protectora y vindicadora también así como una referencia de autoridad.

Esa imagen de la antigüedad se trasladaba a los escritos, que eran entendidos perfectamente por los que los leían o escuchaban. Dios no tiene sexo. Es por tanto incorrecto el llamarlo padre-madre.



De mis éxtasis espirituales, no le puedo decir nada, sino que yo los experimento con mucha felicidad, y que es imposible explicárselo a personas, que por lo que sea no tienen esos momentos.

Si a mí no me gusta una obra de arte en la que otro sí se extasía, es cosa de apreciaciones o perspectivas que en la libertad y características personarles cada uno tiene.



En cuanto a María, la madre de Jesús, es cierto que es según la carne… y el Espíritu, según estoy seguro que se dice en su Biblia, con lo cual ya voy intuyendo que usted es hombre enterado de las cosas religiosas.

Pero sin entrar en teologías y para no caer en herejía, le digo solamente que amo a María por muchos motivos y porque es la madre de mi Señor, lo cual es ya un título imborrable de dignidad y de merecimientos de todas las alabanzas habidas y por haber. A veces se cae en la exageración o se roza el exceso, pero es que en poesía, si no se excede uno es que no es poeta.



En lo que respecta a la fe, le puedo decir que ya puse mi corazón en Jesús y por ahí he ido durante toda mi vida. Las caídas, solo han hecho más robusto mi carácter por lo que doy gracias a Dios, por mis flaquezas que Jesús convirtió en fortaleza y alegría.

Soy hombre feliz y bien abastado de experiencias espirituales, así como de periodos de secano, por lo que también mi fe no se basa solo en éxtasis y regalos de Dios que bien que los agradezco.



El nacimiento de Jesús de una madre virgen es de poco discutir; o se cree o no se cree. Ahí cabe poca discusión, aunque Dios no tiene por qué limitarse a lo que nosotros concebimos, del mismo modo que nosotros no podemos limitarnos a lo que piense un ratón o un mosquito que haya en nuestra casa. En eso ya no lo veo a usted tan espiritual; más bien le veo religioso, y más aún, político.



En estos asuntos de la fe, hay mucho que comprender, aunque estas cosas hay que tratarlas con sumo cuidado, porque si cada uno que lee la Biblia se constituye a sí mismo en teólogo, será discrepante de lo que muchos hombres formados y preparados han erogado como verdadera interpretación, ya molida y cernida de pensamientos y aplicaciones humanas.



En cuanto a mi flaqueza en estos temas y la conveniencia de que me dedicara a otra temática más acorde con mis conocimientos, le diré que ya caí en ello, pero si escribo es para edificar y no para destruir. Jamás se me pasó por la cabeza, dedicarme a otro tipo de literatura que no fuese esta.

De vez en cuando, he hecho algo en temática sin relación con mi vocación cristiana, pero de forma esporádica y sin convicción. Y a veces me he preguntado, que es lo que hago derivando mis pocas capacidades hacia algo que no me satisface.



Ya le he dado respuesta a lo más gordo, con lo que espero haberle respondido adecuadamente. Yo no soy la persona que busca, pues hay gente mucho más preparada que yo, a la que puede acudir en busca de aspectos de la fe que no conozca.

Y si es por polemizar, tampoco soy su hombre. No obstante, no debo rehusar estos temas, pero sin ánimo de sentar doctrina que ya está más que afianzada.

HABLANDO DE MUJERES


No lo puedo remediar; me gusta la feminidad en las mujeres. Porque hoy día las mujeres, imitando a los varones que se feminizan, se tornan cada día más varoniles. En un programa de televisión, haciendo zapping, topé una discusión entre cuatro mujeres destacadas en el ámbito político.

Se diga lo que se diga y por mucha cultura que acumulen algunas féminas, la clase y la feminidad distinguen a unas de otras. No por menos “leída”, ninguna es menos mujer que otra muy ilustrada. Por supuesto no me refiero a esa costumbre femenina (eso se dice) tan imitada por los varones de interrumpirse mientras uno de ellos habla;

Hablan varias personas a la vez, de forma agresiva, que parece, según se ve, que no se reparten bofetadas porque muy juiciosamente el moderador las pone en lugares separados. Creo que por si las moscas. Eso pasa también en las tertulias de los varones ¡vaya que sí! aunque con menos intensidad.

Contrastan estas aberrantes actitudes, con las de otras chicas o señoras que son modelo de moderación, aunque conserven el desparpajo que toda buena tertuliana ha de poseer para entrar en discusión.

Y les hablo de las sonrientes y modestas chicas que dan noticias, son auxiliares de programas serios, y hasta algunas rigiendo su programa en el que dan la justa medida de su capacidad para trabajar; se desenvuelven con varones muy ilustrados y ya mayores, que prácticamente “se las saben todas”. Ellas saben estar, y refutar o matizar los asuntos en discusión.

Por supuesto, los tertulianos varones saben (son gente culta por lo general), como tratar con ellas asuntos de enjundia en los que hay que estar bien informados, y en los que ellas no les van a la zaga. No quiero decir nombres de unas y otras, porque los televidentes las conocen.

No es lo mismo una mujer “ordinaria” y zafia, que una equilibrada fémina que hasta en los más enconados debates sabe que es mujer, y que se ha de producir en todo momento como mujer de cierta “clase”. Clase por supuesto en cuanto a sus condiciones, y su saber estar entre todos. Respetan, y exigen respeto.

Dice la Escritura: Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado… (Proverbios 21:10-11). Aunque muchos desprecian el matrimonio, no deja de ser hermoso que una mujer sea confiable y formal. El que sepa tratarla, sabrá de alegrías y amor.

Tal como funciona la vida moderna y tal como aumenta la marea anticristiana, no cabe duda de que millones de personas se pierden lo mejor de la vida, en busca de emociones peligrosas y ensueños que privan del verdadero sueño. El que lo tiene, sabe bien lo ventajoso que es el evangelio de la buena noticia, para sortear con elegancia las trampas que el mundo pone a toda persona. El enemigo no perdona. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de depravados se ha sentado (Salmo 1:1). En esto, no hay diferencia entre mujer o varón.

AMDG

domingo, 11 de septiembre de 2011

YO TE SIGO SEÑOR (Poemilla)



Yo te quiero seguir mi buen señor,
Y también quiero hacerlo dignamente,
Pero ¿cómo lograrlo? si presente
Ya tengo, mi fracaso y mi dolor.

Nada puedo ofrecer de algún valor;
Solo tengo mi fe, que mansamente
Declara, que si tú te hallas ausente,
Flaqueará sin tu manto protector.

Quisiera que bastara mi trabajo,
Para hacer que mi mérito me avale,
Sin temer del pecado el espantajo.

No reinen, ni el retraso, ni el atajo,
Ni lavado, ni afeite me acicale;
Solo Tú, garantizas mi relajo.