lunes, 2 de enero de 2012

MIS NIETOS














MIS NIETOS

Mi nieto se llama Rafa
Y es alegre y retozón
Más que un caballo trotón,
Pero mi crítica chafa,

Cuando me abraza y agacha
La cabeza el muy bribón,
Para al abuelo tontón
Ablandarlo como gacha.

El tunante me despacha
Con sus besitos sinceros,
 Y así se toma sus fueros
Con su confianzuda  facha,

Y enseguida se despacha
Con abrazos zalameros,
O me ensaya unos pucheros
Y de gozo me emborracha.

¿Habrá quien le ponga tacha,
Y quienes juzguen severos,
Al que imita a los jilgueros
Con su gracia vivaracha

Que nunca enfada ni empacha,
Ni importan sus desafueros
Ni sus trajines fulleros
Con que su gracia remacha?

ROSA

Es mi cantarina Rosa
Un ensueño angelical
Flor sencilla y natural
Que mi fe y ansia reposa,

Y no alcanzo a hacer su glosa
Porque es bella y divinal
Maravillosa y jovial
Paradójica y mimosa.

Sienten ellos anhelosos
Por su abuelo gran pasión,
Sin pago ni condición,
Pues los dos son generosos

Que son mis nietos preciosos
Alma, vida y corazón,
Que me vuelven la ilusión
De mis años venturosos.

Gracias doy al Dios bendito
Por obsequio tan amable,
Que es mi gozo deleitable,
Del cual nunca quedo ahíto

Y a ningún otro yo quito
Su mérito; ni amigable
Considero despreciable,
Pero Rafa  ¡es tan bonito!

EL CAMINO DEL DESTIERRO. Antigua conseja.


Entre las brumas del amanecer dos sombras se mueven lentamente entre la neblina. Son un joven esbelto y decidido, y un anciano de espalda doblada y corto resuello, que trata de seguir al joven que se apresura con pasos nerviosos.

Van al viejo asilo que recoge a los ancianos disminuidos, y a los que su avanzada edad, soledad, o pobreza no les permite vivir en sus propias casas. El joven lleva a su padre al lejano centro de recogida, para dejarlo allí al cuidado del personal que asiste el Centro de Mayores.

El impaciente joven, aguijonea al anciano con palabras cortantes: padre, no se entretenga que yo tengo que hacer muchas cosas; tengo mi trabajo y mi familia que me necesita, y no me puedo entretener más de la cuenta.

Al llegar a una roca que sobresale al borde del camino, el anciano mira suplicante a su hijo y con voz temerosa le pregunta: ya estoy muy cansado, hijo mío, quisiera sentarme un rato en esa piedra grande; sé que tienes mucha prisa, pero ya no puedo seguirte a tu paso.

El joven le mira con gesto irascible, pero después de una breve pausa le dice: Bueno, le dejaré que se siente usted en la roca y descanse un poco; pero después quiero que se apresure. Hay mucho trecho aun para llegar, y yo tengo prisa por volver.

El encorvado anciano se sienta trabajosamente y suspira. Se produce un profundo silencio por algunos momentos. Y el viejo llora silenciosamente.

Ya sabe usted, padre, que esto lo hemos hablado muchas veces; no creo que ahora se deba usted poner a llorar. Tampoco vamos a un sitio malo.

Allí le cuidarán mejor, y los demás podremos dedicarnos plenamente a nuestros trabajos y a nuestras aficiones, ya que creo que nos las merecemos por nuestro esfuerzo.

Somos jóvenes y tenemos poco espacio en la casa. Mi mujer está ya cansada, de estar tan pendiente de usted. Necesitamos expansión y no estar tan atados. ¿Por qué llora usted? ¡Si le voy a dejar en un buen lugar!

El anciano levanta el rostro arrugado, por el que surcan abundantes y ardientes lágrimas; con voz apagada contesta entre sollozos reprimidos: No lloro por que me marcho de la casa, hijo mío aunque no me gusta nada. Lloro porque en esta misma piedra se sentó mi padre el día en que yo lo llevaba al mismo lugar a donde tú me llevas.

Un espeso silencio calló sobre la escena y tras una corta reflexión dijo el hijo:

Pues verá usted, padre, lo que le digo. Cuando descanse a su gusto, nos volvemos ahora mismo los dos para nuestra casa y no se hable nunca más de este asunto.

No quiero que uno de mis hijos, a los que tanto quiero, me vaya que conducir por esta senda ni me tenga que dejar descansar en esta piedra.

No quiero llorar como usted lo está haciendo ahora. Volvamos cuando usted quiera y, tranquilamente, hablaremos de muchas cosas por el camino de vuelta.

Y al momento volvieron los dos en pasos lentos, callando lo que las lágrimas y los suspiros no les dejaban expresar, pero el anciano, que no lo esperaba, se encontró de pronto con que el brazo de su hijo le enlazó por el hombro, y su boca depósito el beso que el anciano había anhelado tanto tiempo sin obtenerlo.

Y llorando, esta vez de profunda alegría, se volvieron los dos enlazados en un inmenso abrazo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

CONSÉRVATE LIMPIO




Consérvate tan limpio que sin tara,
Imites de la abeja su recato,
Que siempre que a beber llega a un regato,
No bebe más que el agua limpia y clara

Si quieres obtener sabiduría,
No quieras obtenerla con violencia,
Más pide a Dios su gracia y su clemencia
Y estudia sin sandez o altanería.

No creas que ya eres rico, si conoces
Que existen abundantes las riquezas,
Si no te pertenecen; son flaquezas
Que te hacen padecer y no son tuyas.

Hay cosas misteriosas que no sabes,
Que son de Dios misterio muy profundo.
No trates de buscar oyendo al mundo,
Y trata de entender los más suaves.

No es piadoso el falaz conocimiento,
Que el mundo te ofrece tan facundo.
Solo Dios desentraña lo profundo
Y da placer, amor, vida y contento.

Si guardas persistente la justicia,
Sabio y limpio te harás sin más quebranto,
Y Dios ciencia dará, con sumo encanto,
E irá su obra haciendo con pericia.

No hagas como muchos ignorantes,
Ni quieras los misterios conocer,
Que no te corresponde a ti saber,
Y déjale al Señor que te quebrante.

sábado, 24 de diciembre de 2011

CON JESÚS


Dondequiera que anide la alegría,
Allí estarás, precioso Redentor,
Si mi vida se torna más sombría
Nunca de ti me faltará el amor.

Aunque ignore que me depara el día,
Y me aceche el peligro alrededor,
Esperaré tu alegre epifanía
Que consuela mi duda y mi temor.

Y seguro en tus brazos amorosos,
Junto al Padre de la divina paz,
Habitaré en parajes abundosos.

Y en la fuerza divina de tu amparo,
Donde alaban los ángeles gozosos,
Andaré por esta tierra sin reparo
.

martes, 20 de diciembre de 2011

RELATILLO DE MI AMIGO QUERIDO ALBERTO BOUTELLIER


Estoy a una semana de la Navidad, y por primera vez en este otoño que termina, he sentido frío. Normal, me dirán: es lo propio de la estación, mas no me refiero al que se mide en grados Celsius, sino al que observo en los ojos de las gentes; no sé si habrá algún medidor capaz de calibrar el frío del que espera y no recibe; frío en los ojos del indigente que confía en la sensibilidad propiciada por las fechas; en los del comerciante, que realiza un esfuerzo excepcional en sus compras en busca de ese coyuntural oasis de la demanda que atenúe su zozobra económica; en aquel que desea estrechar el lazo familiar desatado, congelado durante el año, y solo sustentado por la sangre que circula por sus venas. En los del político, que tras el brillo de eufórica victoria se transforma en hielo acerado, y alterna el pulso tembloroso y firme a la vez, para negar lo prometido. La expresión en el abuelo, que reabre su hogar a hijos pródigos, forzados por la injusticia de intereses bastardos. En la mirada africana con sonrisa de marfil por nuestras calles, que se debate entre un futuro sin esperanza y la nostalgia de un pasado sin retorno. Ojos fríos que se duelen de lo que le falta y no celebra lo que tiene. Ojos anegados que brillan por la tristeza al sentirse agraviados por la sociedad. Ojos que recuerdan las ausencias. Ojos al fin, rendidos, a los que les suena a hueco la rutinaria ¡Feliz Navidad!

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿PORQUÉ TANTA DISCREPANCIA?





Cada una de las congregaciones, iglesias, comunidades, y fraternidades, tiene asentada en su doctrina y en sus cultos, una serie de reglas que ellos dicen ser mandamiento del Señor, pero que se oponen entre sí, hasta el punto de excomulgarse unas a otras, y de menoscabarse mutuamente ante el inconverso.

Recordemos de pasada, a las comunidades cristianas estrictas en cosas como no querer poner ojales o botones en la ropa (son una ostentación de lujo para ellos), o no quieren teléfono, o automóvil, o luz eléctrica, etc. El que quiera vivir así está en su derecho y es admirable su tesón y fidelidad a sus reglas, siempre que no trate de imponerlas y como consecuencia lógica ante la reluctancia de otros, despreciarlos y condenarlos.

Los recabitas, no criticaban el que nadie fuera de su clan bebiera o comiera lo que su patriarca les había aconsejado. Simplemente se negaron a ello, pero cuando las circunstancias pusieron en peligro a su comunidad hicieron lo que debían. No se aferraron a sus ordenanzas, porque entendieron que había algunos casos en los que las ordenanzas estaban de más. Después de pasado el peligro, la integridad se impone de nuevo como si tal cosa.

Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos;

Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; (Jeremías 35: 5-7-8)

O los que se azotan en días señalados (flagelantes) y muchas más clases de extrema observancia que solo a ellos afectan. Decía San Pablo: Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. (Romanos 14,5). Cada cual que actúe según su convicción, que si es salvo o condenado, no lo será por lo que cuaquiera pueda decir de él a Dios, sino por lo que Dios halle en su conciencia.

El dicho de Jesús, de que renunciemos a todo para seguirle a Él, no implica que desamparemos a nadie de los nuestros, porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. (1ª Timoteo 5:8)

Se trata de que  prescindamos de toda persona o cosa, que estorbe nuestra vocación y llamamiento. Ya tiene la vida suficientes contrariedades, como para expiar nuestros pecados a base de suplicios que no sirven de nada, sino la sangre de Jesucristo.

Solo el mérito de Cristo Jesús, avala nuestra salvación y premio eterno. Nosotros haremos bien, siguiendo sus instrucciones como la que sigue: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13:16).

Según mi experiencia, solo practicando el bien continuamente y recogiendo alguna que otra ingratitud, rechazo, etc., basta, sin necesidad de hacer expiaciones por nuestra cuenta. No tratemos de desvirtuar el sacrificio de Cristo con «añadidos» innecesarios, que tienen visos de querer sustituir el sacrificio de Cristo, o hacerlo menos eficaz.

Estos escritos, pretende situar el tema de los matrimonios en un contexto de comprensión mutua, que no excluye discrepancias, pero que no quiere ser agresivo con los que no compartan las ideas que aporto en él. Solo se trata de comprensión y receptividad de lo bueno de los demás.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

LA NECESIDAD DE RECATO



Es ya cosa reconocida, que el porcentaje más abrumador de la sociedad española no quiere ni oír hablar de Jesucristo. Así como suena. Hay otros lugares adonde acudir en vez de  a los de culto, y la gente tiene un brumoso conocimiento (el que lo tiene) sobre esta materia.

Bien es verdad que todos se confiesan cristianos, y con la llegada del Islam ya algunos se atreven a contrastar su ¿fe? con la fe musulmana. Decía un Mullah musulmán, que todos los hombres nacemos musulmanes, porque todos provenimos de Dios. Verdad opinable, pero no debemos olvidar lo que Jesús les dijo a los discípulos que le seguían y escuchaban: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí... (Juan 14:1)

También hay muchos que siente muy listos y suficientes cuando en realidad, enseguida que una adversidad que a todos se nos presenta a los largo de nuestras vidas, claman culpando a Dios de algo que les acontece. El Cristo de Dios para nuestra salvación, enseñanza y ejemplo, es algunas veces objeto de burla.

Mientras esto no sucede, Dios permanece para muchos en una nube tenue, y en algunos hasta es objeto de vejación y hostilidad. Y no solo es el “pueblo ignorante”, sino la llamada “inteligencia” o “intelectuales” por todos los que, naturalmente, no saben ni donde están de pie.

Una inteligencia cubierta de telarañas que les tapan los ojos a lo que verdaderamente es importante, y que es nada más y nada menos que a vida eterna. Con las fatiguitas que se pasan en esta “perra vida” de envidia escasez, injusticias, crímenes, etc. ¿vale la pena vivirla sin fe y sin esperanza de algo mejor, que elementalmente comprendamos que se le haya ocurrido al que hizo este universo? ¿Acaso es más torpe, que nuestra casi divinizada inteligencia?

Y la gente sigue enfrascada en sus pequeños incidentes, angustias, pobreza, o riqueza que “más cuidados le ofrece” como dice Calderón, el poeta en su “Vida es sueño”: Vivimos como anestesiados por las urgencias de las cosas, y nadie tiene tiempo de nada sino de “salir adelante” en esta sociedad que aparenta ser rica, aunque llena de temores, incertidumbres, y tantas agitaciones como soportamos.

Como dice el poeta Juan de MENA en 1444.

Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras e trocas;
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los qu'en tu rueda quexosos fallamos.


Una vida así ¿Quién la quiere? Estamos hechos para vivir, y por eso no soportamos la idea de la muerte que nos produce pavor con solo mencionarla, siendo como es ineluctablemente algo tan definitivo y cierto. Y sin embargo, esa es la vida que nos toca vivir porque la corrupción se ha apoderado de nosotros, cuanto más nos separamos de Dios y queremos vivir nuestra vida como si la hubiésemos recibido en una tómbola.

Estamos forjando falaces filosofías para acallar a nuestras mentes, que conforme se acercan, por la edad o la enfermedad, al fin de su recorrido, comprobamos qué tan  difícil nos cuesta aceptarla. Y así vivimos, hasta que un día nos damos cuenta de que nuestra presencia ya no interesa aquí, y que otras generaciones nos sustituyen, como nosotros sustituimos a otras ya periclitadas.

Entonces, si nos dejan las apreturas, pensamos que no podemos renunciar a otra esfera de la vida, más pura, más despojada de vicisitudes, y sobre todo, plena de eternidad. Y entonces nos parece la hora de meditar los misterios del Cristo, que nos trajo una esperanza viva, tal como mejor dice el apóstol Pedro, y que dejo al final de este modestito escrito:

Un toquecillo bíblico

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, (1ª Pedro 1:3)