viernes, 6 de enero de 2012

AL PADRE



Cuando observo en tu rostro las arrugas,
Que el tiempo y los pesares han dejado,
Luchando bravamente,  yo he notado
Que al viejo tronco brotan las verrugas.

Tus lágrimas, oculto y fuerte enjugas,
Que en eso fuiste siempre reservado.
Los años y la lucha aun no han mellado,
Tus sólidas querencias; ni tus dudas.

Amor de padre; nunca es encomiado,
Y el padre siempre sufre quedo y solo,
Que nunca amor de padre es valorado.

Amor que obra, secreto y recatado,
Siendo desconocido y puesto en dolo,
Y esconde un sentimiento muy celado.

martes, 3 de enero de 2012

AGUA Y ADITIVOS

 

Hace un tiempo, y por casualidad, me fijé en un detalle que conocemos todos, pero que yo no había interiorizado antes. Es cierto, que en cada asunto relacionado con cualquier pequeña o grande cosa, podemos sacar consecuencias espirituales. Pero en este caso se quedó muy bien fijado en mi mente.

Cuando estaban poniendo ropa en una máquina de lavar, me fijé que se ponían detergentes y alguna cosa más que yo, como buen machista, no conocía. Eran aditivos necesarios (no indispensables), para que la ropa saliera perfumada, blanca, suave, etc.

Logros de la técnica.  Entonces me di cuenta de un componente, que siempre había dado por descontado que se empleara. El agua; Esta hace que los demás elementos puedan entrar en acción eficazmente.

Es inútil poner muchos suavizantes, perfumadores, etc. en la lavadora, si no se añade el agua. Sin agua no había lavado que hacer; con agua se podía lavar, aunque la ropa saliera de forma menos suave y adornada que añadiendo los elementos mencionados.

Antiguamente se lavaba a mano, y a falta de jabón se usaba arena, frotando sobre una piedra o tabla de lavar; en algunos casos sin ningún aditamento que añadir, aunque siempre se hacía y hace con agua.

Siempre se ha dicho que la salvación es por Gracia, y se añade que esta tiene que ir acompañada de buenas obras; y eso es innegable. Pero dígame alguien si esas obras, no son consecuencia natural de esta Gracia. Si hay Gracia, habrá obras, y si no hay Gracia no las habrá, o serán las obras  infructuosas de las tinieblas.

Si hay obras puede haber Gracia; si hay Gracia siempre hay obras. A mi me parece honestamente, que esa polémica estéril de obras y Gracia, es superflua, puesto que una cosa lleva a otra de forma natural y necesaria.

Es tal como una persona viva. Si hay vida hay movimiento, y en palabras llanas, obra y acción. Si esa persona está muerta, no hay obra que pueda hacer. De igual modo la vida es, por definición, movimiento y acción. Es el «Eros» de los antiguos.

El que está en Cristo, ya ha adquirido nueva vida después de permanecer espiritualmente muerto: Así que, en la nueva vida se incluyen de forma necesaria y suficiente, las obras propias del Espíritu de Dios que actúa en nosotros.

Este asunto que tanta polémica levanta, me parece a mí tan elemental, que no me explico esos «dimes y diretes» que aun no acaban, y que se sustancian de forma repetitiva en largas disquisiciones, cuando es tan primario y claro.

¿Y los hipócritas, que hacen buenas obras y, aun aparentemente, mejores que los que no lo son? Pues está claro que son hipócritas, y estos tienen un destino que no es el del genuino (aunque siempre imperfecto) creyente, que basa y adquiere su perfección en la perfección de Cristo, que es la única perfección.

A los hipócritas, Dios valorará y no muy bien, según estas palabras de Jesús: y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Mateo 24:51). Nada deseable por cierto.

Un pequeño texto biblico

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:1 al 10).

lunes, 2 de enero de 2012

MIS NIETOS














MIS NIETOS

Mi nieto se llama Rafa
Y es alegre y retozón
Más que un caballo trotón,
Pero mi crítica chafa,

Cuando me abraza y agacha
La cabeza el muy bribón,
Para al abuelo tontón
Ablandarlo como gacha.

El tunante me despacha
Con sus besitos sinceros,
 Y así se toma sus fueros
Con su confianzuda  facha,

Y enseguida se despacha
Con abrazos zalameros,
O me ensaya unos pucheros
Y de gozo me emborracha.

¿Habrá quien le ponga tacha,
Y quienes juzguen severos,
Al que imita a los jilgueros
Con su gracia vivaracha

Que nunca enfada ni empacha,
Ni importan sus desafueros
Ni sus trajines fulleros
Con que su gracia remacha?

ROSA

Es mi cantarina Rosa
Un ensueño angelical
Flor sencilla y natural
Que mi fe y ansia reposa,

Y no alcanzo a hacer su glosa
Porque es bella y divinal
Maravillosa y jovial
Paradójica y mimosa.

Sienten ellos anhelosos
Por su abuelo gran pasión,
Sin pago ni condición,
Pues los dos son generosos

Que son mis nietos preciosos
Alma, vida y corazón,
Que me vuelven la ilusión
De mis años venturosos.

Gracias doy al Dios bendito
Por obsequio tan amable,
Que es mi gozo deleitable,
Del cual nunca quedo ahíto

Y a ningún otro yo quito
Su mérito; ni amigable
Considero despreciable,
Pero Rafa  ¡es tan bonito!

EL CAMINO DEL DESTIERRO. Antigua conseja.


Entre las brumas del amanecer dos sombras se mueven lentamente entre la neblina. Son un joven esbelto y decidido, y un anciano de espalda doblada y corto resuello, que trata de seguir al joven que se apresura con pasos nerviosos.

Van al viejo asilo que recoge a los ancianos disminuidos, y a los que su avanzada edad, soledad, o pobreza no les permite vivir en sus propias casas. El joven lleva a su padre al lejano centro de recogida, para dejarlo allí al cuidado del personal que asiste el Centro de Mayores.

El impaciente joven, aguijonea al anciano con palabras cortantes: padre, no se entretenga que yo tengo que hacer muchas cosas; tengo mi trabajo y mi familia que me necesita, y no me puedo entretener más de la cuenta.

Al llegar a una roca que sobresale al borde del camino, el anciano mira suplicante a su hijo y con voz temerosa le pregunta: ya estoy muy cansado, hijo mío, quisiera sentarme un rato en esa piedra grande; sé que tienes mucha prisa, pero ya no puedo seguirte a tu paso.

El joven le mira con gesto irascible, pero después de una breve pausa le dice: Bueno, le dejaré que se siente usted en la roca y descanse un poco; pero después quiero que se apresure. Hay mucho trecho aun para llegar, y yo tengo prisa por volver.

El encorvado anciano se sienta trabajosamente y suspira. Se produce un profundo silencio por algunos momentos. Y el viejo llora silenciosamente.

Ya sabe usted, padre, que esto lo hemos hablado muchas veces; no creo que ahora se deba usted poner a llorar. Tampoco vamos a un sitio malo.

Allí le cuidarán mejor, y los demás podremos dedicarnos plenamente a nuestros trabajos y a nuestras aficiones, ya que creo que nos las merecemos por nuestro esfuerzo.

Somos jóvenes y tenemos poco espacio en la casa. Mi mujer está ya cansada, de estar tan pendiente de usted. Necesitamos expansión y no estar tan atados. ¿Por qué llora usted? ¡Si le voy a dejar en un buen lugar!

El anciano levanta el rostro arrugado, por el que surcan abundantes y ardientes lágrimas; con voz apagada contesta entre sollozos reprimidos: No lloro por que me marcho de la casa, hijo mío aunque no me gusta nada. Lloro porque en esta misma piedra se sentó mi padre el día en que yo lo llevaba al mismo lugar a donde tú me llevas.

Un espeso silencio calló sobre la escena y tras una corta reflexión dijo el hijo:

Pues verá usted, padre, lo que le digo. Cuando descanse a su gusto, nos volvemos ahora mismo los dos para nuestra casa y no se hable nunca más de este asunto.

No quiero que uno de mis hijos, a los que tanto quiero, me vaya que conducir por esta senda ni me tenga que dejar descansar en esta piedra.

No quiero llorar como usted lo está haciendo ahora. Volvamos cuando usted quiera y, tranquilamente, hablaremos de muchas cosas por el camino de vuelta.

Y al momento volvieron los dos en pasos lentos, callando lo que las lágrimas y los suspiros no les dejaban expresar, pero el anciano, que no lo esperaba, se encontró de pronto con que el brazo de su hijo le enlazó por el hombro, y su boca depósito el beso que el anciano había anhelado tanto tiempo sin obtenerlo.

Y llorando, esta vez de profunda alegría, se volvieron los dos enlazados en un inmenso abrazo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

CONSÉRVATE LIMPIO




Consérvate tan limpio que sin tara,
Imites de la abeja su recato,
Que siempre que a beber llega a un regato,
No bebe más que el agua limpia y clara

Si quieres obtener sabiduría,
No quieras obtenerla con violencia,
Más pide a Dios su gracia y su clemencia
Y estudia sin sandez o altanería.

No creas que ya eres rico, si conoces
Que existen abundantes las riquezas,
Si no te pertenecen; son flaquezas
Que te hacen padecer y no son tuyas.

Hay cosas misteriosas que no sabes,
Que son de Dios misterio muy profundo.
No trates de buscar oyendo al mundo,
Y trata de entender los más suaves.

No es piadoso el falaz conocimiento,
Que el mundo te ofrece tan facundo.
Solo Dios desentraña lo profundo
Y da placer, amor, vida y contento.

Si guardas persistente la justicia,
Sabio y limpio te harás sin más quebranto,
Y Dios ciencia dará, con sumo encanto,
E irá su obra haciendo con pericia.

No hagas como muchos ignorantes,
Ni quieras los misterios conocer,
Que no te corresponde a ti saber,
Y déjale al Señor que te quebrante.

sábado, 24 de diciembre de 2011

CON JESÚS


Dondequiera que anide la alegría,
Allí estarás, precioso Redentor,
Si mi vida se torna más sombría
Nunca de ti me faltará el amor.

Aunque ignore que me depara el día,
Y me aceche el peligro alrededor,
Esperaré tu alegre epifanía
Que consuela mi duda y mi temor.

Y seguro en tus brazos amorosos,
Junto al Padre de la divina paz,
Habitaré en parajes abundosos.

Y en la fuerza divina de tu amparo,
Donde alaban los ángeles gozosos,
Andaré por esta tierra sin reparo
.

martes, 20 de diciembre de 2011

RELATILLO DE MI AMIGO QUERIDO ALBERTO BOUTELLIER


Estoy a una semana de la Navidad, y por primera vez en este otoño que termina, he sentido frío. Normal, me dirán: es lo propio de la estación, mas no me refiero al que se mide en grados Celsius, sino al que observo en los ojos de las gentes; no sé si habrá algún medidor capaz de calibrar el frío del que espera y no recibe; frío en los ojos del indigente que confía en la sensibilidad propiciada por las fechas; en los del comerciante, que realiza un esfuerzo excepcional en sus compras en busca de ese coyuntural oasis de la demanda que atenúe su zozobra económica; en aquel que desea estrechar el lazo familiar desatado, congelado durante el año, y solo sustentado por la sangre que circula por sus venas. En los del político, que tras el brillo de eufórica victoria se transforma en hielo acerado, y alterna el pulso tembloroso y firme a la vez, para negar lo prometido. La expresión en el abuelo, que reabre su hogar a hijos pródigos, forzados por la injusticia de intereses bastardos. En la mirada africana con sonrisa de marfil por nuestras calles, que se debate entre un futuro sin esperanza y la nostalgia de un pasado sin retorno. Ojos fríos que se duelen de lo que le falta y no celebra lo que tiene. Ojos anegados que brillan por la tristeza al sentirse agraviados por la sociedad. Ojos que recuerdan las ausencias. Ojos al fin, rendidos, a los que les suena a hueco la rutinaria ¡Feliz Navidad!