miércoles, 18 de enero de 2012

ALCALÁ LA REAL Mi pueblo

Cortesía de LLANILLO

Cómo hablar de mi amor y mi devoción para con mi amado pueblo, Alcalá la Real, en el que viví continuamente durante 30 años desde mi nacimiento? Nadie puede escrutar y describir los sentimientos que me embargan cuando deambulo por la calle Pedro Alba contemplando y recordando las fachadas señoriales

La calle Oteros tan estrecha y tan misteriosa para mí, el antiguo Hospital otrora también inclusa, etc. Las entrepuertas de La Mota, con su sobrecogedora soledad en cualquier día oscuro y frío, característico de Alcalá y tantos lugares para mí tan significativos y de tanta influencia en mi vida interior. 

Recuerdo (no lo puedo olvidar) el toque a muerto (generalmente una persona rica o conspicua) de las campanas de la formidable y bellísima torre de la casi derruida Iglesia de Santa María la Mayor, en plena fortaleza de la Mota, tan sonoras y significativas.

Campanas tristes de la vieja Mota
De ronca esquila que traspasa el alma,
Recuerdo triste...

Aun hoy me paro a contemplar el bellísimo y cabalístico equilibrio entre su anchura y su altura y su orgullosa y rampante hermosura. Domina desde lo alto toda la fértil comarca, como presidiendo las torres de aviso que hay en su alrededor.

Nunca olvidaré mi Iglesia de San Antón tan hermosa y (ojo, paisanos) tan abandonada. Con aquel pequeño recintillo del «Señor de la Misericordia» siempre tan solo en las noches de invierno, en que parecía que se cortaba el frío.

La iglesia de Las Angustias, la de Santo Domingo, de la que aun espero vehementemente que será restaurada algún día; la de San Juan a la que me gustaba llegar desde los callejones medievales que llevan hasta allí desde la Mota y bajar por la calle Rosario.

Y, como no. La Iglesia de Consolación que tantos episodios ha escrito en mi vida y en la de todos los alcalaínos. Con su nave central inmensa y que tantas noches visité cuando silenciosa y fría me ofrecía el único lugar para mis meditaciones.   

Mi unión o vinculación con Alcalá es tan estrecha, que al final terminaré por ir a morir a ella, como animal herido que va a su cubil.  Todo en Alcalá es fuente y motivo de nostalgia para mí. Aun puedo evocar cuando entro en la plaza del Ayuntamiento, a los niños cuando jugábamos a «cangreje» y los «liques» de Iro y compañía.

Cangreje,
Harinilla y harineje.
Tengo un patio
Muy bonito
Debajo, una higuera
Que echa los higos chumbales...

Los «tallos» tan ricos por las mañanas, los «hornazos» para el día de San Isidro y para cuando era el «Día del cerro» con sus pitos de barro y «La hermana Mayora» con sus banderas y estandartes.

Las solemnes campanadas del reloj del Ayuntamiento o los gritos mañaneros de los «castilleros» preparando sus mercancías de frutas y hortalizas, que tan denodadamente cultivan y vendían y venden en Alcalá. Todavía hoy, me parece oir a veces el ruido de los vehículos subiendo por la calle Alonso Alcalá, donde vivía en una inmensa casa que ahora es un bloque de viviendas y un banco o Caja de ahorros en sus bajos.

Aquellas tardes en casa del tío Cristóbal (falangista él, como mi tío Pepe era republicano y lo pasaron mal los dos), zampándome la propaganda de Adler y Signal, las dos revistas que hablaban de los triunfos alemanes en la segunda guerra mundial.

Yo era un furibundo germanófilo, y cuando las revistas empezaron a publicar en sus páginas asuntos poco relacionados con las primeras campañas triunfadoras germanas, sufrí un tremendo choque en mi niñez. Era la primera vez que mis ideales empezaban a desmoronarse.

Las tardes con mi hermano Miguel, poniendole la cabeza como una zambomba con mis locos relatos que él se bebía literalmente. Yo mentía como un bellaco, pero también me creía lo que le contaba. Una antiquísima y oxidada escopeta y un sable de mi abuelo, nos daban la ocasión de calentar la situación dramática de  los relatos, allá en la gran terraza.

Por si fuera poco chupábamos los chorizos que mi madre colgaba de aquellas cámaras, haciendo luego con los labios el cierre de tal modo que mi madre no se percibiera de la sustracción. ¡Y vaya si se notaba, pero ella se hacía la boba.

Aquellas cámaras de leña del obrador en la pastelería de un amigo entrañable, donde encontramos revistas antiguas con escenas escabrosas, y que devorabamos y comentábamos como entendidos “maduros del sexo” entre nosotros.

Y las tardes de lluvia, en la que nos empleabamos en envolver caramelos sin más retribución que “el diente libre”, es decir que podíamos comer los caramelos que quisieramos mientras trabajábamos, pero solo los trozos sueltos. Bueno, la verdad que siendo aquella la consigna no chupábamos también los enteros. Allí no había miseria.

Las palomas que fueron mi gran afición, además de las chicas; las palomas se comieron literalmente dos mil kilos de yeros americanos, que mi padre guardaba en una de las cámaras. Entraban por un ventanuco, y yo creía que se alimentaban de lo que encontraban en el campo.

Era tal mi capacidad de convicción que mi padre creo que llegó a creérselo, hasta que un día comprobó el desastre que le habían hecho las palomas de su hijo. No sé como me dejó vivo, y desde luego mucho me debía querer cuando me dejó seguir con las palomas.  

Aquellos partidos de pelota en la plaza, con un niño que vigilaba y que de vez en cuando gritaba .-¡que viene un municipal!- y el buen hombre se demoraba para darnos tiempo para recoger nuestra pelota de trapo o de papel, y hacer la comedia de que no jugábamos. Comedia que cuando la rememoro no deja nunca de darme risa.

Y las farolas que se podían hacer sonar, subidos en ellas. Aquellas niñas jugando a la rayuela: las ya mocitas a las que tanto hacíamos rabiar levantándoles las faldas en rápidas carreras para cogerlas desprevenidas, y de las que escapabamos entre risas por nuestra parte y los insultos (bien merecidos) de aquellas, con algún que otro tortazo que conseguían sacudirnos.

Las cañas partidas que hacíamos servir de esquís por la calle Veracruz cuando después de una nevada, tan frecuente en Alcalá, nos dejábamos resbalar por ella aprovechando su empinada cuesta.

Excursiones a los Tajos, a las Cruces... o a La Mina, que por cierto no sé si ya existe hoy y que nosotros los chicos creiamos (y así puede que sea) era un largo laberinto que nos podía llevar a La Mota.

¡Cuantas veces penetrábamos en aquella cueva tan sugerente y misteriosa, y nos volvíamos miedosos cuando apenas habíamos penetrado en sus húmedas entrañas unas docenas de metros! El más valiente era, claro está, quien más profundamente había entrado en ella.  

Aquella juventud cándida y anhelante, curiosa y temeraria, ebria de vitalidad y buscado desesperadamente saltarse los pequeños horizontes a los que nos habían confinado las secuelas de La Guerra Civil o mejor dicho, incivil.

Ansiosos de horizontes y conocimientos, encerrados en aquel casino tan hermoso, nos costaba un esfuerzo titánico procurarnos el dinero para poder pagar la cuota mensual. Pero la pagábamos, porque a algunos (muy pocos) nos proporcionaba la ocasión de hablar de Rubén Darío, García Lorca, Miguel Hernández, Unamuno, Machado, y otros escritores prohibidos como Felipe Trigo, Eduardo Zamacois, Fray Candil... y tantos autores por aquel tiempo tan desfenestrados como el mismo Jacinto Benavente. Y cuanto más prohibido, mejor.

Todo ello con un aire de misterio, para no ser descubiertos y expulsados del casino. Lo que nos recomendaban y podíamos leer sin cortapisas era Machado (Manuel), Pereda con su obra Peñas Arriba, Sotileza, etc. recomendadísima por todos, y especialmente por las fuerzas vivas de aquel tiempo.

Blasco Ibañez y Galdós a los que me devoré varias veces y me hizo por aquel tiempo devoto de los héroes de Trafalgar, Churruca y Gravina, y odiar al detestable atormentado cura Trijueque. Leíamos y escribíamos poemas, que discutíamos secreta y acaloradamente.  

Ortega y Gasset, encendía nuestros ánimos cuando nos describía como «tigrecillos encerrados en los casinos»; en la jaula de nuestras propias limitaciones y en el entorno de aquel tiempo. Más adelante, con el establecimiento de la Biblioteca Municipal, tuvimos acceso más fácil a más libros y ya podíamos hablar y comentar con la bibliotecaria de la que todos conocéis el nombre. Mi mayor afecto y admiración hacia ella y su trabajo, tan espléndido con los jóvenes.

Las palabras de Machado –Antonio-, casi proscrito en aquel tiempo, nos encendían en quimeras y anhelos sin concreción alguna, pero era casi nuestro «Leit motiv» de vivir. Los estudios y todo lo demás, no tenían mayor importancia para nosotros, o por lo menos para mí. Había en nosotros el empuje de una generación que deseaba, ante todo, superar los traumas de la guerra y sus desdichadas secuelas. No sabíamos exactamente lo que queríamos, y sin embargo creo que lo percibíamos muy bien.

Alcalá debe mucho a estos jóvenes pioneros de la libertad y de las inquietudes de progreso. Fue la Alcalá más altruista y audaz, que sacrificó sus espectativas de éxito para darle a la vida del pueblo (hoy ciudad), un tono de despegue y de renovación, aunque no sabían que lo estaban haciendo aparte de estropear sus carreras y su porvenir.  

También fuimos (y en mi caso fue así), la desesperación de nuestros padres que, eran los primeros en no comprendernos, empeñados en empujarnos a nuestro éxito material. A pesar de todo, insistimos en nuestra locura tan épica y primordial para nosotros, y que tanto nos distinguió por la demencia temeraria que observaban los que nos conocían.

Dejamos en el puerto la sórdida galera
Y en una nave de oro nos plugo navegar
Hacia los altos mares sin aguardar ribera
Lanzando velas y ancla y gobernalle al mar.

¡Cuantas veces, adolescentes, mirábamos la carretera de Granada con un impulso que nos hacía vibrar el corazón, imaginando lo que habría de haber tras los horizontes que vislumbrábamos desde la Mota! Para mí todo era inflamable con mi imaginación. Romántico hasta más no poder, deseaba darle a toda relación ese toque de lealtad y un halo de imaginación.

La Mota, la Mazmorra, el Cementerio, la Iglesia; para nosotros todo aquello era el depositario giganteo de mil misterios. Todo era en Alcalá, un tesoro para nosotros los que en ese mundo casi cerrado, tuvimos la visión de un porvenir para nuestro pueblo, mejor y más merecido que el presente que vivíamos.

Las tardes del «Juego pelota» que así se llama este lugar, y no el repipí «Juego de pelota» quizás reminiscencias del de la Revolución Francesa. Allí y en la Plaza jugaban las chicas a la comba, y nosotros estábamos atentos al vuelo de sus faldas. Ellas lo sabían, y se las recogían con las manos, frustrando así nuestro ladino acecho. De todos modos algo veíamos y eso era bastante.

Al pasar la barca
Me dijo el barquero,
Las niñas bonitas
 No pagan dinero...

La Fuente de la Mora con su subyugante historia y que un autor que no recuerdo, describía tan cercana y nuestra cuando relatando la ira del cristiano amante de la mora Cava o Caba  decía:

¡Ay! del muslín si arrojado
Osó ofender a la Cava...

Todavía recuerdo estos versos del fascinante relato.

El Coto. Expansión de nuestras vitalidades y nuestros cuerpos. El Coto unió a los jóvenes de nuestro entorno, mucho más que tantas celebraciones que precisamente trataban de obtener, sin conseguirlo, lo que la camaradería del deporte lograba sin esfuerzo alguno.

Aquellos equipos de futbol, sin más equipamiento que aquel que el noble entusiasmo procuraba por medio de lo que cada uno se aportaba, Alpargatas, zapatos de paseo, (luego había que explicar esto a las madres), raras veces botas y rarísimas veces, verdaderas botas de fútbol. Pero el equipo de Alcalá jugaba y se proyectaba, solo con aquellos pobres rudimentos que a veces rozaban lo ridículo.

Adelante campeones
Del equipo volador
El que no tenga calzones
Que se ponga un bañador.

¡Cuantas veces teníamos que saltar lugares prohibidos, para conseguir oir zarzuelas! Y no es que estuviesen prohibidas formalmente, porque en tal tiempo ni lo sabíamos, aunque que no eran ni mucho menos asequibles, a los jóvenes que no tuvieran muchísimo interés en oirlas. ¡Que maravillosamente jugosa, nos parecía aquella música en aquel tiempo! El tiempo de la «Vaca Lechera», Machín, etc. y otras de contenido patriótico.

Prietas las filas, recias marciales,
Nuestras escuadras van,
Cara al mañana, que nos promete
Patria, justicia, y  pan


Aquella Academia que llamabamos «La Estaca» como contraposición con el Colegio de Málaga llamado El Palo, adonde iban los más privilegiados, tanto de Alcalá como de todos los pueblos del entorno. Aquellos profesores repletos de vocación y ¿porqué no decirlo? de necesidades y mucha incomprensión por parte de alguna gente, pero de un estilo y un interés impresionante. ¡Como los recuerdo!

Ya más cuajados, las escapadas en bicicleta para reforzar a los equipos de futbol de los pueblos cercanos. Después de un partido de fútbol y de bailar como locos en las casetas de la feria del pueblo en cuestión, tal vez a 30 kilómetros, volvíamos a Alcalá en bicicleta de nuevo a las tantas de la noche, y con la reprimenda asegurada por parte de nuestros padres. ¡Como os recuerdo, dulces amigos!

Nuestro hermoso «Paseo» que así se llama el parque de Alcalá con sus «marmolillos», sus bancos de piedra (que hasta para eso es señorial mi pueblo), y presidiendo todo, la Cruz de los Caídos, detrás de la cual hacíamos bellaquerías algunos chicos y chicas. Travesuras de muchachos.

Los cines de verano y El Teatro Martinez Montañés, con su «gallinero» su anfiteatro y su «patio  butacas» donde nos proyectaban al principio aventuras de vaqueros con sus heroes a caballo Ken mainar y Bob Steele como les decíamos nosotros. Más tarde Sudán, el héroe Sabú... y otras en «Tecnicolor» amén de alguna que otra obrilla de teatro. Para nosotros era un banquete.

Cuando pusieron (o quisieron poner) la «Blanca doble», una revista picante para aquel tiempo (hoy sería bastante pacatilla), las gentes se debatían entre la moral y la curiosidad. Hubo altercados, y al final creo que no la pusieron. Ya no lo recuerdo, pero creo que yo no la ví.

Aquellas aventuras cinematográficas y sugerentes «adelantos» nos vovían locos y encendían nuestra imaginación, aunque las veíamos a trozos por la costumbre de los «descansos» y los apagones que nos dejaban en tinieblas a mitad de la proyección. Aquella juventud que cantaba:

Desde que vino la moda
De los abrigos granate
Parecen los señoricos
Papas fritas con tomate.

Que al final llevabamos casi todos Y las chaquetas blancas que hicieron furor y que hicieron popular la canción:

Madre yo quiero, yo quiero,
Quiero una chaqueta blanca
Con los bolsillos de parche
Y los botones de nácar.

Lo mismo me dá de seda,
 Que de hilo, que de lana.
Madre yo quiero, yo quiero,
Quiero una chaqueta blanca.

Aquellos años de Machín o Bonet de Sampedro, la famosa Orquesta Orozco tan esperada todos los años en Alcalá, y que a veces traía una vocalista que era la comidilla de los chicos...y de las chicas, con sus melancólicas y líricas canciones, cuando venían  a las casetas de la feria de Alcalá. Esta feria era entre todas, la más hermosa, con enorme cantidad de ganado y muchas transacciones, y que esperábamos con ansia y también despedíamos casi con frenesí para aprovecharla a fondo.

Aquellas chicas, adolescentes, casi nos eran indiferentes (nos parecía a nosotros), al lado de las cuales blasfemábamos para escandalizarlas. Las mismas a las que perseguíamos de aquí para allá en procesiones, a la salida de «misa de doce» y en cualquier lugar donde ellas se encontraran… porque allí las buscábamos.

Más adelante, aquellas preciosas jóvenes, hoy matronas y  quizás ignorantes de lo mucho que las amamos, eran para nosotros un acicate y las elevábamos hasta situarlas a un nivel sumamente romántico, enfrascándonos en un culto caballeresco, imitando a los héroes de nuestras mentes calenturientas.

Y es que en aquellos tiempos una chica se cotizaba mucho, y continuamente andábamos de escondidas para verlas y hablarlas. A veces para escuchar que nos mandaran a la porra por pesados, y no ser exactamente la persona en la que ellas pensaban. Pero nos «arrimábamos» a todas.

¡Ah, amigas mías! Os recuerdo con toda la dulzura de mi corazón y aun cuando os vea ya mayores, no temáis sobre lo que piense de vosotras  porque yo siempre os contemplaré con todo el amor de que soy capaz.

Lo poco o mucho que me has dado tú, amiga que me lees, lo he agradecido, y lo recuerdo y recordaré mientras viva. No te sientas olvidada. Yo, Yo,  te recuerdo. Sois el mejor recuerdo de mi juventud. ¡Benditas seáis!

Los bailes organizados en la casa de alguna chica, y a la que los varones llevábamos garbanzos tostados y sangría muy aguada (no había dinerito para más). Ellas limpiaban (con nuestra ayuda en lo más gordo) el salón de baile, y lo adornaban con cintas y farolillos que recogían al final de la fiesta (al dar las diez y ni un minuto más), para otra vez en otro baile volverlas a poner.

¡Que maravillosas chicas! ¡Cuanto les debemos (al menos yo) en ternura, belleza y alegría! Llenas de simpatía y buenas formas, eran nuestras cómplices para preparar nuestros modestísimos saraos y, eso sí, bailaban todas con todos. Ninguna, ni ninguno, se quedaba sin bailar.

Eso sí, Cuando algun interesaba a alguno o al contrario se les dejaba que bailaran todo lo que quisieran sin estorbarles en su casi inocente idilio.

Los músicos se turnaban para participar en el baile, y eran nuestros propios amigos. Una guitarra, un laud, una bandolina, y algún instrumento más que no recuerdo, (orquesta de pulso y púa, la llamábamos nosotros) bastaban para que pasásemos las fiestas más alegres, y con una solidaridad confianzuda entre chicos y chicas verdaderamente ejemplar.

Hoy, Alcalá ha despegado y resulta ser una ciudad en plena expansión, con un vigor y un potencial increíbles y todavía sin explotar adecuadamente. En cuarenta años de viajes por toda España, pueblo por pueblo de los más grandes, muchos me han dicho:¿Usted es de Alcalá la Real? ¡Que frío!, ¡Pero que gente más acogedora! -Yo estuve allí en la guerra o como vendedor etc. pero me acuerdo con gran cariño de Alcalá.-

Nadie me ha hablado de nada negativo sobre Alcalá, y no ha sido exactamente por cortesía. Es que Alcalá ha suscitado un atractivo misterioso sobre todo el que la ha visitado.

Como hay que acabar alguna vez y no deseo extenderme demasiado, no quiero que se crea que olvido a las personas de mi generación que me mostraron un afecto que tal vez (y pido perdón por ello) no habré sabido corresponder como merecen. Pero a todos quise y a todos quiero hoy. Muchos viven, por fortuna. Otros ya nos han dejado, pero todos tienen un lugar muy calentito en mi corazón.

No puedo dar nombres, porque no acabaría este relatillo… ni me cabrían en él, y no quiero agraviar a nadie por omisión involuntaria; pero sabe, lector amigo que me has conocido y tratado, que soy tu amigo y que seguro que te estimo mucho más, tal vez, de lo que puedas sospechar. Alcalá es mi patria, y amo a Alcalá y su gente. ¡Que conste!


lunes, 16 de enero de 2012

VERDADES Y ACTITUDES





Efectivamente, leo mucho más de lo que escribo, porque la lectura es mi vicio y no mi vocación. Y me gusta leer lo que cada cual dice, porque hay mucho de verdad en lo que dicen todos. No se puede administrar la mentira de la forma que se hace, si no se apoya en una sólida verdad.


Leo en una revista de La Internet, las opiniones de unos teólogos, en la cual observo opiniones más propias del campo protestante que de unas personas que se llaman católicos. Ponen en solfa la autoridad del Papa. Así el P. Ceriani, dice entre otras muchas afirmaciones: Visto que el Superior General no exige a la Roma anticristo y modernista la rehabilitación sin ambigüedades ni condiciones de Monseñor Lefebvre y de Monseñor de Castro Mayer, 

Critican amargamente a la jerarquía, y parece ser que tienen muchas ideas (contrapuestas), de cómo conducir -mejor que la Jerarquía actual- los destinos de la Iglesia Católica. Y es posible que sea verdad. Nadie es infalible- por lo menos eso dicen ellos-.

El que más y el que menos, tiene algo que decir sobre la dirección de la lucha que libra el cristianismo en general, contra su enemigo mortal. El diablo. Considero la proclamación de Jesucristo, como la forma de mostrar a los hombres el camino de la salvación y la amistad con Dios. Pero ese anuncio ha de ir acompañado de la coherencia necesaria con lo que se predica.

Yo tengo una idea muy concreta sobre la humildad, la disciplina, -entre otras muchas cosas- de estas manifestaciones, que me ha hecho pensar mucho sobre la materia; es que la crítica se hace sin el menor respeto hacia quien es (aunque sea por el momento), su superior, mientras ellos permanezcan dentro del catolicismo. Y así en casi todo.

Tengo mucho que decir de los pastores de las innumerables iglesias protestantes (termino común para las congregaciones de la  Reforma), y muchas de ellas no me gustan, como no me agradan nada la dispersión de ellas.

Se dice, para justificar esta disgregación, que todos comulgan con la misma idea, aunque no es así, como se puede comprobar, haciendo una lista de las muy distintas denominaciones, tan dispares y a veces hasta enfrentadas entre sí.

Tengo gran simpatía por los heterodoxos, porque piensan; tienen su idea más o menos correcta de su relación con Dios, pero lo que me disgusta grandemente es que pretendan ser uno, cuando no lo son. También me hacen pensar -y no favorablemente- los católicos que, como el señor Pagola, etc. quieren ser más justos, más inteligentes, y tener más conocimiento que sus superiores de las situaciones por las que transita  su Iglesia.

Lutero, tuvo la gallardía de defender sus tesis frente al emperador Carlos . Ahora no podemos saber (sobre todo los jóvenes), el poder del emperador, y en aquel tiempo. En aquellos tiempos, hacía falta mucha convicción para defender -como lo hizo Lutero- sus tesis y su comprensión de la fe.

He ahí un camino para imitarle, y más aun cuando los papas reinantes en su tiempo, no eran ni mucho menos tan dignos de respeto como el actual.  Y desde luego, a nadie se le ocurriría amenazarles o perseguirles hoy día, -entre otros motivos porque no pueden hacerlo, como se podía en tiempo de Lutero-.

Los esfuerzos de ecumenismo hechos en todas, y desde todas  direcciones, no significa una absorción de unos por otros, ni de concesiones más o menos sospechosas de heréticas por unos y otros; pero el respeto a la conciencia de todos, es algo que Jesús practicó sin apearse un átomo de su pensamiento, y en definitiva de la verdad. Y en Él, si que se le puede confiar.

domingo, 15 de enero de 2012

¿PUSILÁNIMES O SANTOS?

 

Hemos de reconocer que el egoísmo nos dirige en la mayor parte de nuestras vidas. Y es así porque somos animales, que están hechos para vivir y solo hacen lo que les conviene en cada momento. Es regla de vida. El animal es puro, porque solo hace lo que su instinto -bastante bien regulado- le hace hacer. Su instinto le guarda de muchos tropiezos, y le proporciona alimento y refugio y reproducción.

El ser humano es otra cosa, porque ya no se trata de un prado donde vivimos y medramos todos, sino que la vida el hombre se rige por otros parámetros distintos y lógicamente su inteligencia le hace dirigirse por donde ella le lleva. Somos animales racionales, aunque la racionalidad mezclada con el instinto en vez de mejorarnos, nos lleva a veces a las mayores deformidades de los dos elementos.

Por todos es reconocido el buen hacer, y hasta en los medios más bajos de la sociedad hay una forma buena y otra mala de comportamientos. Así, los ladrones tienen su “moralina”, que les lleva a comportarse unos con otros según una reglas que son bastante arraigadas. Una de ellas -muy conocida- es la de no dar cuenta para nada a la policía de las actividades de otros. El "chivato" está muy mal visto entre ellos.

Existe pues una moral peculiar en cada grupo humano, y en el grupo cristiano, la realidad de nuestras vidas es la que lleva o trae a las gentes a Dios. La dirección de las palabras del Cristo Encarnado, nos llevan a una forma de actuar que no puede ser mantenida en medio de una sociedad cruel, vengativa, y totalmente insolidaria. Por eso Jesús nos decía que "hay que morir al mundo".

Para realizar nuestras vidas, tenemos que seguir un camino realista, que nos lleva a preguntarnos si podremos realizarlo si los demás no lo llevan también. ¿Como voy yo a realizarme en cristiano, si las gentes me acosarán, y seré víctima de cada uno de los que quieran hacerme daño?

El tigre tiene sus colmillos, y la gacela sus patas que le llevan a toda velocidad. El cristiano, es un “desarmado”, en medio de gente dañina y cruel. Esto es serio; sin fe no es posible llevar a cabo nada en este mundo rebelde, que está basado en la insolidaridad y el egoísmo más feroz.

Hace falta, pues, una fe a toda prueba, porque si no es sólida se arrastrará pronto por el suelo de la realidad que nos circunda. Si la fe está siendo puesta a prueba y flaquea, adaptándose a los sucesos y a una supervivencia primordial, ya no es fe. A lo sumo, un intento tímido y medroso ante una realidad muy presente.

Solo es un intento de bañarse (baptizo) en el Espíritu de Cristo, y solo meter los deditos del pie, por si el agua que nos va a sumergir está fría o muy caliente. Es una parodia de fe, todo lo meritoria que se quiera, pero floja y acomodaticia.

Los que desprecian, su vida por amor al Reino, y la dedican a  la realización de la piedad, esos han traspasado la barrera de las circunstancias externas, y se han lanzado -más o menos audazmente- en el bautismo del Espíritu. Están marcados y son “santos”, es decir, consagrados al Señor que los atrajo irresistiblemente.

Ya no hay marcha atrás porque, o seguimos o nos volvemos; si la primera opción es mala, si no se hace por convicción, la segunda es peor, porque estaremos pleiteando con nuestra conciencia toda nuestra vida. Y ello es a veces, un tormento enorme.

AMDG

sábado, 14 de enero de 2012

TRATANDO DE EXPLICARME


 

No tengo por más que contestarle a su petición. Intentaré explicar mi experiencia. Ser “la sal de la tierra”, no es nada fácil para nadie. Se requiere ser una persona muy entregada a la doctrina y la persona de Jesús. Y pocos son los elegidos, llamados, y ungidos. No es ni tan difícil contando con el Espíritu, ni tan fácil con nuestras propias fuerzas.  

Conozco a un amigo que ha sido tratado con hormonas por asuntos de salud. y me ha contado literalmente. “Desde que empecé a tomar las hormonas, fue cuando empecé a entender a los demás”. No se trata de contemporizar con el mal, sino comprender a las personas que lo practican.

Y añadía: “Yo era por demás religioso y estaba muy convencido de mis opiniones y la fe que sostenía”. “Por decirlo en frase vulgar, era más papista que el Papa”, y no toleraba que nadie se saliera del camino que es el verdadero y recto”. Todo lo juzgaba por la letra.

Pero cuando fui sometido al tratamiento me di cuenta como dice Machado:
Pero yo he visto beber
En los charquitos del suelo.
Caprichos tiene la sed.

Cuando me di cuenta de que las cosas no eran tan fáciles, ni tan simples, comprendí las palabras de Jesús: No juzguéis.

El tratamiento hormonal (un simple tratamiento), había cambiado mi forma de ver las cosas, y ya no era -por esa misma medicación- la misma persona. Ahora comprendía a todos, y me daba cuenta qué sacrificio y qué esfuerzo se necesita, para ser auténtico seguidor de Jesús.

Hasta ese momento, no me había dado cuenta de si el amor verdadero había informado todas las acciones de mi vida, que yo había tenido por buenas. Ahora, cuando estaba en situación apurada, me daba cuenta, y sí podía tener certidumbre, de que si hacía una obra o juicio, era un buena obra y un verdadero misericordioso juicio.

Somos todos generosos, en cuanto las circunstancias nos lo permiten, pero en esta vida las circunstancias no ayudan. Este es reino del diablo, y la obra del diablo es contra la misericordia de Dios en Jesucristo. Esto es así, y buscar por otros recovecos es tan inútil como tratar de hacer de los leones, pacíficos corderillos.

¿Somos muy buenos y cumplidores? ¿Nos hemos dado cuenta de ello? Pues si es así, no somos lo que queremos o creemos ser. La inocencia no es ignorancia, sino desprecio de lo monstruoso que es el pecado de petulancia, y consiguientemente de juicio. Todos estamos metidos de cabeza, en lo que la antigua Salve llamaba “valle de lágrimas”.

Muchas veces he juzgado a otros de desviaciones sexuales (por no salir mucho de esta materia). Ahora me doy cuenta de cuan ignorante y miserable era mi juicio sobre muchos casos, sobre los que emití un juicio de ejemplaridad y dureza. El más errado era yo, y creyendo encima que tenía la razón.

¿Qué el pecado es  malo? Es, simplemente, un monstruo que empuerca todo lo que toca y apesta. Es detestable cuando comprobamos que a una chica la violan y la matan ignominiosamente, con casi la impunidad de los autores, por unas leyes que tratan de proteger a los menores que lo perpetran. ¿Está eso bien o mal? Medite bien su opinión.

Es un sentimiento furioso, que aflora enseguida de conocerse el caso. Y en medio de la consternación, pronunciamos condenas terribles, ya que el asunto no es para menos. De ahí que los jueces se tomen su tiempo, antes de tomar una decisión sobre los casos que les llegan continuamente. No es tan simple ser juez. Y nosotros ¿para que queremos meternos en ese atolladero?

Y quiero acabar, diciendo que solo la emoción nos lleva injustamente a juzgar cada situación. La ley humana no resuelve las cosas adecuadamente. ¡Desconoce tantos factores! La vieja ley mosaica que llamamos Antiguo Testamento, no resolvía la situación, aunque naturalmente la paliaba.

Tuvo que llegar el sacrificio de Jesús, para que la misericordia de Dios se extendiera sobre una humanidad que, dando la espalda a la ley, pudiera refugiarse aun condenada, en la inextinguible misericordia de Dios. ¡A Él, la Gloria!    

RESPUESTA DESUSADA (A un oponente)



Le respondo a usted, a medida que usted me ha formulado las preguntas. El que yo diga que soy un pecador, no quiere decir que sea un inmoral, y entre en todo tipo de villanías. Lo que trato de decir es que mis obras llevan siempre algo de hipocresía y de vanidad, ya que cuando hago el bien me enorgullezco, y me creo que soy mejor que el común de los mortales. Mala cosa ¿verdad?

A mí -como a usted- me gustan las mismas o semejantes cosas, que a usted, y me aprietan las mismas tentaciones que a usted  (solicitaciones, etc.) Puede que a usted le guste la vecinita del 4º, y a mí la de 7º, pero eso no tienen nada de malo mientras ese deleite que usted siente cuando la ve (y mire que le gusta verla), no se transforme en la codicia de querer tener con ella, más relación de la normal de buena vecindad.

Bien es verdad que no es lo mismo la tal Pepita, que la Sra. Enriqueta la del segundo piso; pero es que hay que respetar la conciencia de todos, y la de uno mismo primero. Esta chica ya tiene su hombre elegido por La Providencia, y es el que le corresponde.

No pretenda usted (ni yo), apropiarnos algo que no nos pertenece. A usted no le agradaría que su elegida hubiera tenido muchos o pocos amigos, y usted no fuera el verdadero “elegido”. Vamos bien ¿verdad?

Es que nos cuesta mucho guardar un mandamiento cuando nos toca a nosotros; cuando el perjudicado es otro, ya el asunto varía notablemente. Y esto es lo que nos pasa a todos. Yo soy como todos, en cuanto a no tener fuerzas por mí mismo para enfrentar el mundo con sus lentejuelas, ni dominar mis instintos elementales.

Por lo demás, elegí (o más bien fui elegido) esta forma de pensar en la que si vas derechamente, es camino alegre y que da satisfacciones constantes. Y esto sin contar con una unión con el Creador, que es la dicha más grande de mundo.

Yo he alcanzado algo de esto, y es mucho para mí: Usted, ni en el “mundo” se ha sentido satisfecho, cuanto menos en el terreno espiritual. Con todo respeto se lo digo, pero sé positivamente de que estoy dando en el clavo.

Me dice, que piensa que pierdo mi tiempo. Yo simplemente creo -segurísimo- que el tiempo que empleo en esta faena de hacer conocer a mis amigos las cosas del Evangelio, es el mejor tiempo empleado. El poco tiempo y circunstancias que me queda. Solo importuno al que me deja, y creo que le hago un favor.

He perdido el tiempo demasiadas veces, haciendo cosas artísticas y todo eso, que no me sirven para nada. ¿La Gloria? Le están dando a Zapatero 700.000 euros, por el libro que “le van  a escribir”; si usted piensa que eso es gloria, disculpe si me río.

El tiempo -en mis escritos- no solo estoy convencido lo he empleado adecuadamente, sino que vivo en una esperanza tan maravillosa que usted –naturalmente- no podrá entender y lo siento en el alma por usted.

Ya sé también que hay muchas páginas en Internet que hablan de religión -a veces hasta demasiado- y la mayoría de las veces de forma confusa, partidista, poco generosa, y nada concordante con el espíritu del fundador.

En ella, en la que cada cual piensa como quiere, dice lo que quiere, y pontifica como quiere. La diferencia es que yo digo lo que creo, solo lo que es mío, sin estar dependiente de nadie para que diga lo que no tengo que decir, y que solo por eso ya estoy haciendo lo que debo.

En lo que respecta a mi honradez -como decía una persona muy notoria- da cuenta mi pobreza, habiendo estado rodeado toda mi vida de oportunidades. No le cuento más. Este trabajo es tan mediocre como yo, pero ahí está.

viernes, 13 de enero de 2012

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA.- JESÚS ES, EL CAMINO



Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez,
y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
     Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
    
Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas;
¿cómo, pues, podemos saber el camino?
     Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
 nadie viene al Padre, sino por mí.
(Juan 14:3-6).

Infinidad de veces hemos tergiversado el mensaje de Cristo Jesús, para implantar nuestras propias opiniones sobre las verdades del Espíritu, en un asunto tan importante como es la dirección de nuestras vidas. Sin entrar en detalles intrincados y a veces banales, nos hemos de fijar atentamente en Jesús. Como para todo.

Para que no haya desviaciones, fruto de la mente o el corazón del hombre corrompido, y para que nos dirijamos por el camino recto hacia donde nuestras aspiraciones eternales de gloria nos llaman, dice Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida. (Juan 14:3-6).

¿Que más tiene que decir?

Dejemos de lado otras consideraciones, y centrémonos en estas palabras. Tres cosas importantes llaman al hombre desde su espíritu, y la primera de esas tres cosas es un camino para ir a su destino, puesto que la estancia en esta vida sabemos todos que es transitoria, y puede romperse en cualquier momento.


El primero es el camino. Caminos hay muchos; recto proceder (¿donde está la referencia para el recto proceder?) Obras buenas (¿que obras?) y buena intención entre muchas más. Pero Jesús dice que el camino es Él.


Y no dice que es un camino; dice que es “el camino” porque el artículo definido concreta secamente. El camino es Jesús, de manera que siguiendo sus pisadas es como nos garantizamos que vamos por donde debemos y nos conviene.


Verdad es otra palabra que emplea Jesús para definirse ante nosotros. Pilatos dijo estupefacto cuando Jesús le habló sobre la verdad: ¿que es la verdad? (Juan 18:38) Pero no se paró a escuchar. Eso de no escuchar, se hace cada día en todo el mundo. Se habla mucho de verdad, y Lope de Vega decía en su poema “Soledades”.


Dicen que antiguamente
se fue la verdad al Cielo,
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.

La verdad se aniquila, y nadie se estremece de temor de Dios. Se  practica de forma habitual y sin asomo de aprensión. Cuando se hace o se dice mentira, se está ultrajando la Verdad que es Cristo, y así lo afirmó Él tajantemente. Quien no está conmigo está contra mí. (Lucas 11:23) Son muy graves palabras.

Constantemente se desprecia la verdad en aras de la política, de la relación entre personas, y entre entidades sociales. Todo el mundo se cree poseedor de su verdad que, naturalmente, afirma que es la buena.


Nosotros afirmamos tajantemente y sin rodeos que solo Cristo es Verdad y solo hay una Verdad; Cristo. Lo demás es mentira, y así hay que reconocerlo por todos. Fuera de Cristo no hay sino una apestosa gusanera que, extraviada, deja la verdad desamparada y despreciada, y se envuelve en el fétido manto de las “verdades” de cada uno.

La Vida es un don tan precioso, que el hombre busca desesperadamente entre galaxias, escrutando si hay más vida extraterrestre que le corrobore su existencia y vida propia. Estamos muertos en nuestros pensamientos y actos.


Solo somos capaces del odio, el rechazo mutuo, y hemos construido -entre todos- un sistema de prejuicios y de rivalidades que, como las serpientes de Laoconte, nos muerden y nos roban la poca felicidad que podemos conseguir, fuera de la felicidad y la vida auténtica, que es Cristo Jesús.

Camino, Verdad y Vida se hallan en Cristo solamente porque Él, y solo Él, resume estas tres maravillas de la Creación del Padre. No busquemos pues verdades, caminos, ni vida, donde no los hay. Solo en Cristo reposa el alma del que, de corazón, se acerca a Dios por Jesucristo, y disfruta de la paz que resulta sabiendo –no suponiendo-  que tiene libertad para transitar por caminos de verdad y vida.

La muerte no es más que la cesación de estas cualidades divinas, y que solo se encuentran en Dios por medio de Jesucristo. A partir de ahí todo es hermoso y limpio, y podemos entonces hablar con propiedad de que somos hijos de Dios y herederos con Cristo, porque Él no se avergüenza de llamarnos sus hermanos...  a los que le seguimos hasta el fin.
(Hebreos 2:11). 

No nos azoremos, ni temamos declarar donde proceda, que somos poseedores de la verdad, si estamos en Cristo, por que siempre estaremos diciendo verdad, con la Verdad. La paz y las palabras de Jesús son fijas y definitivas. No hay error en ellas ni se pueden atemperar a los distintos tiempos en nombre de las “nuevas teologías”.

miércoles, 11 de enero de 2012

HAITÍ Y DEMÁS

HAITÍ Y DEMÁS



A mí, a veces, me da por pensar. Sobre todo cuando me encuentro enterito y no tengo ganas de tanta mojiganga como ocurre en el mundo y sobre todo en el mundillo llamado rosa y a lo que yo llamo “de la vanidad”.

Revistas y hasta algunos muestran sus mansiones en un alarde (muy comprensible) de vanagloria. Otros llenan estadios completos pagando entradas de alto precio y otros... pero dejemos a los otros en sus cosas y emprendámosla con las nuestras.

No trato de criticar estas cosas porque es lo que nos enseñan desde pequeños y hasta los convertidos al Evangelio de Jesucristo se ven celestes para poder cumplir con su vocación en un mar turbulento de tentaciones y solicitaciones que es bien difícil evitar.

Pero hétenos aquí con una humanidad ignorante, abandonada a su suerte, explotada, llevada a la ergástula de la discriminación, y a la desesperación de sus continuas derrotas o mejor dicho perenne derrota de sus aspiraciones.

Vemos a Haití abandonada o mejor aun tirada sin amparo de sus hermanos que son humanos y que tienen por más afrenta tener un dos por ciento de desmejora de sus entradas dinerarias que la muerte y desesperación de masas enteras de indigentes y discriminados porque ellos, sin instrucción ni medios, no pueden salir solos del marasmo económico e intelectual que sufren desde siempre.

Y del que no saldrán nunca mientras en el mundo llamado impropiamente cristiano y occidental no se implementen medios para sacarlos de la barbarie. No son tan feos como me decía un amigo. Al hipopótamo le gusta la “hipopótama” y lo demás le trae sin cuidado. Por eso hay aun hipopótamos.

A los pobres desheredados hay que ayudarles, no solo enviando comida tasada y mal repartida, sino hacer mejores universidades para que los que de ellos destaquen, se pueda formar una élite de ciudadanos que, con valores orales y capacitados para actuar, se hagan cargo de la dirección de sus países para levantarles de la postración.

Algunos dicen que no se hace porque no se quiere, pero yo no lo creo así. No podemos ser tan salvajemente indiferentes con los problemas humanos, y estoy seguro de que se puede y se debe levantar al caído.

Tantos millones como se gastan sin ton ni son, con una irresponsabilidad terrible, y no hay para proporcionar siquiera sanidad  aun elementalísima a estos países en los que desdichadamente llueve siempre sobre mojado.

¿Qué no hay gente? Si que la hay y si no la implantamos, pero es penoso ver como aquí nos quejamos, cuando tenemos médicos que muchas veces atienden menudencias, y casi todos tenemos los cajones de la casa  llenos de medicinas, algunas a medio consumir.

Y sin ir más lejos muchas gentes en nuestras calles y esquinas registran los contenedores de basura para ver lo que pueden recoger para comer. No son ellos los indignos. Somos indignos, los que no votamos a un partido que recoja todas esas necesidades dramáticas,  y vergonzosas… para nosotros.

Tanto presumir de cristianos y de buenos, que parece que no hay más buenos que los periodistas y los que los leen. No nos hemos sumado a las inquietudes de Dios para sus criaturas, y así nos irá cuando llegue la hora de la justicia de Dios sobre todas sus criaturas. Todo llega.