lunes, 12 de noviembre de 2012

ALGO SOBRE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU (Parte II)



 


              
                 Alguien haciéndose eco de lo que Dios podría decirnos, decía algo como: ¡a ver! ¿Cuál de los diez mandamientos no habéis entendido? ¡No matarás! es claro, y comprende el que nadie te mate a ti. No irás detrás de dioses ajenos, porque al fin de cuentas esos dioses en vez de liberarte como prometen, lo que hacen es esclavizarte sin retorno.

Y así todos y cada uno de las ordenanzas de Jesús, que han sido superadores en la aplicación y el Espíritu a las enseñanzas primitivas; Él no modificó, sino resumió todo, condensándolo, y a la vez expandiéndolo en un solo mandamiento que dio explícitamente: Que os améis los unos a los otros; es decir ¡El AMOR! 

Con razón decía alguien ¡Ama y haz lo que quieras! ¿Cómo va una persona que ama a otra a causarle ningún mal? Todo lo que anhela el que ama, es hacer al objeto de su amor de los mayores bienes posibles; y si no puede, por lo menos se los desea.

Eso es, resumiendo, todo: Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. (Mateo 7:12). No hace falta mucha teología ni filosofía, para entender este sencillo y a la vez majestuoso mandamiento de Jesús.

Nadie que ama, hace daño a la persona que ama. Si nosotros somos capaces de amar a todos en Jesucristo, los frutos se dejan ver enseguida sin asomo de duda. Son claros y determinantes en el devenir de la humanidad. Es claro que cada mandamiento prohibitivo es también una prohibición a que se proceda mal contigo, como a ti se te prohíbe proceder mal con los demás.

Son los bellos mandamientos
Que lo mismo que te obligan
También a ti,  de violentos
Te defienden y te abrigan.
R Marañón

domingo, 11 de noviembre de 2012

ALGO SOBRE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU (PARTE I)


 




                   Es realmente insólito si no fuera consuetudinario,  como se extravían las personas, cuanto más «saben» de las cosas de la religión. De la raíz de la persona de Cristo, solo debe salir un árbol de la misma naturaleza. No puede dar árbol malo fruto malo, sino que el árbol bueno es seguro que cada temporada dará buen fruto.

               Del que está enraizado en Cristo, solo pueden salir ramas buenas y frutos buenos. Y los frutos del Espíritu de Cristo, que Él nos dejó para acompañarnos a los suyos cada momento, ya nos los dejó muy asequibles y claros el apóstol Pablo: Mas el fruto del Espíritu es amor, paciencia, gozo, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza; paz, contra tales cosas no hay ley.

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gálatas 5: 23 al 26).

              Es fácil confundir los frutos del Espíritu con los dones del Espíritu, que aunque van concatenados y son resultado unos de otros son de carácter completamente distintos. Lo que ocurre es que la enseñanza de tales cosas es difícil, ya que en las parroquias y lugares de culto, los presbíteros tienen tantas tareas a las que acudir que la predicación suele ser muchas veces anodina y falta de garra evangélica.

             A veces me duelo de que tenga que ser un pagano (no es despectivo), los que nos dan lecciones maravillosas de la fe de Cristo a los que la profesamos o lo decimos. Un empresario japonés (sintoísta), asentado en México, decía entre otras muchas cosas: si una cartera o cualquier objeto se encuentra,  ese objeto es de alguien.

             Con eso daba a entender el principio de propiedad, como propiedad es un miembro cualquiera de nuestro cuerpo, una cualidad, o un defecto de nuestras personas. Es algo nuestro e inalienable.  Abusar de este miembro o de otro, es faltar de principio a las normas de la naturaleza.

          Todo tiene su propietario; así decía Pablo apóstol a los suyos: Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolo, sea Cefas, (Pedro) sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Al final termina por decir que todo es de Dios; y es natural porque todo ha sido creado por Él y para Él. 




ESTE ES EL TINGLADO DE LA ANTIGUA FARSA

Bueno, pues como ya pronostiqué se habla ya de cañones y guerra. Cataluña, propiedad del presidente MAS y otros satélites, se subleva de grado o de fuerza. Ya tenemos la alternativa, de secesión o de guerra. Y como siempre, tengo “boca de cabra” y van saliendo mis modestas conclusiones.

Que ya faltan pocos días para la decisión final, en el sentido de que las cosas ya se precipitan y hay que tomar decisiones que pueden tener unas repercusiones terribles. En estos casos siempre hay enfrentamientos que producirán como en las manifestaciones algún “coco roto” o peor aun algún muerto, al que todos querrán sacar provecho apara sus intereses.

Aquí cabe el poemilla de Machado en el que decía el buen poeta: Conversación de gitanos: ¿Cómo vamos, compadrito? Dando vueltas al atajo. Así son las cosas. O así nos las presentan.

Los catalanes están bien, capitanean España, son admirados y envidiados por muchos, que desearían su prosperidad. De pronto, o es que ya se precipitan los acontecimientos, nos encontramos con que seguimos con las votaciones y las estrategias de partido. El politiqueo.

Es como si en Verdún o en el Ebro se hubieran enredado en Limoges o en Burgos en discusiones, cuando estaban en los momentos álgidos de las correspondientes batallas cruciales para la supervivencia de aquellas naciones o beligerantes. 

Todo ello, como si las acciones de unos y otros no tuvieran repercusiones en el mundo real, distintas de las que ellos viven en su mundo virtual, que consiste solo en desacreditarse unos a otros.

Es lamentable, que en lugar de unirse en asuntos de importancia y en beneficio de los ciudadanos, se enzarcen en discusiones bizantinas, se vulnere a ley por activa o por pasiva, se haga dejación de obligaciones y de responsabilidades, de tal modo que se llegue a robar ¡de una comisaría! droga en cantidades de alijo.

Seria cosa de risa, si no estuviésemos inmersos en un maremagno de barbaridades y despropósitos, como nunca he visto en mis ya largos años de vida. Antes se obligaba al orden, mientras que ahora se obliga al desorden bien por acción o por omisión.

Acabaremos de mala manera y después nos echaremos la culpa unos a otros pero los perjuicios ya se habrán producido. Y si por ahora solo son unos pocos copos e nieve ¿Qué será en la sierra? Quiero decie que esto explotará y quizás echemos de menos lo que ahora tenemos. Sea lo que Dios quiera, para hacernos conocer lo bien que vivimos los españoles

Aunque yo no me distinga precisamente por el dinero, pero la paz y la alegría se pueden perder, y mala cosa es terminar con un pucherazo o cosa similar y, adiós a la paz y al orden libre que tengamos ahora.

Cabe la frase del que disconforme con esta “feria de las vanidades” y tal cúmulo de farsantes diría como Baroja. Este es el tinglado de la antigua farsa. Y lo es.

 Hemos despreciado a Dios, y mucha gente no ha visto, ni siquiera ha oído, hablar de las sevicias que la guerra y las enemistades traen a los humanos que han despreciado la ley de Dios, cuando ella es la que puede dirigir el camino de hombres, mujeres y naciones.     

sábado, 10 de noviembre de 2012

EL REINO DE DIOS






A riesgo de repetirme, he de dejar algo expuesto. Al criterio de cada cual dejo las naturales consecuencias. El Reino de Dios no está aquí o allí, porque es algo que está dentro de nosotros. (Lucas 17:20, 21) La moral cristiana se ha mostrado en manos de los hombres como algo pacata y fuera de la naturalidad que debe presidir las relaciones entre las personas. Lamentable, pero cierto. 

Algunos acusan a la Iglesia Universal de haber tergiversado el mensaje de Jesús y haberse quedado más bien con el de San Pablo que era un rabino (que no lo era, sino fariseo en el mejor sentido de la palabra). Dicen que hasta el final se mostró como tal o que arrastraba su procedencia super-judía. Mas su doctrina era igual para todos. No caben tales tergiversaciones.

Ahora se adapta la doctrina a las supuestas “morales” de cada lugar, y así vemos como en algunas observancias, opinión, o denominaciones llamadas cristianas, hay muchas diferencias. Si no en lo esencial, sí en muchos modos de interpretar las cosas espirituales. Es la modernidad que arrasa en los actos y las conciencias de todos o casi todos.

Es cierto que este apóstol de los gentiles era de una seriedad algo singular, pero a los fieles de todos los lugares aconsejaba la misma cosa, y el mismo espíritu de austeridad, mansedumbre, servicio, y pureza ya que todas eran una. Solo las características de cada región a las que escribía, hacían que la materia que trataba se adaptara a la forma de pensar y por tanto a las desviaciones que observaba en ellas.

Si el Reino de Dios no es buscado con la misma ilusión que las cosas de la vida, de nada sirve una moral que se base en unas premisas cristianas, adobadas la mayoría de las veces de retazos y parches mundanos, que de ninguna manera las adornan ni las hacen más hermosas y cercanas a los intereses del Reino.

Es pues prioritario, entender que el reino de Dios así como el bautismo no se trata solo de agua, sino de la palabra y del sumergirse totalmente en la vida de Cristo y el poder de su resurrección. El bautismo de agua (unos que por aspersión, otros por sumergimiento) es un misterio sacramental, pero solo es operante si el bautizado por el Espíritu Santo es consciente de que el Reino de Dios en él es su decisión eficiente y definitiva.

AMDG. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

CLARIFICANDO



CLARIFICANDO

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien;
 porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo,
sino el pecado que mora en mí.

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley:
 que el mal está en mí.

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
 pero veo otra ley en mis miembros,
que se rebela contra la ley de mi mente,
 y que me lleva cautivo a la ley del pecado
que está en mis miembros.

!!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.
Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios,
pero con la carne a la ley del pecado. (Romanos 7)

Con toda modestia, me atrevo a responder a unas cuestiones planteadas por mi amigo Pablo. Y nada mejor que lo que nos dice la Escritura sobre la situación del humano perdido. Todas las personas somos a la vez barro y estrellas. La enseñanza del apóstol lo dice claramente.

Queremos hace el bien según la voluntad de Dios, pero nos encontramos que por muy puros que sean nuestros pensamientos y por ende, nuestras acciones van siempre contaminadas del mal. Lo demuestran los atropellos, vileza, codicia, y el poco respeto a la justicia y a la dignidad de las personas. Esto es innegable.

                Es nuestra naturaleza dejada a su albedrío. La frase tan chusca de “to er mundo es bueno” no se concierta con la realidad diaria. Cuanto más nobles son los pensamientos de las personas, más se dan cuenta de que el mal los encenaga. El bruto no percibe esta realidad.

Cualquier meditación genuina, nos da la evidencia que sobre cualquier cosa, el narcisismo y la intención visceral es la primera reacción. No hay una perfecta intención en nosotros, y hasta la más ínfima partícula de nuestro pensar siempre va acompañada de interés o presunción.

En esta situación es cuando actuamos, bien con obediencia a nuestros impulsos o llegándonos al Espíritu, y reconociendo que las ordenanzas de Dios para vida son las ajustadas a la situación.  Sin embargo las cosas mundanas, las conveniencias, los impulsos, etc. nos llevan a negar la bondad de la Ley, aunque la negamos desesperadamente para hacer nuestra voluntad y ceder a la tentación.

Cuando el creyente se da cuenta de su situación, sabe que ni sus obras, ni sus sacrificios, ni su adhesión al culto divino, le pueden justificar ante Dios, sino que depende absolutamente de su misericordia. Pretender ser justificado por la simple acción de nuestra buena voluntad, nos lleva a una arrogancia y presunción, que es la base de nuestra inhabilidad para hacer el bien.    

San Pablo dice taxativamente: No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. (Gálatas 2:21) Simplemente, nuestras obras contaminadas no son suficientes para justificarnos. ¿Qué queda entonces sino el sacrificio de Jesucristo? Un hombre que solo sabe hacer el bien, no puede mentirnos. Su filiación divina no se lo permite.  

EL INFIERNO ¡QUE RISA! (2ª PARTE)



El que es pobre, sufre por agravio comparativo, y codicia ardientemente poseer los mismos poderes y las mismas ventajas que los ricos. En el fondo, lo que se envidia, son los placeres y las maldades que se pueden hacer con la posesión del dinero. Poder manifestar el mismo orgullo y prepotencia que los débiles sufren continuamente, y en ello les va la vida con su particular infierno interior.


El ser apartado de la vida de Dios, es un agravio comparativo para los que quedan fuera. No es un castigo impositivo, sino una realización de lo que cada uno llevaba en su corazón. Y ante esta diferencia, el rencor y los malos sentimientos contra los demás y contra sí mismo por haber errado, es ya de por sí un infierno real y eterno.


En estos asuntos hay quien sabe mucho más que yo, pero un aporte que esclarezca las cosas no está de más, sino que proporciona una idea distinta de lo que el vulgo cree que cree. Y todo ello sometido a lo que cree la Iglesia Universal.


Los excluidos desean morir, acabando su suplicio. Al no poder, sabiendo que es algo eterno, es suficiente castigo sin tener que acudir al tópico del "tridente" ni a "las calderas de Pedro Botero"; solo contemplar la dicha de los salvos es suficiente. No tengamos un error, y nos salgamos con la nuestra, que es la de la perdición.


Un toque bíblico final

                    Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder,

                   En llama de fuego, para dar retribución a los que no reconocieron a Dios, ni obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo;

                 Los cuales sufrirán pena de eterna perdición y dannación, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).
   
                Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder.

                Para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
(2ª Tesalonicenses 1:6 al 12)

El que quiera oír, oiga. Ténganse todos por bien informados.

AMDG.

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL INFIERNO ¡QUE RISA!


En aquel tiempo estabais sin Cristo,
alejados de la ciudadanía de Israel
y ajenos a los pactos de la promesa,
sin esperanza y sin Dios en el mundo.
(Efesios 2:12)


Los cristianos siempre hemos sentido enorme respeto a todo cuanto está fuera de nuestra comprensión, ya que se trata de enigmas o misterios que, al no ser asequibles por nuestra imaginación o inteligencia, hemos sabido apartar para que esta no sea perturbada y agitada, por lo que diga cada cual según su particular parecer.

Y así dice el apóstol: para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (Efesios 4:14)

Creo que es lo razonable. Sin embargo, muchas mentes retorcidas o miedosas, han hecho mofa de la idea del infierno y su realidad. Estas personas creen que haciendo como se dice del avestruz, que mete la cabeza en un agujero del suelo, y al no ver cree que no le ven, ya tienen solucionado aquello que les rasca continuamente el alma y el espíritu.

Hay cristianos confesos, que niegan la realidad del infierno y creen que no pensando en él se va a disipar, pero la idea y la experiencia les muestra, como a todos, que el infierno, como la vida eterna, es una presencia real y actual en sus vidas.
La paz genuina cristiana es una paz sin limitaciones, confiada, completa y sin sobresaltos. Hemos dejado en manos del Creador todo cuanto somos, aunque las vicisitudes visitan cada casa y cada persona.

Y así dice el Cohelet: Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. (Eclesiastés 9:2).

El infierno del burlador, sucede en el vacío de su propia alma, y en el agitar incesante de su propio corazón. El que ama el dinero no se saciará de dinero, y ello se torna en un infierno para obtenerlo y para conservarlo. Ha abandonado a su verdadero señor para caer en manos de otro, miserable, cruel.

Es un anticipo real de lo que será una vida sin la presencia del señor que aborreció. Ha despreciado a Dios , que nos conduce en nuestra libertad aconsejándonos, estimulándonos, y condenando aquellas acciones que le deshonran y perjudican gravemente a los demás humanos.