jueves, 2 de junio de 2011

ESCATOLOGÍA DE ANDAR POR CASA




 

He leído muchos libros sobre los acontecimientos del fin de los tiempos desde hace muchos años, y solo me he quedado con las palabras de Jesús ¡VELAD! nuestras opiniones, son como las de los escritores que nos precedieron y que sobre la materia, tampoco sabían mucho sobre fechas y lugares.

Hoy vemos como el insidioso sistema mundano se introduce en las costumbres y en los cristianos, que de momento se complacen con la crítica, y otros que están manchando y destruyendo la fe de muchos con sus críticas y ataques a lo más sagrado.

EL AMOR DE MUCHOS SE ENFRIARÁ, dice la Escritura. Por tanto velemos para que no entremos en la tentación de saber, sobre algo en lo que el mismo Señor Jesús dijo que ni el Hijo sabía el día y la hora. Habrá veces en que pensemos que nada puede ir peor, pero lo que dijo Jesús, es que no habría tribulación como la que nos vendrá en el día de la venida. Aun no hemos llegado a esos eventos y calamidades, pero cada vez nos vamos acercándonos más.

Cuando la primera y segunda guerra mundial, hubo muchas señales que parecía que eran las definitivas. El horror de las trincheras, los gemidos de los cuerpos destrozados, y los millones de muertos, hicieron que ante tanta calamidad muchos creyeran que eran los tiempos de la Parusía. Cosas similares, las hubo a lo largo de los tiempos y las seguirá habiendo.

El estado del mundo actual que ya domina sobre toda la tierra, sin moral ni temor a Dios ni a nada, es una señal más de que el anticristo opera, y a su tiempo se manifestará con todo su rigor. Esta será la hora de la Parusía, que esperamos con ansia los que amamos a Dios. Mientras, estaremos tranquilos confiando en su fidelidad y demostrándole la nuestra.      

Los cristianos limitémonos a esperar al Señor, sea que venga a nosotros o que nosotros vayamos a Él. Así lo hago yo, y tengo la paz del que sabe que todo es para nuestro bien. Vigilemos nuestra posición ante Dios, y lo demás dejémoslo en sus manos que saben lo que hay que saber.

Es contraproducente esperarle, basándose en las visiones de personas que tuvieron quizás una visión personal, y en otros casos alucinaciones y otras formas de disfunción cerebral. Ya conocemos las apariciones que se han demostrado por sí mismas, y por las distintas autoridades, como falsas o producto de un espejismo de masas.

La parábola de las “vírgenes necias”, que no aguardaban vigilantes la llegada del esposo es muy aplicable a esta reflexión. Creo firmemente que aun poniendo mucha atención a la Parusía, es muy cierto que o Él viene a nosotros o nosotros iremos a Él. Solo hace falta mantener encendida la candileja del Espíritu, y confiar absolutamente en Jesús.

Lo demás son cábalas, sin duda con la mejor intención, y muchas fruto de estudios profundos, pero nosotros, para andar por casa y sin pretensiones científicas ni teológicas, esperamos la liberación con ansias y anhelos. Ya llegará el día y la hora.  


¡CUIDADO CON LA DOCTRINA!


Es posible que muchos digan que las cosas sagradas no se tocan, pero hay cosas que no son tan sagradas, y es de ver como los cristianos, que tanto les exigimos a nuestros pastores, seamos tan endebles y descuidados en nuestra vida interior, y en relación con nuestro Padre Celestial.

Tenemos que mostrar mucho cuidado, porque de las derivaciones de la doctrina que creemos que son las que marcan la diferencia entre un ignaro y un conocedor, se pueden infiltrar muchas herejías.

Con respecto a la deidad de Jesucristo, la mayoría de los que dialogan conmigo (cada vez son menos) son claramente arrianos, y en muchos casos, semipelagianos (o arminianos). La inexacta comprensión y el excesivo amor propio, no les dejan ver las cosas claramente, aunque muchos son conocedores de las Escrituras.

La sobrecarga de los pastores en comunidades y parroquias, y las homilías dirigidas a evangelizar, no dejan mucho lugar para afinar y desarrollar el concepto del verbo divino, aunque suene muy familiar a los oídos de muchos. Se tiene, por así decirlo, un concepto de la majestad y divinidad de Jesús parecido al que se vierte en el Corán de los musulmanes. Jesús nos solo es profeta (que lo es), sino el Mesías o Cristo de Dios porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad) Colosenses 2:9).  El Espíritu Santo del Padre dijo de Él. Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Mateo 17:5)

Para ellos Jesús es un profeta más y no el verdadero elegido de Dios para hacernos por su divinidad, como hijo eterno, libres del pecado que la libertad nos hace al ir por caminos que no son los que Dios procura para nosotros y a causa de las concupiscencias de este siglo malo. Y así dice la Escritura: para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; (2ª Pedro 2:4)

Y es que la resurrección de Jesucristo cuesta mucho de interiorizar a muchos, y creo que en todos los lugares donde se habla de Jesucristo se debería dar firme y repetidamente como dos conceptos o verdades principales la divinidad de Jesucristo y su muerte y resurrección.  La gente cree en la resurrección, pero no la ligan con la de Jesucristo, y ello es una debilidad que puede hacer tambalear a la fe.

Solo la resurrección de Jesús, puede garantizar la nuestra. Repítase esta verdad sin tregua, para que entre con claridad y por el Espíritu en las mentes y espíritu de todos.

lunes, 30 de mayo de 2011

INDIGNADO TAMBIÉN

 

Estoy indignado pero, a la vez, expectante....... una sociedad de contraste donde todos somos iguales, sin ninguna distinción de estatus social, raza, sexo, creencia, donde la justicia es igual para todos, donde el respeto y la solidaridad son el pan nuestro de cada día, donde el abuso de poder se ha abandonado, donde la paz y el bienestar común se viven intensamente....... Pedro Álamo  España  (Revista La Lupa)


Yo también estoy indignado de que las revistas religiosas, se utilicen para reflejar allí las ideas políticas de cualquiera, trufadas de piedad y de solidaridad desde ¡claro está! los despachos y la comodidad económica de los que escriben. No me refiero al Sr. Álamo de quien incluyo un párrafo. Él puede pensar lo que quiera en el terreno político, pero en casi todos se nota un espíritu y tufillo secular, impropio de la fe del que escribe.


¿No se han dado cuenta de que, más bien o más mal, esto ya se está haciendo? Para estas actitudes, es mejor que formen su propia “verdadera iglesia”, y no se anden a vueltas con un problema que, mientras exista la depravación humana sin Cristo, será permanente. ¿Es que no se han dado cuenta de que mientras seamos lo que somos, no habrá lugar para esas utopías? Esto se lo dice un chico de 10 años, de cualquier clase de catequesis


Que hay que ayudar a los pobres, y a ser posible evitar que existan, es un deseo que casi todo el mundo siente en su corazón, y más si es cristiano de cualquier confesión; lo que ya no es tan razonable, es trufar de política lo que pertenece al terreno de la fe. Jesús al que tanto invocamos solo en algunos lugares de la Escritura, conociendo nuestra naturaleza perdida, nos dejó dicho: Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis. (Juan 12:8)   


¡Ya está justificando a los ricos! Saldrán diciendo muchos a los que estas palabras de Jesús les resultan estridentes, cuando hay otras que les son tan gratas a sus oídos, si homologan ideologías que les permitan campear en la sociedad, basándose en citas y en interpretaciones.


No se trata de justificar los abusos y los egoísmos de TODOS y cada uno de los seres humanos que, separados de Cristo, permitimos que los pobres sigan sufriendo, siendo despreciados y aborrecidos como lo fue nuestro buen Jesús. Eso es lo que quería decir el Maestro, que sabía de nosotros mucho más de lo que suponemos, enfrascados en nuestra importancia de ser cada cual el centro del Universo: y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. (Juan 2:25)


Es pues tontería que se hagan gestos y se tomen decisiones trascendentales, basándose en estar más atento a las necesidades de los prójimos que los que ya están  dando comida y albergue, desde siempre, a los más necesitados. Sea por mala suerte, o por mala cabeza, todos reciben paz y amor en lo físico, y paz y amor también en el terreno espiritual en la ayuda cristiana. Lo he visto en muchos lugares y épocas.


Pienso que lo demás esta teñido de intereses espurios, y es el caballo de batalla de los que pretenden implantar otra forma de ser y de pensar, basándose en el “caballo de Troya” del Evangelio para adormecer a los que, sabiendo la misión de La Iglesia cristiana y conociendo sus luces y sus sombras, permanecen fieles al mensaje de Cristo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Marcos 16: 15)


No nos hemos dado cuenta de la manipulación que existe en todo lo que manejamos los hombres. Todos hacen siempre una acción “pro domo sua”, y no se extrañan ¿o sí? por ejemplo, de que las exhibiciones de violencia encubierta en la plaza de Sol en Madrid, se produzcan en la semana de las elecciones; que se elija a un candidato por el dedo (a ver quien se atreve a votar a mano alzada), que se prometa y se siga prometiendo todo para el pueblo, y después se ubiquen estos “salvadores de todas ideologías” en despachos de trescientos metros cuadrados, o en palacios como los tiempos del absolutismo. Sin Cristo todo es nada. Está ya más que comprobado. Aquí lo dejo. 

AMDG 

viernes, 27 de mayo de 2011

¿INCIRCUNCISOS DE CORAZÓN?


 

Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres trasgresor de la ley.
   Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;
sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios. (Romanos 2:27-29)

Siempre que se lee este pasaje sobre los judíos, viene a la mente la pregunta ¿se puede trasladar esta afirmación a los cristianos? Creo que sí; rotundamente, creo que sí. ¿Estamos circuncidados espiritualmente para Dios, pero no le damos a la salvación, la majestad, y la trascendencia que se les debe, por ser de tan decisiva trascendencia para nuestras vidas.

Decía un antiguo clérigo, que las cosas de afuera nos ciegan ante las postrimerías de todo ser. Ahora con tanta información, y los espejuelos de la vida moderna con sus adelantos técnicos, parece que esta cuestión está fuera de todo pensamiento. Cuando se habla de morir, el terror por la mención se deja ver en todos.

Por supuesto hemos sido creados para vivir y a nadie le gusta la idea de morir, aunque todos sabemos que es algo ineludible. Pero sin fe y sin esperanza, la verdad es que es difícil; así vemos los comportamientos de muchos, que apuran la vida con sus malas consecuencias para ellos, solo porque creen que todo lo tienen aquí en esta esfera de la vida.

Despiertan la envidia de muchos, que les ven mofarse de todo lo sublime, y prosperar hasta que les llega el día de la derrota y la muerte, que a nadie perdona. Nadie escapa de las postrimerías de la muerte, el juicio, el infierno o la gloria. Se dice que nadie ha vuelto de allí para decirnos lo que hay, pero Jesús resucitando nos dejó bien establecidas las cosas escatológicas, y tenemos abundantes testimonios.

Que hay quien cree más a una revista o periódico amarillo que a las Escrituras es obvio, pero eso no quita nada de poder al testimonio del Evangelio. Por el contrario la refuerza. La sangre de los mártires era y es la semilla de nuevos cristianos. Cada cual, en cierto modo, se labra su salvación o su ruina. Que unos hombres jugándose la vida, las familias, los bienes, y se lancen a proclamar el mensaje evangélico, ya dice mucho de los testimonios de aquellos hombres.

Que San Pablo desprecie, y se ponga en contra de los privilegios de que disfrutada como fariseo y hombre de confianza de los poderes religiosos, dice mucho de la realidad de las revelaciones, y de la clara noción que tenían aquellos primeros cristianos, que  habían oído y como dice Juan, visto y palpado, a Jesús. (1ª Juan 1:3)

Nadie puede quedar donde no gusta estar, y así unos se acercan a Dios, y en Dios viven desde ahora, y por la eternidad. Otros en cambio, desprecian la salvación de Jesús, y durante la eternidad sufrirán eterna damnación, apartados de la vida de Dios y de la Gloria de su poder. (2ª Tesalonicenses 1:8,9)

Crea cada cual lo que quiera, que la verdad prevalece invariablemente, y seguirá triunfando como corresponde a su grandeza. Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare eso también cosechará. (Gálatas 6:7) Y eso es lo que hay. Nadie se queje de no conocer, pues estamos una legión de testigos, dando a conocer el camino de la salvación por la sangre de Jesús. El que ignora, ignore.

Nosotros, nos ponemos bajo la misericordia de Dios continuamente, pues el viejo hombre pugna siempre por salir a la palestra para dirigirnos por el camino de oscuridad. Resistamos por gratitud a quien dio todo por nosotros, y por nuestra propia conveniencia.

LEALTAD Y TRANSPARENCIA


Cuando se habla de pasividad ante Dios y mansedumbre ante el prójimo, enseguida salta el refrán de a Dios rogando y con el mazo dando. No se trata de que no hagamos proyectos y nos esforcemos. Por supuesto que sí, y eso es lo que nos corresponde hacer a nosotros. Pero en adelante dejamos todo a la voluntad de Dios. Y Él sabe manejar y juzgar lo bueno y lo malo.

Y no sólo lo malo que sabemos, sino lo que muchas veces tenemos por bueno y sin embargo está contaminado de amor propio, de egoísmo, y de la vanidad del aplauso mundano. Dios sabe lo que hace (y lo sabe muy bien) ¿a qué devanarnos la cabeza con tanta disquisición, tanta filosofía y tanta discusión? Algunos hasta se creen que han descubierto algo. Todo está preordenado y, ante Dios, también consumado.

Si quieres puedes, dijo el leproso a Jesús. Si nosotros decimos lo mismo que este desgraciado, Jesús nos responde siempre: Quiero, sé limpio (Mateo 8:2). Ese querer de Cristo, y no el nuestro, es el salvador y consolador. El nuestro sólo es desgracia. ¡Tanta casuística, tanta teología, tanta necia complicación! El amor a sí mismo en esas condiciones, es falso amor. Hace al hombre creer en su excelencia.

Le parece que las cosas que a él le suceden, son absolutamente únicas y singulares porque sólo él las percibe. Eso cree. Y también cree que a nadie más se le pueden ocurrir ¿Quién puede ser como él? ¿Quién otro puede ser autor de tan altos pensamientos, de tan altas reflexiones y proyectos? Es sabio en su propia opinión (Proverbios 3:7). Pero la Biblia dice: Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas. (Proverbios 3:5).

Al arrogante y pagado de sí mismo, se le podrá ilustrar con algunos cortos ejemplos. Los esquimales cuando quieren zaherir al borracho o perezoso... le llaman hombre blanco. Para ellos el hombre blanco es lo más despreciable. Así que nuestra arrogancia con ellos no nos vale nada.

En La India, un individuo miserable que no lleva apenas vestido, y quizás con más de un día de ayuno forzado por su extrema pobreza, no consentiría acercarse a ti, ni siquiera que tu sombra le tocara, pues su dignidad se sentiría contaminada por ella. ¿Que es cuestión de «moral geográfica»? Para él, no. Es de la casta brahmán y es su moral. Tan buena como la de cualquiera, y llevada a cabo con más lealtad a su fe que la de los occidentales (si es que tienen alguna), arrogantes y fariseos con la suya. ¿Cuántas «morales», hay en el Occidente llamado «cristiano"?

Un indio apache de América del Norte, entabló amistad con un chico blanco, joven como él. Habiendo hostilidad entre indios y blancos, se prometieron mutuamente que su amistad sería guardada en estricto secreto. Pero al fin esto fue descubierto y, ante el recto argumento de la promesa de secreto pactada, el padre del chico indio dijo a éste delante de la asamblea: Un apache no debe hacer nada que no pueda saberse por todos. ¡Apliquémonoslo nosotros!

¿Dónde encontraremos, en estos degradados tiempos, una rectitud y fidelidad a las propias convicciones? Eso es moral ante cualquier situación. Un salvaje enseñando a todos, comportamiento y ética. ¿Qué arrogante conocemos, que pueda decir lo mismo que este indio salvaje? Solo escuchar a Jesús y creerle haciendo lo que Él nos dice es como garantizamos nuestra correcta andadura entre los hombres.



La voluntad de Dios, es su amor expresado en nosotros y a través de nosotros. El amor a Dios quita el amor propio, así como por el contrario el amor propio oscurece o anula el amor a Dios. (D. de Estella). La mayoría de la gente pretende andar por estos dos caminos, y por eso no alcanzan el fin de ninguno. Intentan avanzar con un pie en uno de ellos y otro pie en el contrario y, naturalmente, no pueden progresar por ninguno ¡y se sorprenden!

Merecen que se les diga como hacía el profeta a los que andan así: ¿Para qué discurres tanto cambiando tus caminos? (Jeremías 2:36). No más vacilación, no más titubeos. Es decir a Dios con decisión: Conozco, Señor, que el hombre no es el dueño de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos. (Jeremías 10:23).

Es, pues, Dios el diseñador y dueño de nuestras vidas, nuestros caminos y nuestras circunstancias. Podemos asumir y creer a la Escritura: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. (Isaías 30:15). Jesús enseñó para nuestra perfecta paz: Hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra. (Mateo 6:10).

Cuando oramos así, ¿qué estamos diciendo sino que no sólo en el cielo y en la tierra, sino en nosotros que vivimos tanto en una como en otra dimensión, también se cumpla su voluntad? Nuestro propio deseo lo contamina todo, y nos lleva a la desgracia y al dolor, y sólo negándonos conscientemente a ese nocivo querer es como vamos derechos por el camino de Dios (R. TAGORE).

¿O es que con nuestro poder podemos impedir que en la India, en África, o en parte alguna suceda lo que sucede o se haga algo distinto? Dijo Jesús: ¿Y quién de vosotros podrá por mucho que se afane aumentar su estatura un solo codo?  (Mateo 6:27). Los afanes y terquedades son causa de discordias y enemistades, porque si uno no quiere, dos no riñen, como dice la sabiduría popular. Pues si esto dice la experiencia falible del hombre, ¿no será mejor aún y además concordante con nuestro propio beneficio la enseñanza de Cristo? Él dice: No resistáis al malo. (Mateo 5:29)

La inmensa mayoría de males, provienen a causa de nimiedades sostenidas con terquedad. Si no resistimos no hay riña. El apóstol Pablo, recomienda vivamente a los suyos: No seáis sabios en vuestra propia opinión... Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Romanos 12:16, 18, 19, 21).

Con la mansedumbre ante Dios y el prójimo se abaten odios, se apagan rencillas, se suavizan las relaciones entre los hombres, y se da lugar al reino de la paz. En él todo trabajo sosegado fructifica con las bendiciones del Padre.

Cristo nos dio ejemplo con sus palabras y hechos. No fue hallada mentira en su boca. ¿No hemos de creerlo? ¿No tenemos sus discípulos que andar como él anduvo? (1ª Juan 1:6). Hay muchos que dicen constantemente: ¡Quiero, quiero! ¡Qué palabras más nocivas y qué mortal equivocación! ¡Tanto querer! Solo querer la gloria de Dios. Eso basta.

jueves, 26 de mayo de 2011

EL ESFUERZO PERSONAL SERENO Y SERIO



Aquel labrador rico y próspero a semejanza de Nabal era una perfecta desgracia (10 Samuel 25:25). Su carácter agrio, aumentado por su riqueza, le hacia aborrecible a todo el que tenia que tratar con él, y era una «peste» temida y burlada por donde quiera que iba. Nadie le estimaba, ni aun su propia familia. Era un refrán en el entorno donde se movía. Vivía en una casa miserable y continuamente era presa de iras que atropellaban a todos, y también de depresiones que sufría alternativamente.

Sólo tenía un empleado muy avispado que no le hostigaba y que, aparentemente, no le contradecía. Callaba y sonreía cada vez que le veía agitarse en una de sus muchas tormentas emocionales. Este empleado sólo alguna escasa vez, cuando hablaba con personas de su total confianza, decía con un guiño de indulgente y comprensiva socarronería: "Desgraciado mi jefe; cree que vive mejor que yo porque tiene más dinero. ¡Y qué razón tenía!

Este empleado vivía en casa modesta pero bien provista, comía y bebía placentera y pacíficamente sin disgustos ni quimeras. Disfrutaba de excelente ambiente familiar y dormía en paz. Sus hijos fueron esforzados, prósperos, y agradecidos. Los del rico, fueron una continua discordia dentro y fuera de su casa. Su esposa fue muy desgraciada.

Todos esperaban con impaciencia el día de la muerte de tal persona atrabiiaria y soberbia. Quiso imponerle a la vida su voluntad y poder, y la vida lo redujo a la miseria más real, aun en medio de sus grandes riquezas. Su vida no fue nunca como él quiso que fuese y, finalmente murió sin que nadie derramara una sola lágrima por él.

No conoció a Dios, atropelló al prójimo, tuvo complejos de todas clases y calibres, y sus ídolos fueron su orgullo y su riqueza, que perecieron con él. Nada se llevó sino su propio rencor.  El que amó la vida de esta manera, la perdió, como dijo Jesús (Lucas 9:24).

En cambio tú, si quitas de ti toda voluntad propia, y asumes enteramente la del Padre no tendrás motivo de sufrimiento. «Toda voluntad propia, todo juicio propio, deben desaparecer del cristiano». (Jean Daujat, 1954).

Tal como aquel pastor solo en el monte, joven, despierto y apuesto, contestaba con gran aplomo y sabiduría natural a las preguntas que le hacíamos un grupo de hombres de la ciudad. Sorprendidos por su aguda mente le preguntamos por fin: ¿Cómo es que vives en el monte, y no estudias y sacas más provecho pues vemos que eres muy inteligente?

El era parte de una numerosa familia campesina, y lo aceptaba con tranquilidad. En ningún momento dio muestras de congoja por su situación. Sólo contestó: ¡Qué se le va a hacer! Y el chico se quedó pacífico y contento.

Más adelante, supimos que alguien le proporcionó libros e instrucción y llegó a ser un buen poeta y ejemplo y admiración de todos los que le conocieron. Cuando no podía hacer nada vivía en paz; cuando llegó la ocasión y pudo hacerlo, se esforzó y demostró a todos que era capaz de encajar en cualquier situación. Aquel joven labriego nos enseñó, sin pretenderlo, que todo tiene su tiempo y su momento (Eclesiastés 3:1).