
El cristiano precisa de una gran capacidad de atención hacia las cosas espirituales. Esa atención al principio es difícil por causa de una vida anterior disipada y sin concentración alguna.
Pero el afán continuado de auto control y auto vigilancia se establece poco a poco (y a veces de forma rotunda) según la mayor o menos capacidad que el Espíritu proporciona, nuestra voluntad regida por el amor a Dios, y por la consideración del sacrificio del Cristo.
Consiste primordialmente en permanecer totalmente conscientes de nuestra propia vida interior. Ya tenemos poder para velar y vigilar (dominándolos) nuestros deseos y nuestros impulsos primarios propios de las personas perdidas que antes éramos.
Hay una transformación de esos instintos y perversos impulsos en deseos de agradar al Señor. Esto hace que sean algo consustancial con nuestra nueva persona, de modo que, abandonamos los anteriores desarreglos y costumbres anteriores. Entramos en otra esfera de conciencia, y nuestros pensamientos y discernimiento espiritual reinarán en toda su plenitud y actividad.
La inclinación hacia la virtud, la perfección y el diálogo espiritual, primarán sobre cualquier otro pensamiento (de forma real) y producirá una naturaleza transformada que está en condiciones de superar los obstáculos de la carne.
Es tarea difícil, aunque no imposible. A veces tediosa, y otras nos parece que el control de nuestras inclinaciones, es algo contra el devenir natural de las cosas. Desdichadamente la experiencia demuestra la gran verdad de Jesús sobre estas materias: El que hace pecado, esclavo es del pecado. (Juan 8:34)
¿Y que es peor que estar pendiente de las drogas, alcohol, sexo, y otros vicios no mejores, y no poderte liberar, porque al aceptar la vida de pecado, aceptaste ser esclavo de aquello a lo que te entregas?
Hemos visto demasiados alcohólicos, demasiados drogadictos, demasiados enfermos y adictos a pesar de que saben que su adicción los mata. Son paradojas del espíritu humano, porque conociendo quien le conduce a su perdición, se empeña en entregarse a la esclavitud por su propia voluntad, aunque ya en adelante quien manda totalmente es el vicio; en definitiva y sin rodeos, el pecado.
En ese sentido, solo la aportación del Espíritu Santo de Dios, en la fe en Jesucristo, harán prevalecer la nueva naturaleza. Toda duda queda despejada; toda vacilación, rebasada; toda dificultad, superada Y dice la Escritura : Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23)
Ser hallado irreprensibles es la aspiración del humano a pesar de sus tropiezos y dificultades. Nada se obtiene de nada. La fe junto con obras consecuentes nos da la seguridad. pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.