
Tú sí me entiendes, Rafael. No
se si habrá alguien más. Parece mentira, pero la gente no cambia nunca. Estoy
afirmando a las claras que el reino de Dios es ya realidad en mi humilde persona.
Eso es lo mismo que asegurar que Cristo obra en mi, que el
Señor, misericordiosísimamente, y al objeto de que se cumpla su Plan de
salvación, me
ha hecho semejante a su Hijo, me ha configurado con Él, me ha dado su amor, que
obra poderosamente en mi,
y nadie parece darse cuenta, nadie se lo cree, todos pasan olímpicamente de
ello, y es como si oyeran llover. Les da igual.
No se dan cuenta de que estamos ya en los últimos tiempos y
de que, tal como he dicho y sostenido tantas veces, Él me escogió para ser su Precursor, como Juan el Bautista, para
advertir a todos antes de que llegue el día grande y terrible de Yahvé, a fin
de que por medio de mi testimonio -para lo que me ha estado preparando a lo
largo de estos veinticinco últimos años- todos los llamados u ordenados a la vida eterna se
convirtieran de verdad al Señor
Como consecuencia de
ello, conviertan su corazón
tanto padres como hijos, maridos y mujeres..., con el fin de que todos seamos "una sola cosa" entre nosotros, al serlo con Nuestro
Señor, acabando para siempre con la confrontación y la división ancestral, por
la cual los seres humanos sufren tanto, enferman y mueren.
Pero nadie cree, porque se sigue teniendo la cerviz más dura que una piedra y no queremos dejar de ser quienes
somos ni de soltar la clase de vida a la que tan acostumbrados estamos, que es
la que nos lleva a la perdición si en ella no está Dios al nivel que debe de estar, que no lo
está, porque falta su
amor, y eso es algo tan evidente que no necesita demostración ninguna, y, por
lo tanto, es como un axioma.
Bien claro se lo dijo Cristo a los judíos de su época: "Os
conozco y sé que no tenéis en vosotros el amor de Dios". ¿Cómo no saber eso cuando sí se
tiene dentro dicho amor? Las obras, la forma en que se vive, nos delatan, tanto
cuando se tiene el amor de Dios como cuando no se tiene. Eso es algo que "canta".
Pero cuando el amor de Dios no está en nosotros, nadie es
capaz de ver que sí está en otros (y aunque se vea no se quiere ver), antes
bien, se ve raro el
comportamiento de ellos y se les persigue. O se les ignora.
Esa es la causa de que los que tienen el amor de Dios no sean
del mundo, mientras que sí lo son aquellos en los que es el amor del mundo el que está en sus corazones. Y con
ese amor del mundo creen que son buenos porque albergan buenos sentimientos por
los suyos.
Pero esos buenos sentimientos son susceptibles de variación
cuando las cosas no van tal como ellos creen que deben ir, cuando bien la
esposa, bien los hijos, bien los amigos, compañeros de trabajo, jefes.... no se portan con ellos como creían que
debían de portarse.
Entonces ese amor humano se convierte en otra cosa. Varía. Y puede convertirse
en todo lo contrario.
Eso nunca pasa con el amor de Dios por más cosas malas que nos puedan
hacer. Nunca se deja de amar a esas personas, y jamás se deja de pedir al Padre
por ellas para que se den cuenta de su mal proceder y puedan corregirse.
Los mensajes que ininterrumpidamente llevo poniendo aquí
tenían que haber traspasado
los límites de mis amigos y
haber pasado de ellos a otros amigos, y así sucesivamente, sin dejar de ir de
unos a otros, e incluso haber llegado al extranjero. Y sin embargo no han llegado ni siquiera
a la mayoría de mis amigos.
Han "muerto" en ellos. No han servido de nada, al menos hasta ahora.
Veremos qué es lo que pasa cuando Dios empiece a manifestarse de forma clara y contundente.
Confío en que entonces las cosas variarán, pues no creo que
nadie que quiera ser de Dios se exponga a no entrar en el reino de los cielos.
Por mi parte se que estoy haciendo lo que debo de hacer y que es Dios mismo el que me lo manda. Estoy tranquilo, por tanto.
La sangre de los que se condenen no caerá sobre mí y, por
tanto, no se me pedirá cuentas de ello. Como el inútil siervo que soy del Señor me estoy limitando a
hacer lo que me manda. El que lo quiera entender, que lo entienda.
Bartolomé Lopez Lara