
Recordado amigo: Reconozco
que la dominación de las personas justifica una especie de revolución social, para que los roles de cada uno no impidan la necesaria similitud en los
derechos (que no igualdad) entre los hombres. También reconozco que ante las
espantosas desigualdades que existen entre las personas, algo hay que hacer.
Ese algo, no lo puede concertar una izquierda que ante su triunfo mantiene a
todos bajo estrecha esclavitud, o una derecha cicatera que solo quiere sus
beneficios.
Todos luchan por imponer sus
tesis, que no son mejores unas que otras, salvo que en el liberalismo,
(capitalismo) las gentes, aun en las tremendas desigualdades puede vivir en
libertad, y en los más pobres una relativa esperanza de que las cosas pueden
cambiar para sus hijos. Ellos mismos disfrutan de unas ayudas sociales que los
mandamases tratan de minimizar, pero que son reales.
De nada sirve que un
trabajador tenga un trabajo miserable, y que su vida sea una eterna esclavitud
ante los poderosos, si no tiene aspiraciones metafísicas y ontológicas que le
den por lo menos una esperanza de que en el devenir de la vida alguna vez pueda
cambiar su situación o condición social. Es el clásico reparto de oportunidades
que naturalmente los más listos, audaces, o afortunados puede esperar en un
régimen liberal.
El socialismo, que pretende
imponerse a pesar de la oposición del que trata de redimir, mantiene a la gente
presa de su orden, y ya sabemos las hecatombes que ha producido y produce. No nada más que recordar a Pol-Pot, Stalin, Lenin, Fidel, Che Guevara y tantos más El
nacionalismo retro, también tiene a sus espaldas, como todo lo que se quiere
imponer contra la naturaleza humana, una dominación que no puede ser
justificada por el valor de la separación o el predominio sobre otros. Hay muchos ejemplos que aportar y en España ahora tenemos casi como en los tiempos del "Viva Cartagena"
Jesucristo dejó en medio de la
esclavitud y el horror de aquellos soberanos autocráticos, una solución que no se
basa tampoco en la naturaleza corrompida del hombre, sino que se funda en una
Esperanza de vida eterna que los materialistas no entienden, aunque existe dentro de cada hombre medianamente
inteligente. ¿Quién soy? ¿Qué soy? De donde vengo? ¿A dónde voy? ¿Termina todo
con la muerte? Y eso está tan implantado en su naturaleza de tal modo, que
nunca se conforma a considerarse un animal irracional.
Este vive del instinto y solo
se preocupa de su alimento, su defensa, y su reproducción. El ser humano es
instintivo, aunque también inteligente y tiene conciencia más o menos
desarrollada. De manera que todos más “evolucionados” o más “salvajes” tienden
a construirse una serie de normas morales, para uso de su tribu, su nación, o
en forma general, aplicable a todas las gentes. Es la moral que cada país o
comunidad respeta y conserva. Y ella pone orden y leyes que la sostengan. Todos
sabrán en esa comunidad lo que se puede o no se puede hacer. Lo que está bien o
lo que se considera mal.
La moral de Jesús de
Nazaret, es invariablemente respetuosa con la naturaleza humana que a pesar de
su caída, aun mantiene rasgos de bondad, de misericordia, y de solidaridad. La
propiedad equilibrada, la compasión, el respeto a los derechos de cada uno, y
hasta normas alimenticias. Estas aun pareciendo algo antiguo y superado, va
siendo reivindicado por la ciencia moderna, dotada de instrumentos y capacidad
para corroborar tales “ordenanzas”, en donde había un Dios y una Revelación.
AMDG