
Estimado
Señor: Como es natural, y como es común a todos los humanos… o a casi todos, en mi vida hay episodios de lo que no estoy orgulloso.
No soy, sino un hombre que se dio cuenta hace ya años de que esto no funciona
bien. Los hombres nos hemos dado unas reglas o criterios, que en rigor tienen
más de fariseos que de verdadera justicia.
Pero Dios
nos dio inteligencia para poder discernir lo bueno de lo malo. No todo es “del color del cristal con que se mira”, sino es
bueno o es malo. El que sea malo para uno, lo que es bueno para otro es una
falacia. Lo malo es tan malo para el que perpetra una
maldad, como que para el que la sufre. En estos casos como dice un
proverbio árabe “el bien de uno es el mal de otros”.
Pero solo para los bienes bien adquiridos.
Y así
dice la Escritura :
Bien te ha sido declarado lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Dios de ti, sino sólo practicar
la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Nada más y nada menos. La política no puede acercarse, ni siquiera un
poquito, a la sublime
declaración de la Escritura
sobre toda materia que se
quiera discernir.
Sé, y mi edad me lo permite, que en este mundo
tan complejo y siniestro nadie está seguro de
nada. Hay demasiadas figuras y monstruos
pululando a nuestro alrededor. En cualquier momento, nuestra vida y nuestros
sueños se pueden ver truncados por un golpe fortuito. He visto demasiados
mendigos, que antes eran gente de posibles. Así pues, insisto en que no hay
nada de seguridad en esta vida.
Yo sí la tengo. Creer
en un viejo libro y seguir las pautas de conducta que él marca, aparece para
muchos algo así como locura. Pero bendita locura, que me hace esperar mi final, con la paz y la
tranquilidad con que vivo. Hago lo que creo que
debo, y dejo a Dios Creador que haga su obra
tal como Él ha dispuesto. Faltaría más, que un mosquito dijera a un doctor como
se cura una enfermedad.
Termino con un pasaje de la Escritura Santa :
Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a
Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura
de la predicación. (1ª Corintios 1:21). Y eso hago.
AMDG