
¡Gracias Señor! Con gracia y con ternura.
A todos nos cobijas con tu manto
A todos nos enjugas, tierno, el llanto
Por toda prueba que al doliente apura.
Dichosos somos todos los que pura
Y mansamente alzamos nuestro canto
Del mundo desprendidos, falso encanto,
Que solo ofrece pútrida basura.
De tí solo me espero la ventura;
Por ti, tan solo encuéntrome seguro
En esta vida sórdida y oscura.
Mi negro ser tornaste tú en albura,
Y resigno en tus manos mi futuro
Por mano tuya izado hasta tu altura.
¡Oh grandiosa hermosura!
De un corazón que amando tiernamente
A sus hijos envuelve en su dulzura.