
Es un gran dolor
que todos los grupos, iglesias, sectas estén enemistados entre sí teniendo
todos el mismo Señor. Está bien ser fiel a los propios pensamientos y
conciencias, pero eso no capacita para criticar otras
formas de adoración, más o menos rústica, pero
sinceras y sentidas. Creo que lo que hacen los lefebvrianos es pasarse en los
calificativos y en el desprecio y hasta odio hacia la obra de Asís. Son cismáticos,
y es un misterio hasta donde llegarán.
Hay quien se
ríe de las figuras, estatuas de santos o crucifijos. Hay quien es capaz de
matar por que estos sean el objeto de adoración, y todos creen que matar en el
nombre de Dios es lo que Dios quiere. Curiosa manera de adoración y reconocimiento de la inmensa sabiduría y justicia de
Dios. Tenemos al Cristo que nos ha revelado su
voluntad ¿Qué más necesitamos para
hacerla?
El cristiano
sabe que su vida es un pasar, y se apresura a hacer todo lo posible para ser
coadjutor de la obra de Dios. San Pablo habla de esto, y es firme en su
enseñanza a todas las iglesias primitivas por las que pasaba o establecía y
escribía: la obra de cada uno se hará
manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la
obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.-1ª Corintios 3:13.-
Debemos dejar
que Dios se ocupe de las vicisitudes de los demás y tratar por todos los medios
lícitos, de ayudar y comprender el punto de vista de los demás. Donde estén dos o más reunidos
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Tratar a otros de forma despectiva porque no profesan la propia
fe, o los métodos de uno, es imitar a muchos que, no solo desprecian, sino que
perjudican gravemente a los demás que no acepten sus premisas sobre la vida y
la muerte, la adoración y hasta la oración. Y lo hacen en el Nombre de Dios.
El cristiano
en su convicción de que le espera una vida infinitamente mejor no cae en
vanidades que solo llevan a la perdición. No ha de ser chismoso, comprender los
puntos de vista de los demás, aunque sostenga brava y
pacíficamente la Verdad. Estimular cualquier capacidad que promueva la paz entre los
hombres, y no tratar de imponer la verdad relativa propia.
Asís y el respeto
mutuo, son un claro ejemplo de lo que a mí me
encantaría que sucediese en todo el mundo. Somos como hormiguitas en un inmenso
Universo y cada cual se atribuye a sí mismo un papel que no le corresponde.
Dejemos a Dios que haga su obra, y no tratemos de
interferir en ella. Es una inmensa estupidez y
hacer la obra de Dios por nuestras manos como si fuéramos
alguien.
Todo está
previsto, sobradamente conocido, y decidido desde lo que llamamos eternidad.
Hagamos nosotros la proclamación de nuestra fe en las condiciones apropiadas, y
dejemos que el Señor haga su obra a su propio aire, porque muchas veces hemos querido hacerla nosotros, con los
resultados que conocemos por la historia y la actualidad.
A Dios no se le
puede negar, lo llamemos como queramos.
Él está ahí y nada de lo que hagamos unos seres creados, en un mundo minúsculo
entre trillones de galaxias, podrá torcer lo que Él tiene previsto y conocido.
Hagamos profesión de nuestra fe sin
alharacas ni jactancia, y lo demás dejemos que lo
aclare, el que juzga con perfecta justicia y misericordia. A Él sea el imperio por los
siglos y al Cordero. Amén.