
Te admiro Dios porque escondiste
Tus cosas a los sabios y letrados,
Las diste a conocer a tus amados
Y en boca de tu hijo las pusiste.
Revelas tus misterios y grandeza,
Al manso que de ti acude a beber,
El néctar de la fuente del saber
Y fía humildemente en tu promesa.
Porque si hay sujeción y acatamiento,
Allí también habrá sabiduría,
Y aquel que entregado en ti confía
Hallará de tu paz contentamiento.
El que en ciencia mundanal loco porfía,
Es ciego en las pericias del amor,
Espíritu rebelde y detractor
De orgullo, necedad y apostasía.
Alójate en mi casa como dueño
Que yo te cederé la buena estancia,
Y aun pobre, estimaré como ganancia,
Que quieras amparar mi paz y sueño.
Alegre beba el agua de tu fuente,
Que sé que si me abajo ante tu gloria,
Pondrás siempre a Jesús en mi memoria
Y habitarás en mí perpetuamente.
amdg.