
No te amo bien, mi Jesús, pues no sé valorar
Tu persona divina, tu gran humillación,
Tu real misericordia que nos da salvación,
A los que por fe sufrimos desprecio y el odiar.
No quiero en ningún modo la fe devaluar,
Por complacer a un mundo sin fe y sin compasión,
Que del valor eterno dice ser ilusión,
Para al creyente tibio, así desalentar.
Es lacra degradante, hacerse criticar
Por una doble vida de vicio y castidad,
De dudas y temores, de gran debilidad.
Porque el cristiano es fuerte, si contigo engendrar
Sabe, una fe que arribe de tu gran santidad,
Y hacer acción de gracias, ante la adversidad.