
Apuré del infierno los placeres,
Engañado, y sabiéndolo de sobra,
Pero el mísero orgullo que en mí obra
Me impidió arrepentirme y me absolvieres.
Ahora derrotado y en congoja,
Vuelvo al hombre que sin apelaciones,
Enfrentando la muerte y los sayones
Me dio vida con rara paradoja.
Entregó su naturaleza humana
En prueba de su amor recio y divino
Por mi vida ruin y anticristiana.
¿Que hacer, para pagar su augusta entrega
A Dios que se desprende de su altura,
Por mí se apoca, y con la muerte juega?
Su grandeza despliega,
Al bajar de su trono y su grandeza,
Compartiendo nuestra naturaleza.