jueves, 28 de julio de 2011

LAS CUENTAS DE DIOS




Cuando Dios creó el Universo, se propuso hacer a la criatura de su creación participante de su sublimidad y autoridad, para que ésta se regocijara en una obediencia absoluta, mediante la cual, Dios manifestara su sabiduría y gloria, transmitida a esa criatura de su amor.


No le es lícito a la criatura, apartarse de aquella posición de confianza y sometimiento a La Palabra recibida de Dios. No es independiente, pues Dios nunca abdicó de su autoridad y control. En el corazón del hombre, Dios fue sustituido por la autoridad de la serpiente, que intenta tomar el lugar de Dios, y la mentira del diablo recibió y recibe aun más crédito que la verdad del Creador.
Las criaturas se separaron de Dios y, por tanto, se hicieron esclavos del diablo. Y llenos de vergüenza, remordimiento y miedo, trataron de vestirse y esconderse


De ahí el interés del ser humano por hacer obras, que por si solas le lleven a la reconciliación con el Creador. Siguieron creyendo la mentira de la serpiente, en lugar de esperar confiando en la bondad y el perdón de Dios. El hombre se escondió y Dios, fiel y bondadoso, lo buscó, preguntando: ¿Dónde estás tú? (Génesis 3:9).


Los hijos de Zebedeo pidieron a Jesús sentarse a su derecha e izquierda en su Reino. A lo que Jesús respondió que aquello se encontraba "fuera de su jurisdicción". 


El no era un "Mesías" que se había hecho a sí mismo, sino que obraba en nombre del Padre: por tanto, no cayó en la maliciosa soberbia de establecer previsiones ni promesas fuera de la autoridad de Dios, de la que por amor disponía... y de la que, por amor Y respeto, renunciaba. (Mateo 20:20).


Su Padre celestial concedería los honores según su soberano propósito, y con su inmensa justicia y sabiduría.  Jesús no entra ni sale en éste asunto, obrando con perfecta humildad y sujeción al Padre.

Dios es quien sostiene todas las cosas con la potencia de su Palabra, y por quien todas las cosas subsisten. Es Dios, por consiguiente, quien dispone de todas las atribuciones y derechos, en tanto que todo proviene de su voluntad y poder, a los cuales tienen que estar sujetos criaturas y creación.


Si Cristo se sujetó al Padre, ¿qué no habrá de hacer la criatura, sino lo mismo? ¿Cómo puede el soberbio concebir otra actitud diferente a la del Hijo, y asumir atribuciones a las que el mismo Hijo renunciaba? ¿Existe o puede existir pecado más horrendo, contrasentido más insensato? Este es el pecado que cometió Satanás: Su soberbia.


El principio de todo pecado es la soberbia, del mismo modo que la raíz de toda virtud es la humildad. Es la soberbia la raíz y el sustento de todos los pecados, al igual que la humildad sustenta todas las virtudes

La virtud, sin humildad, es pecado de soberbia: Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y estaré limpio de gran rebelión. (Salmos 19:13).

Aunque a muchos les parezca que seguir las pisadas del maestro es sometimiento inútil y denigrante, no hay mejor teología para estar en comunión con Cristo y el Padre sino seguir sus pasos y decirse a cada encrucijada de nuestro camino. ¿Qué haría Jesús en este caso? Y haciéndolo será acertar en la diana. Seguro que agrada a Dios.

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