viernes, 16 de septiembre de 2011

DE LA MALTRATADA TEMPERANCIA.


           La gente, con mucho alarde de filosofía, propone que la libido y la concupiscencia es libertad y que se debe satisfacer, pues según ellos, resulta la única vida agradable que podemos alcanzar; lo que el Evangelio propone es algo lejano y, en definitiva, nebuloso y sin comprobación alguna. Se ha de aceptar por fe, y por tanto la fe puede fallar, y que a fin de cuentas solo se trata de una esperanza.

Llamar al Evangelio mito o instrumento del poder, es ir mucho más lejos de lo que la filosofía enseña. La satisfacción de lo deseable, opila inexorablemente. No se trata de “atracarse”. Tanto el rey como el obrero, comen y beben aproximadamente igual. Igual alguien pobre desea caviar, cuando un rico desea tal vez una pobre y nociva morcilla.

En una sociedad tan permisiva como la que estamos, hay decenas, si no centenares de dietas, que todo lo que hacen es cortar nuestras apetencias en materia de alimentación, y nos prohíben comer muchos alimentos que nos gustan mucho, y a comer nutrimentos que en un estado de salud apropiado no tocaríamos siquiera. Y las buscan, y siguen muchos.

San Pablo, dice en palabras muy agudas: Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13). Pienso que eso es la verdadera libertad.

Muchos libertinos, ya enfermos, han sido transplantados de hígado, de corazón, de riñón, etc. o han muerto jóvenes, cuando de haber sido más templados en embuchar y otros excesos, ahora podrían comer y beber moderadamente lo que antes engulleron sin consideración a sus propios cuerpos.

En definitiva “quemaron la vela” de su vida por los dos extremos, y sufrieron vómitos, indigestiones, borracheras, etc., cuando comiendo moderadamente se puede disfrutar mucho tiempo de todo manjar sin necesidad de dejarse la vida, y mejorando siempre la salud.

Por la brevedad del espacio le hablaré brevemente de la concupiscencia carnal: Es cierto que hay mucha atracción, sobre todo en la juventud, por causa de las hormonas, y la pésima educación que se imparte desde los dos extremos de la enseñanza. O negación del placer, o la explosión desquiciada de este.

Dicen que en el término medio está la verdad, lo cual es incierto; no se pude hacer que los demás quieran lo que no quieren, por lo que civilizadamente hay que dejar a los demás con sus propios designios. Los placeres atraen a todos, y solo los valientes que saben dominarlos, triunfan y tienen éxito en la carrera de lo que llamamos “búsqueda de la felicidad”. Se trata de ser amo de las inclinaciones; no esclavo.

Las enfermedades sexuales, hacen desdichados a muchos que se manejan por el mundo, queriendo abarcar todo lo que en su deficientísima educación les han contado que es el placer; de sus consecuencias no se les habla y se le proporciona información estúpida y perversa.

El sol sale sin que nosotros intervengamos, y un tsunami ocurre cuando a la naturaleza se le antoja, pero lo que podemos dominar y regular, sí que es de nuestra responsabilidad.

Si queremos una vida feliz, solo hay que seguir el Evangelio que es lo más hermoso que se ha dado a los hombres, para que su vida y la de los demás transcurra en paz y en armonía. Lo que se sale del uso natural de las apetencias, se llama vicio. Y es un amo muy duro.

Jesús dice con razón: porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:30) Creámosle, y vivamos su vida, que es garantía en todo evo que se evoque.

AMDG.  







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