miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soli Deo Gloria Font


Estimado comentarista: Quiero aclararle mi posición tal como usted me pide. Me sirve para todos, y con gusto le respondo. Ante todo hay que aclarar con un versículo muy útil: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, (1ª Timoteo 2:5). Partiendo de esta base ya podemos progresar.

Si las personas andan con dudas y haciendo preguntas saduceas, es porque se trata de “divertimentos” que un cristiano no tiene la obligación de secundar. Si hay buena intención y deseo de saber, estoy a su disposición hasta donde llegan mis débiles fuerzas, para aclararle cualquier cuestión que yo pueda discernir.

Platón, Aristóteles… etc. y San Pablo, ya han dirimido la cuestión de la responsabilidad. Hay unas películas de anticipación, en las que las personas ya no tienen responsabilidad, porque todo se supedita a la sociedad. Esta estima, que el que no sigue sus consignas, es un enfermo o loco al que hay que tratar de forma suave, y considerando que si ha delinquido de alguna manera es a causa de su desfase social.

San Pablo dice claramente: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago... Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos 7:15 al 19). Es obvio que en la naturaleza humana existe una dicotomía de tal manera sabemos que es lo bueno, pero en determinadas ocasiones tendemos a hacer lo malo. Y a veces podemos sentir cierta fruición al hacerlas.

Sabemos que comer chocolate, helado, dulces en gran cantidad, es pernicioso para nuestro organismo, pero aun así vemos que uno de los principales problemas en la moderna sociedad es la obesidad. Y cuando vulneramos las limitaciones sentimos algo de regodeo al hacerlo.

Las tentaciones no son otra cosa que atracciones más o menos dominables, que nos llevan a hacer el mal de cualquier manera. En los filósofos paganos, estas tendencias son tratadas desde la afirmación de que el individuo discierne el mal del bien, pero encuentra apetecible hacer el mal, aunque conoce que debiera hacer el bien.

No se trata solamente de ira o concupiscencia, sino de que la tendencia es al mal en muchas ocasiones, y muchos creen cuando están metidos en el mal, que es el bien lo que están haciendo. Hay como digo cierta fruición, en personas al rechazar a Dios y a su Cristo. En sus burlas saben que hacen el mal, pero ellos quieren creer que es el bien; ellos determinan tanto el bien como el mal.

En el cristiano, esto último está solucionado, porque Jesucristo no solo da la pauta a seguir, sino que también nos da el Espíritu para que podamos vencer al “hombre viejo”: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (Efesios 4:22)

Este refuerzo divino es algo que solo percibe el convertido a Dios y que disfruta de las caricias y también los admoniciones de Dios, seguidos del correspondiente consuelo. Dios nos conoce bien, y por eso usa de misericordia en el trato con nosotros, que coceamos contra su palabra y su protección. Tal como hacía Saulo de Tarso.

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Romanos 8:26).

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