miércoles, 23 de noviembre de 2011

¡AY DEL SOLO!


¡Naturalmente, amigo mío!, que Jesús el Cristo era hombre. Pues no faltaba más. ¡Y que clase de hombre! Usted reconoce que Él sí, era verídico, y que los demás de la religión, “tirios y troyanos”, no han sabido ser dignos de su legado. Bueno en eso puedo estar más o menos de acuerdo con usted. Somos seres humanos falibles, y por eso tenemos esas fluctuaciones que tanto lamentamos, pero que comprendemos en los demás y en nosotros mismos, a causa de esa reconocida flaqueza.

Verá; si los humanos fuéramos puros y perfectos, Jesús no habría hecho falta y nos la hubiésemos arreglado solos. El mundo sería un paraíso, y “ataríamos a los perros con longaniza” como se dice en lenguaje vulgar.  Pero amigo mío, la humanidad es corrompida desde su nacimiento, No es solo que está corrompida; es que es corrupta. Es incapaz, a pesar de las posibilidades que tiene, de organizarse en orden y en armonía de razas y de pensamiento  en paz, para el bien de todos.

Jesús no habría tenido que ser crucificado, pero tampoco resucitado, y garante de nuestra salvación de la justa ira de Dios sobre nuestra rebeldía, y el desprecio de sus ordenanzas para dirigirnos en medio de nuestro egoísmo y maldición. Si Jesús tuvo que ir a la cruz, y como hombre íntegro gimió y pidió al Padre Eterno que le librara de su sacrificio, es porque Dios sabía que sin su sangre no habría salvación.

Dios nos amó primero, y en su amor no quiso que nos perdiéramos y cayésemos en una muerte eterna, que significa estar separados de Dios y de la gloria y grandeza de su poder. (2 Tes. 1:8,9). No habrá cosa peor, que la condición de los que estarán lejos de la ventura de Dios y de la compañía de los que amaron al Señor, y son llevados, en medio de la Gloria eterna, a la victoria del Cristo y de su Padre eterno.

Allí conoceremos a tantos que también le siguieron, algunos hasta la muerte. A los que amamos tanto y a los que se volvieron de su mala vida al regalo de Cristo. Estaremos en una dicha eterna, y no habrá preocupaciones, porque el manto del Señor nos cubrirá con todo su esplendor.

Y no habrá quien nos espante, (Ezeq. 39:26) ni con amenazas, ni con tentaciones, porque estaremos en la visión y estado beatífico que es como dice el apóstol Pablo. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. (1 Corintios 2:9) ¡Ya es decir!

Conoceremos una victoria sin paliativos, sin bajas ni pérdidas: Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apoc.21:4,5) Es algo tan incalculablemente maravilloso que no cabe en mente humana.
Todo ello gratis, y sin precio de compromiso. El que quiera… (Apc. 22:17)
Un toquecillo bíblico
Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
    Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Apoc. 21:6,7,8.

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