sábado, 4 de febrero de 2012

HABLANDO CLARO DE LA PREDESTINACIÓN (2)



En el día de ayer envié a todos (no sé si llegó), un trabajo sobre la predestinación en el que reconozco paladinamente que es cierto, y hasta parece que le hago una apología. Yo ya he escrito sobre esto varias veces, pero siempre he tratado de extraer las naturales consecuencias sobre esta materia, y aplicarlas tal como los contextos bíblicos me sugieren, como diré ahora. 

No me quiero erigir en teólogo porque hay quien lo hace cien veces mejor que yo, pero debo aclarar a los que me escriben. ¿De qué se trata este asunto? Es el largo pleito entre arminianos (o pelagianos), y calvinistas; todos con evidente inclinación incondicional a sus respectivas tesis.

Está claro que un chico, verdaderamente enamorado, está deseando estar con la chica a quien ama, y su mejor momento es el que está con ella. ¿Qué diría ella, si su pretendiente o novio no fuera a verla, y como coartada dijera que se había entretenido con los amigotes, y que por eso ya no podía estar con ella. ¿Avalaríamos un amor así?

Es cierto que somos elegidos, llamados, y ungidos para el servicio de Dios, pero eso no quiere decir que la Gracia derramada sobre nosotros, se desperdicie viviendo como paganos mientras nos llenamos la boca de decir que somos cristianos, amamos a Cristo, y acudimos a cultos, misas, reuniones, o pertenecemos a tal o cual observancia.

No estoy de acuerdo con que la elección de Dios para los salvos sea ultrajada pensando o diciendo que la Gracia nos libra de todo pecado, y que podemos hacer las cosas conforme a la voluntad del mundo y no a la de Dios. ¿O creemos que tenemos el agrado de Dios comportándonos como lo hacemos a veces y esto delante de paganos funcionales exactamente igual o peor a veces que ellos.

La ética cristiana consiste como dice la Escritura Santa: porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,  (2 Corintios 10: 4 y 5)

La ética nuestra, no es una ética basada en la adorada razón, que está siempre manipulada por nuestros deseos engañosos, y nuestra continua  tendencia al mal, arrastrados por las trampas del diablo. Ni es un intento de mejorar o redimir por nuestros proyectos a una humanidad perdida. Eso ya lo hizo Cristo.

A nosotros solo se nos pide una sola cosa: ¿amamos a Dios? Seamos consecuentes con ese amor. Se nos ha perdonado mucho, y por tanto, mucho debemos amar. Quien ama quiere siempre el bien del amado. Amamos a Dios por que él nos amó primero (1ª Juan 4:19) ¿Cómo podemos corresponderle, dentro de nuestra extrema flaqueza? Obedeciendo sus mandamientos de amor, y siendo felices de verdad. Por que eso es lo que Él quiere para nosotros.

Seguirá D.M.

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