miércoles, 1 de febrero de 2012

NO CONOCEMOS BIEN A DIOS


Siempre he oído la frase muy cierta de que “Dios es bueno…pero es justo” y me ha parecido que chirriaba a mis oídos. La idea que yo tengo de Dios aparte de la que me ofrece la Biblia y los Padres de la Iglesia con San Agustín (Agustín de Hipona para otros) sobre todo; es bastante parecida pero me gusta acariciarla, cuando contemplo intensamente la inmensidad de Dios y la pequeñez de mi persona.

Se trata de: “Dios es justo… pero es bueno”. Sé que estoy diciendo lo mismo, aunque esta última frase me parece más ajustada a la persona de mi Padre celestial, y autor de toda vida y de todo lo Creado. Me gusta pensar en un Señor misericordioso que hace llover sobre buenos y malos (Mateo 5:45) y que hace misericordia a raudales incontables.

El concepto de Dios como alguien malhumorado, y severo inquisidor, la verdad es que no me gusta nada, nada. Me gusta más la idea de una inteligencia buena, maravillosa, que de vez en cuando nos da la lata para que aprendamos a contener nuestras tendencias desviadas de su dirección y de su amor. Si Él nos ama tanto ¿porqué nosotros no le amamos a Él.

No concibo a Dios, Padre  de todos, Creador de todos, que descarte a unos pocos (o muchos) porque sus hormonas, o su carácter, (tal vez formado por incidencias de la vida nada favorables), haciendo pagar caro, lo que la incapacidad natural les hace fallar a sus criaturas. Para eso es el Juicio.

¿Estoy dejando de lado el infierno? De ninguna manera. La libertad dada por Dios al hombre hace este elegir su inclinación, y a pesar de que Adán tuvo esa libertad en medio del mayor bien imaginable por los humanos, falló. Hizo mal uso de su libertad y la obediencia no prevaleció.

No creo decir ninguna tontería, si expongo claramente que todos los humanos estamos contaminados de esa libertad, y de esas inclinaciones heredadas; tal como se hereda un ADN, un marquesado o un defecto físico o psíquico. La situación del mundo desde que funciona la historia, es testigo vociferante del estado de pecado y corrupción del humano.

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