martes, 20 de noviembre de 2012

CIENCIA Y AMBICIÓN (2ª Parte)




La Ciencia, amigo mío, ha hecho prodigios, y solo en mi vida, he visto los progresos más profundos de la técnica, pero la ciencia así concebida no ha progresado nada. Y aun la técnica no sabe o no quiere hacer que el Co2 se recoja y no contamine, por que ella misma está contaminada. De otras muchas cosas ni se las menciono, porque ya sé que las conoce tal vez mejor que yo.

La ciencia ha conseguido hacer la bomba nuclear, y otras armas cada vez más sofisticadas para matar mucho y mejor; No es necesario que le haga un siniestro catálogo. Es palmaria la prepotencia del que más poder tiene, como sería la del que no tiene tanto poder, y codicia tenerlo para lo mismo.

No hay inocentes, amigo mío; no somos inocentes. Mire usted su vida por dentro (como yo la mía), y su misma conciencia le dirá tantas cosas como hizo mal, y cuantas otras más podría haber hecho mejor. Necesitamos un redentor y ya está provisto por el Creador de sus criaturas.

¿Ignorancia propia de la juventud? ¿Miedo de la vejez? ¿Ambiciones disparadas en los maduros? Todo eso, es el gusano que roe los cimientos de la sociedad, y solo el seguimiento de las normas para vida que Dios nos entregó, es la forma de mejorar esta confusión en donde estamos sumergidos. Pero ¿donde está ese valiente?

Corrupción, injusticia, venalidad, ignorancia culpable, egoísmo, desprecio por lo que no es ventajoso para uno mismo, etc. son los puntales donde se asienta esta sociedad, como muy bien expresaba el magnífico Fernández Flores en su libro “Las siete columnas”, que no es ni más ni menos que el espejo de una sociedad que basa su prosperidad en los siete pecados capitales. Soberbia, avaricia, etc.

Quite usted estos pecados de esta sociedad, y el desplome es seguro; porque está basada en la marca de Caín, en el fruto de su propia independencia de Dios. O llegar a una sociedad genuinamente cristiana que, guardando el amor como premisa fundamental, haga de este «embrollo», (como nudo gordiano), una sociedad más tolerable y más cercana a Dios como supremo regidor.

Hay sitio para todos, decía Gandhi, y es cierto. La ambición es la que pone las barreras, las alambradas, las fronteras, etc. y como dice el poeta con mucho acierto según mi criterio.

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,
De ingénita malicia y natural astucia,
Formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aún la verdad proclama!
¡Supremo ardid de guerra!.  

A.     Machado

               Un toque bíblico: 

¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario