sábado, 18 de febrero de 2012

COMUNISTAS, NAZIS, FASCISTAS, TODOS SOCIALISTAS


Cada día que pasa me sorprendo más de la  característica de las masas. Y pienso que es a causa de su ignorancia, pero a veces compruebo que personas con culturita y buenas maneras también desbarran. Posiblemente haya gente que crea que el que desbarra soy yo. Goebel el Nazi decía algo como: la estupidez de las masas es proporcional a su mala memoria.

Y es que, cuando hay mejores condiciones de vida parece que se excitan las exigencias, mientras que cuando pintan mal las cosas y no son excesivamente onerosas, la gente baja la cabeza y se mantiene más humilde. Es cierto un dicho popular en mi tierra: lo poco espanta, lo mucho amansa.

Rememoro las masas enfervorizadas cuando Mussolini proclamaba la guerra, y estas masas en vez de ver en él a un hombre fuera de control, pero que lo ejercía con saña sobre los demás y los llevaba a la perdición, lo que realmente creían ver, era a un triunfador que podía hacer la guerra, lejos de sus intereses y sus hogares. Y clamaban repetidamente, al grito de ¡guerra, guerra! interrumpiendo la soflama del llamado Duce.

Ellos no recordaban las matanzas del río Isonzo, las colinas de Santa Elia, en la hecatombe de Caporetto, donde morían hombres y más hombres en una inútil batalla; para después en la derrota, acusar a los que antes casi adoraban, y ensañándose en ellos como culpables. Volvieron a creer que podrían salir victoriosos.

Ninguno de aquellos mandatarios hubiera podido hacer semejantes burradas, si unas masas no los hubiesen sostenido a toda costa, para satisfacer sus locuras personales, que en masa era locura colectiva. Y es que todas las ideas se contagian cuando un colectivo se recrea con ellas. Y lo malo de mas utopías no es tenerlas sino querer ponerlas en práctica.

Los cristianos, hemos de entender que podemos ver las mismas cosas y entenderlas de distintas maneras, pero no cabe en ello ni el rencor ni el odio. Tratemos de ver el punto de vista del prójimo y darnos cuenta de sus orígenes, su educación y sus circunstancias, para poder conocerle mejor. Después, veremos que en el fondo no somos tan distintos. Todos, más o menos, tenemos las mismas apetencias.

Y como dice la Biblia claramente, para nuestra edificación:     El que quiere amar la vida Y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala.

Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?

 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros… (1 Pedro 3:10 y ss.) Sepamos a quien seguimos y quien no lo sigue. Y obremos en consecuencia.

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